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Celos: la persistente amenaza que destruye a las parejas

Durante siglos cohesionaron la relación de pareja de los pequeños grupos homo sapiens. Hoy, en un mundo superpoblado, con altas tasas de divorcio y cambios de pareja, ya no se justifican.

por Sebastián Urbina - 01/08/2009 - 11:50

Atractiva. Tripulante del transbordador Discovery en su misión de julio de 2006. Lisa Nowak tenía 43 años, cuando en febrero de 2007 manejó más de 1.500 kilómetros, sin detenerse, desde Houston, Texas, hasta Orlando, Florida. ¿Su objetivo? Una locura inexplicable: secuestrar a la novia de un astronauta con el cual ella tuvo una relación.

Los años de entrenamiento en la marina de Estados Unidos y en la Nasa para hacer de ella una mujer controlada, capaz de viajar al espacio y de nunca perder la calma ante una crisis no sirvieron. Llegó al extremo de usar pañales desechables para su viaje sin escalas, con el fin de desbancar de una vez a su rival, la capitán de la Fuerza Aérea Colleen Shipman.

Nowak sufría un arrebato de celos, un impulso paradojal que nacido de su amor hacia el piloto espacial Bill Oefelein, terminó por pulverizar la amistad que quedaba entre ellos. De paso, en diciembre próximo enfrentará un juicio en su contra por secuestro, robo y asalto con lesiones.
Todo lo anterior, según los expertos, tendría raíces evolutivas. Porque los celos corresponden a un mecanismo de sobrevivencia, cuyo propósito es ayudar a mantener estable y cohesionar las relaciones de pareja. Algo imprescindible en tiempos en que el homo sapiens vivía en pequeños grupos y necesitaba aumentar al máximo su descendencia.

Esto ha perdido hoy su sentido. Vivimos en un mundo que se acerca a los 7.000 millones de habitantes, en el que conviven altas tasas de divorcio y, tanto ellos como ellas, cambian con frecuencia de pareja. Por el contrario, en la actualidad, los celos representan la más destructiva de las pasiones, causa principal de los homicidios maritales en el mundo.

Cuidando al proveedor

Tras celebrar los 200 años del nacimiento de Charles Darwin, parece que el fundador de la teoría de la evolución ha reemplazado definitivamente a Freud como el pensador que mejor explica muchas de las conductas humanas.

Para el sicólogo evolucionista David M. Buss, profesor de la U. de Texas, en Austin, y autor del libro The dangerous passion, los hombres y mujeres modernos están sicológicamente a un milímetro de distancia de las ideas simiescas que tenían nuestros antepasados, aunque no estemos conscientes de ello.

Para este profesional, los celos -esa mezcla de rabia, envidia, menoscabo, frustración y algo de resentimiento-, en su momento, fueron necesarios, como el amor y el sexo. En su libro, Buss plantea que antiguamente el hombre, a diferencia de la mujer, no podía estar seguro de ser el padre de sus hijos y los celos ayudaban a mantenerlo vigilante sobre la madre, para así no perder tiempo y recursos criando a los descendientes de otro hombre.

En las mujeres, los celos las mantienen atentas a potenciales rivales que pudieran distraer la atención del hombre proveedor, evitando que las abandone con sus hijos. Esto hoy ha cambiado y los celos han perdido su utilidad. Este desfase entre el rápido progreso de la civilización y la lenta evolución de la biología tiene otros ejemplos. Es el caso de los genes para ahorrar energía: permitieron la sobrevivencia humana en períodos de hambruna, pero hoy son la causa de la epidemia de obesidad que afecta a la humanidad. 

Neuróticos

Un estudio de Buss que aún no se publica, realizado con más de 1.000 participantes en distintos estados de compromiso de pareja -como pololeo, noviazgo o matrimonio-, encontró que dos de los cinco grandes rasgos de la personalidad aparecen involucrados en los celos.

El neuroticismo, caracterizado por su inestabilidad emocional, está directamente relacionado con los celos. Se trata de personas inseguras que despliegan una serie de tácticas para retener a su pareja: la vigilan, revisan sus pertenencias, su celular y hacen cualquier cosa para impedir que se aleje.
El rasgo de ser agradable o simpático tiene una relación contraria: mientras menos agradable es la persona es más celosa y sus formas de retener al otro a su lado son más punitivas, como gritarle mientras está hablando con un o una potencial rival, aislarlo de sus amigos y familia, darle un trato despectivo, socavar su autoestima o, incluso, amenazar con violencia a la pareja o al rival. 

"Aunque los ejemplos anteriores parezcan aborrecibles, a veces funcionan bien para retener a la pareja", dice Buss. El relata a la revista Psychology Today su propio caso con una ex pareja. "Ella pensaba que todas las alumnas de pregrado andaban detrás mío. Si me reunía con una de ellas, al minuto irrumpía en mi oficina para interrogarme. Quién sabe; quizás su neurosis y sus celos excesivos ayudaron a disuadir a otras mujeres", dice.

Y si bien, alguien con los rasgos descritos no es atractivo como pareja, sucede que quienes tienen estos rasgos no los exhiben abiertamente al inicio de una relación. Es el tiempo el que los deja en evidencia.

Parejas disparejas

Pero también hay celos menos explícitos, más sutiles. Por ejemplo, son los que aparecen cuando uno de los integrantes de la pareja es más atractivo que el otro. Algo que tiene lógica, ya que en esos casos es más probable que se produzcan infidelidades, en que la peor parte se la lleva el menos atractivo, según Buss.

En definitiva, los celos corresponden a una persona insegura que traspasa ese rasgo a la propia relación, ya que no es sólo celosa en el aspecto sexual, sino con cualquier amistad de su pareja y hasta con un niño, si le roba la atención del otro, dice el sicólogo Steven Stosny, consultor de renombre y creador del sitio compassionpower.com.

En opinión de la siquiatra francesa Marcianne Blevis, los celos que en algún momento fueron el guardián del amor, hoy lo habitual es que sean su destructor. Para ella, éstos surgen cuando la persona siente que su pareja no le da atención.

Blevis aconseja "mirarse a sí mismo y ver lo que nos hace sentir inseguros, que nos lleva a ver que cualquier potencial rival es superior a uno". Esto porque, según ella, cerebralmente estamos cableados para sobreestimar los posibles riesgos de una situación que desconocemos. Por último, los celos son tomados como una demostración de compromiso, sobre todo entre las mujeres, a quienes les gusta probar a los hombres en este sentido. Según Buss, un 40% de ellas usa tácticas como conversar en una fiesta con un ex u otro hombre en la presencia de su pareja. O no atender una llamada del novio para que crea que salió con alguien más. El problema es que es muy probable que el hombre no se dé por enterado de esta manipulación emocional.

 
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