27/12/2008 - 13:11
Certero. Al primer disparo, Olivier Bertrand logra derribar a un bisonte europeo de 675 kilos y 2,70 metros de largo. En pocos minutos hace lo mismo con otros ejemplares tan intimidantes como el primero.
Pero no se trata de un cazador furtivo, sino de un veterinario que usando un rifle de aire comprimido cargado con un dardo adormecedor hace caer pesadamente a los animales. La escena se registra en un parque en las afueras de Han-sur-Lesse, en Bélgica.
Allí Bertrand, algunos trabajadores del parque y un conservacionista holandés llamado Joep van de Vlasakker logran cargar en un trailer a siete de estos animales en peligro de extinción.
El itinerario es ambicioso: después de una detención cerca de Amsterdam para recoger dos crías, cargarán más de 4.500 kilos de bisontes vivos a través de Holanda y Alemania hasta el puerto de Rostock, un viaje de 966 kilómetros. Desde allí tomarán un ferry para navegar 28 horas por el Mar Báltico hasta Latvia. Si todo va bien, la pequeña manada se unirá a otros ocho bisontes que ya están instalados en un potrero de más de 200 hectáreas en el lago Pape, una ex base militar soviética que fue abandonada, dejando un campo fértil con bosques de pino y abedules, y una laguna de ocho kilómetros de largo, casi intactos. Hoy este es el lugar de un experimento audaz: el intento de reconstruir el medioambiente que existía hace 10 mil años en la tierra.
En ese entonces, Europa poseía una megafauna: mamuts, bisontes y un tipo de caballo bajo y fornido (tarpanes), además de los ancestros de las actuales vacas y toros (aurochs). Éstos pastaban en un paisaje de praderas y bosques similar al lago Pape. El fin de la Edad de Hielo y el aumento de la población humana aniquiló a casi todas estas especies.
Hoy, la idea de usar esos mismos animales o más bien sus equivalentes modernos -como elefantes o caballos Przewalski- para restaurar el ecosistema antiguo. Llamado resilvestrización, este movimiento va más allá de un simple conservacionismo. Busca recrear las condiciones que existieron cuando los mamuts caminaban sobre la Tierra y el medioambiente era más saludable y más diverso.
Uno de los pocos animales que aún existen desde esa época son los bisontes. Por más de un millón de años, éstos pastaban desde el sur de Inglaterra hasta el este de Siberia. Y eran el motivo favorito de los artistas de la Edad de Hielo, quienes embadurnaron las paredes de las cuevas de Lascaux y de Altamira con sus figuras. En 1927, cazadores furtivos en Rusia mataron a los últimos bisontes salvajes. Siete hembras y cinco machos sobrevivieron en zoológicos y una crianza cuidadosa recuperó en 50 años una población de 3.500.
TODO LO ANTIGUO ES NUEVO
Pequeñas avanzadas de resilvestrización se están estableciendo a través del mundo. En Holanda, casi mil caballos salvajes que son criados por su semejanza con los tarpan, pastan en una reserva de 57 km2. En Alaska, bisontes y bueyes almizcleros han sido reintroducidos exitosamente en libertad. En Inglaterra, los científicos han traído de vuelta a los castores, vistos por última vez hace 500 años. En Mongolia, manadas de caballos Przewalski, parientes primitivos del caballo moderno, están siendo criados después de desaparecer en los '60. Y en Nuevo México, la tortuga Bolton está de regreso después de 10 mil años.
El experimento más ambicioso tiene lugar en Siberia. Durante 15 años, el ecologista ruso Sergey Zimov ha monitoreado alces, caballos y renos en lo que él llama Parque Pleistoceno. En 2005, Zimov argumentó en la revista Science que los grandes herbívoros podían cambiar la tundra de la región -caracterizada por un suelo congelado y nula vegetación- y recuperar las praderas que se extendían desde un extremo al otro de Eurasia hace miles de años. Ya hay resultados: el contenido de nitrógeno y fósforo del suelo va en aumento, y los prados crecen, dice.
En Norteamérica, después que los humanos llegaron hace unos 14.000 años, el continente perdió 58 especies de animales que pesaban más de 45 kilos. Hoy se busca recuperarlos usando ejemplares análogos de Africa, como elefantes para el caso de los mamuts y leones y chitas para reemplazar a felinos desaparecidos. Manadas de bisontes americanos (pariente del europeo) y caballos salvajes ya se encuentran allí.
Esta no es la primera vez que Van de Vlasakker ha regresado animales a su condición natural. En 1985 reintrodujo los castores en Holanda, extintos desde 1826, para restablecer el ecosistema costero degradado por 16.500 km de terraplenes artificiales y diques. Funcionó: ellos se han extendido por los ríos de Holanda, construyendo represas, formando pequeños lagos y devolviendo diversidad al paisaje. "Si las especies se traen de vuelta, la naturaleza se recupera", dice este ambientalista.
En 1999, el Fondo Mundial para la Vida Salvaje puso a Van de Vlasakker a cargo del proyecto de lago Pape. El trajo caballos konik, análogos a los tarpan. Cinco años más tarde expandió el proyecto trasladando en camión más caballos y 23 ejemplares de ganado auroxen. Al observar a los animales habla como un padre orgulloso: "Ellos pastan, pisotean el suelo y lentamente van cambiando el paisaje".
LAS VERSIONES MODERNAS DE LOS EXTINTOS
Elefantes, descendientes de los mamuts: Para repoblar Norteamérica, los elefantes asiáticos y africanos jugarían un rol ecológico similar al ahora extinto mamut de Columbia. Los mamuts dispersan las semillas que no tienen otro método de propagación, como el caso de ciertos árboles de grandes planicies, lo mismo que harían los elefantes.
Chita por el chita americano: El gato tipo chita de América -extinto- probablemente está relacionado con el puma y no con el felino africano. Sin embargo, sus extremidades elongadas y la habilidad de cazar casi cualquier presa que persigan hace de la versión africana una gran elección para reintroducir en América del Norte.
El caballo Przewalski en lugar del tarpan: El último tarpan murió a finales del siglo XIX y, mientras los criadores modernos han intentado recrear al original, la única subespecie de caballo salvaje verdadero en la
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