Los expertos en salud mental son enfáticos: siempre hay un modo de resolver las dificultades. Y esa es la idea que hay que fortalecer en la mente de los adolescentes. Los números hacen necesaria la tarea: las cifras de suicidio en jóvenes en Chile van en aumento desde hace dos décadas. Si en los 80 representaban el 5,5% de los fallecimientos entre los 10 y 24 años, en el 2003 la cifra alcanzó el 15,9%, según registros oficiales.
La siquiatra Lilian Salvo, del Hospital Herminia Martín de Chillán, estudió a 800 estudiantes de 1° a 4° medio, para indagar más aristas sobre este fenómeno. El estudio muestra que 19,1% de los adolescentes intentó suicidarse en los últimos 12 meses. Un 50% de ellos realizó dos o más intentos, y un 77,2% presentó ideas suicidas, como que la vida no vale la pena (69,5%), deseos de estar muerto (64,1%) y pensamientos de terminar con su vida (43,3%).
¿Qué hace que cada vez más jóvenes se planteen esta alternativa? Las ideas suicidas son normales y muy frecuentes en la adolescencia, explica Rosa Herrera, sicóloga coordinadora del área infanto-juvenil de la Clínica de Atención Sicológica de la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile (Caps). Esa actitud tiene que ver con la reflexión sobre el sentido de la vida. Y ese pensamiento se da especialmente en esta etapa, que representa una despedida de la relación de dependencia con los padres, donde los jóvenes se enfrentan a un cuerpo distinto y renuncian a espacios infantiles placenteros, como el juego. Un proceso que a algunos los vuelve reflexivos y a otros rebeldes.
El punto es que no todos están preparados para asumir esa transición. Por ello, dice la sicóloga, se debe fortalecer la identidad del joven, respetando sus sentimientos y decisiones, para que enfrente con seguridad los posibles conflictos.
Otro síntoma que se manifiesta de manera más pronunciada a esta edad es la agresividad. Esta puede focalizarse en la práctica de deportes, pero también es común que se centre en los padres y, en el peor de los casos, contra sí mismos. Para no llegar a ese extremo, advierte Herrera, los adolescentes deben sentirse tomados en cuenta. "Cada uno de los padres debería dedicar al menos un día al mes para salir a solas con cada uno de sus hijos. Es una manera concreta de hacerles sentir que son importantes. También deben estar atentos a las diferencias de ánimo o problemas que surgen en el día a día, para detectar conflictos", concluye Rosa Herrera.
PREVENCION
Las decisiones e intentos suicidas se pueden prevenir tempranamente. Muriel Halpern, siquiatra infantil y adolescente del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, indica que es prioritario que padres, familia y colegios actúen como protectores de posibles conductas suicidas.
¿Qué hay que tener presente? Las emociones que acompañan los deseos de atentar contra la propia vida son escasa esperanza en el futuro, dificultad para tomar decisiones, excesiva tendencia a culparse y desgano. Actitudes que los niños aprenden de los modelos paternos. "Si los padres están estresados, frustrados y preocupados por ser exitosos, los jóvenes reaccionarán ante la vida con angustia y desesperanza", aclara Halpern.
Para Lilian Salvo, la familia debe apoyarlos con diálogo claro y coherente para despejar su inseguridad. Los padres, además, deben motivar el sentido y el optimismo en la vida. "Es importante mostrarles desde pequeños que siempre hay esperanza, lo que no implica negar las dificultades, sino saber afrontarlas", advierte la siquiatra.
En ese sentido, no es apropiado que los padres generalicen estados de queja o que permanentemente digan que nada vale la pena, sostiene Halpern: "El suicidio es desesperanza. Y los padres son los moduladores de la esperanza en la vida que tendrán sus hijos".
SEÑALES QUE ADVIERTEN EL RIESGO
"El suicidio nunca es una opción. Pero siempre la conducta suicida está dirigida hacia alguien. Es una alerta sobre asuntos por revisar y una forma desesperada de llamar la atención", asegura la siquiatra de la U. de Chile Lilian Halpern. Por ello, la familia debe estar atenta para advertir a tiempo los síntomas que pueden derivar en una decisión tan extrema.
Algunos jóvenes son amenazantes, dice Halpern, y buscan movilizar a su entorno con reiterados diálogos sobre la muerte, manifiestan deseos de desaparecer y se exponen a situaciones de riesgo. "Otros, en cambio, son callados y se encierran. Modifican su comportamiento social y muestran un ánimo triste".
Cada padre conoce a su hijo y sabe cuándo los cambios traspasan los límites normales, indica Rosa Herrera, sicóloga de la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile. "Si está más callado, saben reconocer cuándo es enamoramiento y también que no es normal cuando ha dejado de disfrutar de ciertas actividades que antes compartía", dice Herrera. Otras actitudes son el consumo excesivo de alcohol o drogas. Regalar cosas importantes para ellos es un indicador de despedida.