Si bien el primer disco Floppy fue creado en 1971 por la empresa norteamericana IBM, sólo 10 años más tarde Sony presentó el primer modelo de 3,5 pulgadas, un tamaño que se volvió por décadas como estándar de la industria y se convirtió en un ícono de toda una generación.
El diskette, término con el que se popularizó en el país, fue durante los 80 y gran parte de los 90 el método para transportar información más popular de todo el mundo, llegando a vender en su época de mayor esplendor unas tres mil 600 millones de unidades al año.
Pero hoy, al igual que los vinilos, los cassettes y las cintas VHS se está convirtiendo -oficialmente- en un objeto de culto más, ya que la misma Sony, que alguna vez innovara con su invento, ahora ha anunciado que dejará de producir lectores, por haber dejado de ser rentable.
UN ENFERMO TERMINAL
El diskette puede considerarse un artículo preso de sus limitaciones, que se fueron haciendo cada vez más evidentes en la medida que pasaba el tiempo. Si bien cuando se inventaron sus 400 KB de memoria eran sufiencientes, más tarde incluso los populares de 1,44 MB se hicieron poco.
Mientras los sistemas se hacían más complejos, el tamaño de los archivos crecía y el número de diskettes necesarios aumentaba. Ya a mediados de los 90 presentaba un problema: la primera versión de Windows 95 requería 13 diskettes para instalarse y la segunda, 26.
Se trata, además, de un formato muy frágil. Con el uso, la cinta magnética se deterioraba o las mismas partes del disco se trababan dentro del computador. La llegada de los MP3 fue clave para el fin de su popularidad: para transportar una canción se necesitarían tres diskettes. Así es como Apple dio el gran golpe en 1998: apareció el primer iMac sin lector de diskettes.
El 2008, más de 400 millones de diskettes se siguieron vendiendo en países como China, India y del continente africano, generando ganancias de 16 millones de dólares, lo cual mantiene en su último respiro a este formato que ya ha sido reemplazado.
EL TAMAÑO SÍ IMPORTA
La necesidad obligó a aumentar exponencialmente el tamaño y las propiedades de los nuevos sistemas de almacenamiento portátil. En Chile, los discos duros portátiles y los pendrives ya están masificados dentro de la población digitalmente activa.
El promedio de almacenamiento de un pendrive en el país es de 2 GB -unos 1.300 diskettes-, mientras los discos duros portátiles más vendidos, si bien no caben en el bolsillo, tienen 250 GB, o 173 mil diskettes, si se prefiere. Y no son los más grandes: los disco de un Terabyte son cuatro veces más grandes que los modelos más populares del país.
Pero ahora ni siquiera es necesario comprar un dispositivo para guardar datos: el almacenamiento virtual es una realidad cada vez usada. Servicios como skydrive.live.com, orbitfiles.com y getdropbox.com ofrecen varios GB de espacio para subir archivos a la red y mantenerlos como un disco duro más, accesible en todo el mundo. Incluso, la aplicación G-Drive permite convertir al correo de Gmail en un depósito de archivos. Aun cuando el ícono para grabar siga siendo la imagen de un diskette.