En 1998, una colorida instalación de 100 aves en papel maché en el Museo de Arte Americano Kennedy se convirtió en la exposición más visitada de Ohio, en Estados Unidos. Nueve meses antes, la artista visual y fotógrafa Patty Mitchell había comenzado un taller totalmente inédito, llamado Passion Works.
A diferencia del resto de los cursos de arte que se ofrecían entonces, éste funcionaba con personas con discapacidad intelectual, que trabajaban sus propias obras guiados por ella. Hoy es un estudio en el que participan artistas reconocidos que son invitados a dirigir, curar y seleccionar la labor creativa de los discapacitados.
En Chile, bajo el asesoramiento de Mitchell, Fundación Coanil creó hace tres años el programa Coanil Flor de Arte CorpArtes que ha logrado que personas con discapacidad se conviertan en artistas. Ayer, 25 de ellos debutaron con la exposición Narrativas Cromáticas -la primera de arte colaborativo- que se exhibe en la sala Novedades, de la Biblioteca de Santiago.
En esta muestra participaron los artistas Josefina Hevia, como directora, y Daniela Pizarro, Javiera Asenjo, Alfonsina Firpo y Vicente Cociña, como colaboradores y curadores, quienes a través del ejercicio creativo potenciaron las capacidades de las más de 100 personas que participaron de estos talleres, mejorando su calidad de vida, autoestima y valoración social.
Como explica Angélica Soto, gerenta general de Coanil, más que una terapia, los talleres colaborativos de arte permiten que la comunidad los perciba como artistas y que ellos también lo sientan así. "Se convierten en proveedores de su casa, les cambia el estatus y la autoestima", dice Soto, quien agrega que eso se logra porque se deja de mostrar la discapacidad y se empiezan a descubrir sus logros.
Aunque este trabajo no busca aumentar sus capacidades cognitivas, en Passion Works han observado que participantes que demostraban "una muy limitada comunicación verbal" hoy mantienen "conversaciones sobre sus pinturas y están muy compenetrados con su trabajo", explican en el sitio web del club de arte, que ya tiene 25 talleres y una tienda donde venden las obras de sus artistas.
David Barba, de Passion Works, dice a La Tercera que los asistentes a estos talleres aprenden las cosas básicas y luego avanzan en sus propios intereses y técnicas artísticas. "Es un estudio colaborativo entre los artistas discapacitados y los no discapacitados, el sistema no es para nada de cursos o clases". La idea tras este proyecto, agrega, es ayudar a las personas a poner sus 0bras en un contexto adecuado para que adquieran valor, exponerlas y venderlas, convirtiendo así su arte en un aporte a la comunidad, que los inserta y los hace necesarios.
Para potenciar este trabajo, Patty Mitchell llegará a Chile la próxima semana -invitada por Coanil y CorpArtes- para participar de talleres abiertos con personas discapacitadas en técnicas de pintura, escultura, dibujo, grabado, textil y reciclaje, entre el 10 y 14 de agosto.