Macarena (38) y Sebastián (40) -ambos profesionales- llevan casi nueve años conviviendo. No fue una decisión bien analizada ni se detuvieron a pensar en la cantidad de hijos que querían tener antes de dar el paso. Fue mucho más simple. Cuando llevaban pocos meses de pololeo, Macarena comenzó -con la excusa de que su lugar de trabajo quedaba cerca del departamento de Sebastián- a quedarse a dormir en la casa de él. Según ella, esta opción le quitaba menos tiempo para llegar temprano a la oficina. Poco a poco esta conducta se hizo una costumbre, hasta que definitivamente ella se mudó a la casa de él.
"Se dejaron llevar", comenta la sicóloga Marta Soto, académica de Uniacc, quien hace un tiempo orienta a esta pareja. Ambos decidieron ir a terapia tras plantearse el dilema sobre si tener hijos o no. "Ellos vinieron a verme en un principio quejándose de que no tenían un proyecto en común, a pesar de que se llevaban bien", cuenta.
TEORIA DE LA INERCIA
Hay parejas que conviven y nunca se casan; otras lo hacen después de pensarlo reflexivamente; y hay un tercer grupo que son aquellos que viven juntos y desembocan en el matrimonio pero no gracias a una decisión pensada en conjunto, sino más bien producto de la rutina de de ya vivir juntos. Ese "dejarse llevar" es más de lo comun de lo que se piensa y constituyen las parejas con mayor índice de riesgo.
Conocida como la "teoría de la inercia", ésta ha sido estudiada largamente en EE.UU. Según un estudio publicado en la revista de American Psychological Association (APA), las parejas que deciden convivir antes de comprometerse tienen un alto riesgo de separarse y, a la vez, una menor calidad en la vida conyugal.
Una de las autoras del estudio, la sicóloga Galena K. Rhodes, académica de la Universidad de Denver, en EE.UU., explica a La Tercera que "creemos que muchos terminan casándose con alguien que objetivamente no hubieran elegido si no vivieran juntos". Esto ocurre -agrega- porque las personas empiezan a contraer restricciones tales como compartir el financiamiento, redes sociales o, en otros casos, por un embarazo.
MENOS SATISFACCION
Una encuesta realizada a 1.050 matrimonios norteamericanos entre 18 y 34 años -todos con 10 años de casados o menos- concluyó que el 43% de las parejas que conviven antes de comprometerse tienen una menor calidad en el matrimonio -en términos de satisfacción matrimonial, comunicación, confianza en el futuro de la relación, compromiso y nivel de amistad-, que aquellos que convivieron sólo después de comprometerse (16,4%) o después de casarse (40,5%). Así también, los primeros reportaron un mayor riesgo a divorciarse que los otros grupos.
¿De qué depende el éxito de una relación amorosa? Casados o no, para la sicóloga y terapeuta familiar Verónica Bagladi la clave está en el compromiso. "Comprometerse implica que yo como persona me preocupo de que la relación funcione. Tiene que haber una claridad entre los miembros de saber si ambos están en la misma parada", explica.
"Lo más importante es que la pareja se comunique bien sobre las razones de porqué quieren vivir juntos y de los planes que tienen para el futuro", afirma la sicóloga de la universidad de Denver. Una mala señal -dice- es cuando las personas deciden convivir sólo para probar. A su juicio, cuando se piensa así existen motivos más profundos que hacen dudar de la relación.
AUMENTO EN CHILE
Aunque en Chile no existen todavía cifras sobre la calidad conyugal, ya es un tema recurrente en las consultas. De lo que sí hay certeza es de cómo han aumentado las parejas que han optado por convivir en vez de contraer matrimonio. Según el último censo 2002, el 8,9% de la población en Chile se situó en la categoría de conviviente o pareja. Lo que significa que con respecto a una década atrás se duplicaron los convivientes en Chile (en 1992 sólo 5,7% de la población lo hacía).
Pero si esta tendencia en Chile y en el mundo va en aumento, ¿cómo se justifica la tesis de estos expertos? "Tiene que ver con un desprestigio del matrimonio en nuestra sociedad", afirma la sicóloga Marta Soto. El razonamiento que la gente ocupa -agrega- es que no quieren caer en los vicios del matrimonio, como nulidades, pensión alimenticia, etc. "Por eso optan por la convivencia".