Era 1.30 de la madrugada y Carlo de Gavardo no aparecía por la meta de la quinta etapa del Rally Dakar, disputada ayer. Su último reporte transmitido cerca de las 21 horas por la organización lo ubicaba a sólo 30 kilómetros del fin de la especial. Algo pasaba que el piloto chileno no aparecía en la línea de meta.
Fue una etapa sangrienta, ese era el comentario generalizado de los corredores que de noche habían logrado llegar al fin de la especial, marcada por la muerte de Pascal Terry. Mientras unos pocos se preparaban para enfrentar una nueva etapa, el gran grueso de los competidores se encontraba en el interior de la especial tratando de poder llegar a la meta.
Entre ellos, Carlo de Gavardo vivía un verdadero infierno a medida que avanzaba, a pesar de llevar un excelente ritmo de carrera, que lo ubicaba dentro de los primeros 40 lugares.
Autos incendiados, camiones volcados, pilotos heridos. Junto a su navegante Jean Brucy no podía creer lo que veían y a cada momento debían parar para ver que todo estuviera bien.
A ello, una ruta extrema soportando condiciones jamás vistas en una especial de Rally: sol, alta temperatura, viento cordillerano, lluvia, granizos y hasta un poco de nieve.
"Era increíble ver lo que estaba pasando, junto a Jean quedamos absolutamente asombrados de ver todo devastado a nuestro alrededor, era como estar pasando después de una guerra y ver como la gente trataba de sobrevivir, claro aquí era sobrevivir para una nueva etapa. Todos nos pedían agua y que avisáramos que estaban bien", comenta De Gavardo.
PILOTO CON HIPOTERMIA
La noche comenzaba a caer en las dunas de Nihuil, una lluvia de granizos recibía a De Gavardo en los últimos 20 kilómetros. Ubicado en la posición 37, su Proto T3 se alistaba a cumplir el último tramo de la carrera. Sin embargo, en los últimos 15 kilómetros la historia cambió
por completo. A lo lejos divisaron una moto con un piloto acurrucado a su lado, una lluvia fuerte no inmutaba en lo más mínimo a un cuerpo que al parecer ya se había dado por vencido.
Con fuertes gritos y masajes trataban de hacerlo reaccionar, no abría los ojos pero sí tenía pulsación, lo arrastraron hasta la parte de atrás del auto, (donde se encuentra el motor) y con el calor del tubo de escape comenzaron a reanimarlo.
"Nos impresionamos mucho, pensábamos que estaba muerto pero nuestra alma volvió al cuerpo cuando constatamos que tenia pulso, tratamos de preguntarle el nombre pero no respondía, después de un rato le entendí algo como Federico, pero a esa altura no importaba; su vida era lo único que nos preocupaba. Estaba con hipotermia. Si accionábamos su baliza, por la hora, tardarían mucho en llegar, así que no podíamos dejarlo sólo y no dudamos en llevarlo hasta la meta, pues estaba cerca", cuenta el piloto nacional.
Una vez más compuesto lograron pararlo y lo sentaron en la cabina del Proto T3. Jean Brucy se montó en la rueda de repuesto y avanzaron los últimos 15 kilómetros hasta llegar al fin de la especial, donde un equipo de control lo recibió.
Tras salir de la especial, Carlo y Jean un poco más aliviados, comenzaron a realizar el último enlace. Sin embargo, a pocos kilómetros de llegar al Bivouac oficial el Proto T3 se quedo sin bencina. La risa salto al interior de la cabina de pilotaje pues de todo lo vivido
esto era un "pelo de la cola".
A pesar de ya ser pasada las 2 de la madrugada, unos lugareños que apasionadamente esperaban el paso de los autos le dieron su apoyo y tras muchas experiencias vividas, De Gavardo comenzó a ver la luz de la ciudad.