Brasil es un continente. Ofrece tal variedad de paisajes y de culturas, que las experiencias se multiplican. Por eso es tan atractivo para gente de gustos tan diversos. Aquí, un repaso a aquellas que harán de cualquier visita un momento irrepetible.
1. Ver un partido de fútbol en el Maracaná.
Y mejor si es con la hinchada del Flamengo, en el estadio mais grande do mundo, alentando con la torcida mais grande do mundo. ¿Qué más se puede pedir? ¿Mujeres bonitas? Más de alguna habrá bailando samba desenfrenadamente entre las 100 mil personas del público. Son 90 minutos de delirio en el corazón de Río de Janeiro.
2. Snorkeling en Bonito
Metes la cabeza bajo las transparentes aguas y un cardumen de pacús, unos peces grandes y azules, pasa a centímetros de tu mano. Y te ríes, porque es tan fácil dejarse llevar por la suave corriente mirando la flora y fauna del río da Prata durante dos km... Por algo este lugar es constantemente elegido como el mejor destino de ecoturismo en Brasil por varias revistas de viaje, entre ellas la prestigiosa guía Quatro Rodas.
3. Caipiriña en Avenida Atlántica, Copacabana.
Cae el sol en Río de Janeiro. La temperatura desciende algunos grados, lo justo para no sentir que te derrites en el asfalto. Caminas por la Avenida Atlántica hasta encontrar uno de los tantos puestos donde ofrecen agua de coco o caipiriñas. Y te pides una de estas últimas y miras a la fauna carioca trotar, andar en bicicleta, conversar, vivir y te dan ganas de llamar a tus padres y preguntarles por qué diablos no te criaron en esta ciudad.
4. Navegar por el Amazonas.
Cómo no sentirse explorador en el río más caudaloso del mundo y donde el nivel de las aguas puede variar hasta en 15 m. Recorriéndolo, notará que tiene tres colores: negro, originado en suelos arenosos; blanco, cuando nace en los Andes, y azul, cuando las aguas vienen de zonas con poca erosión.
5. Perderse en medio del Carnaval de Olinda.
Una de las ciudades más bellas de Brasil, de incalculable patrimonio arquitectónico y raíces holandesas. En esta fiesta popular, las calles, escenario para un derroche de colores y alegría, con muñecos gigantes y –turistas y locales– gente disfrazada que sale a bailar al son de los ritmos folclóricos.
6. Comer en Liberdade, el Japón paulista.
Hoy el sushi está hasta en los malls. Pero en Sao Paulo comen pescado crudo y soya desde comienzos de 1900, cuando más de 800 japoneses llegaron a la ciudad, específicamente al barrio Liberdade. Hoy son más de 300 mil en la ciudad y este barrio es su pequeño Tokio, donde están los mejores restaurantes orientales.
7. Deslumbrarse con el convento de San Francisco, Salvador de Bahía.
Construido en 1587, es una maravilla de la arquitectura colonial, la perfecta mezcla entre el barroco europeo y su influencia en las tradiciones locales. Su interior totalmente recubierto con ¡800 kilos de oro! es para impresionar a cualquiera.
8. Tomarse una capeta en Porto Seguro.
El trago típico del epicentro del carrete bahiano es una explosiva mezcla batida de leche condensada, guaraná (supuestamente afrodisiaca, cachaza y frutas naturales). Lo divertido es que se vende en la llamada Pasarela del Alcohol, en pleno centro y todo el mundo lo bebe –al menos una vez– antes de partir a las fiestas playeras de amanecida llamadas luaus.
9. Comerse un choclo cocido en una playa de Florianópolis.
Costa central de Chile. Acaba de salir del agua y lo ataca el hambre. De pronto, a la distancia, divisa al salvador: un vendedor ambulante con su canasto lleno de palmeras. Bueno, este es el símil brasileño, sólo que no es Algarrobo, sino Floripa y lo que devora no es una palmerita, sino que un exquisito milho verde o choclo caliente al que le pasan mantequilla y sal. Muito gostoso!
10. Sentir el agua en la cara en Iguazú.
Puede que los argentinos se jacten de tener el lado más caudaloso de las cataratas y la gran Garganta del Diablo, pero lo que dicen los brasileños es totalmente real: desde donde mejor se ve es desde el lado de ellos. Y lo que se ve vive en el Parque Nacional de Iguazú es, irrefutablemente también, una de las más alucinantes experiencias de la naturaleza.