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Christian Dior: Velocidad de crucero


Nacieron como un capricho exótico entre la temporada de invierno y la de primavera, y son tan ambiciosas como rentables.

por Eugenia de la Torriente, para revista Mujer | 08/12/2008 - 12:36

Alargados coches oscuros descargan en oleadas a damas con elegantes vestidos de cóctel en la puerta del restaurante Guastavino’s, en el Upper East Side neoyorquino. Entre las margaritas que decoran el interior, los estampados felinos y las joyas que hacen bizquear, Lauren Hutton, Christina Aguilera, Jennifer Lopez y Charlize Theron provocan la histeria de los fotógrafos y ocupan sus asientos alrededor de una pasarela decorada como una extravagante piscina. Si prescindimos de detalles y nombres propios, nos decimos, no es nada que no hayamos leído, visto u oído antes. Pero hay que fijarse bien para encontrar lo distinto, lo que no encaja con el tópico.

La solución al misterio, como siempre, está en los detalles. Aguzando la vista, leemos las invitaciones que la prensa, los compradores y clientes llevan en mano: presentación de la colección de Crucero 2009 de Christian Dior. ¿Crucero? Ésa es la clave de esta historia. ¿Qué sucedió para que una colección que "iba en barco" se presentara con la misma ceremonia y parafernalia que una de alta costura?

En realidad, hace mucho tiempo que las colecciones de crucero no se limitan a ropa para navegar y, sin hacer ruido, se han convertido en un jugoso negocio. El concepto nació en Estados Unidos con una premisa bastante simple: en la costa sureste del país (Miami, Florida) hace calor en invierno, así es que los clientes de las firmas elegantes entendieron que en esa zona necesitaban productos ligeros para vestirse en noviembre y diciembre, cuando las tiendas están llenas de lanas y abrigos. Además, es tradición entre los estadounidenses finos pasar las vacaciones de Navidad en los grandes barcos que surcan esta zona o van rumbo al Caribe.

Lo que las marcas comprendieron pronto es que esta minitemporada ofrecía muchas más posibilidades que vender bañadores cuando nieva. Posibilidades muy apetecibles para las tiendas de todo el mundo, ya que significaba un desembarco de mercancía nueva en un momento de transición entre el invierno y la primavera. Por eso, el 80% de la colección de crucero ya no se vende en Estados Unidos y una parte muy pequeña de los que la compran lo hacen pensando en surcar mares cálidos. Así lo explica Sidney Toledano, presidente de Dior Couture: "La ropa de otoño llega a las tiendas en junio; la de invierno, en agosto y septiembre. Al final de octubre ya sientes la necesidad de novedades. Decidimos que en la colección de crucero ofreceríamos ropa con espíritu veraniego, pero también nuevos productos para ser vendidos y consumidos en noviembre y diciembre. Por eso introdujimos esta nueva temporada. Con mucho éxito, porque entregar pronto significa tener más tiempo para vender".

Algunos le llaman crucero; otros, resort, y aunque parezca un anacronismo, es el germen de una tendencia imparable en el consumo de moda: la fragmentación en mil pedazos del calendario de entregas. Ninguna colección aspira a captar el interés de los compradores durante seis meses. "Si vas muy a menudo a un restaurante y ves cada vez el mismo menú, te aburres", opina Toledano. "Pero si te gusta la comida y, además, sabes que cada mes vas a encontrar un plato nuevo, lo disfrutas. Hacer que la gente te visite más, no sólo aumenta tus ventas, sino que te permite fidelizar. Ése es ahora mismo nuestro principal objetivo estratégico: desarrollar la lealtad de la clientela".

Una de las grandes virtudes de estas precolecciones es su vocación comercial sin complejos. En la medida en que no deben epatar para conseguir grandes titulares, resultan mucho más fáciles de vender. Muchos comerciantes multimarca gastan hasta el 70% de su presupuesto en ellas, y la feria profesional de Florencia, Pitti Uomo, ha entrado este año en el mercado femenino con un salón anexo dedicado a este formato. Dior, que se niega a revelar sus cifras, confiesa un crecimiento de dos dígitos anuales en la colección de crucero y admite que representa entre el 30% y el 40% de las ventas de la temporada primavera-verano. "Su éxito está también en que incluye vestidos de noche, porque coincide con la época de fiestas a final de año. Es decir, que además vendemos productos muy caros", apunta Toledano.

En todo caso, éste no es un fenómeno exclusivo de las firmas de lujo. De hecho, el modelo es, en parte, una consecuencia del cambio de hábitos provocado por cadenas como Zara, que envían ropa nueva a sus tiendas cada dos semanas y que, con su acelerada rotación, han dejado obsoleta la dinámica de dos temporadas al año. Tal vez por eso las grandes marcas tomaron hace poco la decisión de dignificar el crucero, que llevaba décadas de vida relativamente anónima. La de este año era la tercera presentación de Dior en Nueva York, y su evolución puede verse en estas páginas. Pocos días después, Chanel organizaba la suya en una piscina de Miami, una cita que sucedía a las extravagancias organizadas anteriormente en Nueva York y Los Ángeles.

"Ya no es una transición, sino una ocasión más de estilo", razona Linda Fargo, vicepresidenta de los grandes almacenes de lujo Bergdorf Goodman. "Eso provoca un cambio en el diseño y el planteamiento, que se sofistican mucho más". John Galliano, director artístico de Dior, ratifica sus palabras con una excéntrica colección inspirada en un Acapulco imaginario y regida por una máxima de la mítica editora Diana Vreeland con la que comulga religiosamente el creador gibraltareño: "Nunca temas ser vulgar, sino sólo aburrida". Para él, la colección de crucero ya no es un relleno. "Es un discurso por derecho propio y definitivamente tan importante como las colecciones de prêt-à-porter principales. Ahora que los desfiles y las revistas nos saturan, es esencial que haya un flujo constante de nuevas inspiraciones. El estatus del crucero está creciendo y ayuda a alimentar el insaciable apetito por nuevas ideas y estilos", dice Galliano.

La voracidad y la ansiedad entrañan el riesgo de asfixiar la creación. ¿Se puede multiplicar indefinidamente el número de colecciones sin secar los cerebros que las generan? ¿Es razonable esperar que todas resulten relevantes para la historia del vestir? "El hambre y la comprensión de la moda han aumentado mucho", concede Galliano. "Hay mucha más información, páginas web, revistas y marcas. Hoy todo el mundo puede ser un experto. Tener la oportunidad de diseñar varias colecciones al año es tan inspirador para mí como para las mujeres para las que lo hago. Me parece excitante y me hace sentir vivo. Tengo un gran equipo conmigo junto al que trabajo en 19 colecciones al año, entre las de mi propia marca y las de Dior. Para mí todo es posible, especialmente cuando se trata de crear belleza".

Por otra parte, Galliano tiene claro cómo dividir su trabajo: "El crucero ha evolucionado, pero esencialmente es la más comercial de las colecciones. La alta costura explora la artesanía y el lujo del diseño, mientras que el prêt-à-porter innova en tendencias y siluetas". Curiosamente, el diseñador, de 48 años, ha obtenido últimamente mejores críticas por sus propuestas de crucero que por las principales, a excepción de sus aclamadas creaciones de alta costura. "Tal vez en el caso del crucero y de la alta costura hay menos marcas con las que comparar y, por tanto, es más fácil destacar", teoriza. "Pero los clientes y las ventas no son menos entusiastas en ninguna de ellas. Lo que pasa es que la prensa siempre busca lo nuevo, lo siguiente, lo inédito. Yo leo las críticas porque es fundamental aprender de ellas, pero en realidad tú mismo eres siempre tu crítico más severo".

No se vislumbra un atisbo de crítica en la sonrisa de Jennifer Lopez cuando sale del backstage tras el desfile. "Había algo muy latino en los diseños. De hecho, siento un ambiente muy mexicano. ¡Muy caliente!", exclama escoltada por su escueto marido, al que sepulta con su voluptuosa silueta. Exuberancia y calidez: ésa es la idea de una temporada que, ya desde su nombre, sugiere escapismo. Una filosofía que en plena tormenta a algunos les parecerá obscena. A otros, saludable. Sidney Toledano, obviamente, está entre los segundos: "El nombre te hace soñar con barcos, vacaciones, playas… Pasear por la tienda y ver todos esos colores y esa alegría aporta luz en mitad del frío invierno. Es una oportunidad festiva, aunque no tengas ningún barco ni te espere un destino exótico". O sea, versión de lujo de los apaños que Mecano ya cantaba 20 años atrás, cuando se montaba paraísos a domicilio.


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