Hoy se les tributa el adiós final. A los 21 asistentes -de entre 20 y 40 años- que murieron aplastados, en medio de miles de personas, en la Love Parade 2010. Unos intentando acercarse al escenario y otros tratando de retirarse del recinto que estaba a reventar. Era el sábado 24 de julio, cuando en Duisburg, un poblado alemán de la región del Ruhr, se realizaba una nueva versión de la popular fiesta musical que nació en Berlín en 1989, como una masiva demostración en favor de la paz.
Un millón 400 mil espectadores llegaron al lugar, una vieja maestranza de ferrocarriles, cuyo único acceso era un túnel de 200 metros de longitud. Cuando la capacidad del recinto colapsó, la policía cerró el túnel para que no ingresara más gente.
"Aparentemente algunos intentaron entrar escalando las rejas del acceso para luego caerse", explicó al día siguiente Wolfang Rabe, quien estaba a cargo del personal de emergencia en el evento. Para empeorar las cosas, por los altoparlantes los organizadores pidieron retirarse, para descomprimir el lugar. Fue cuando se inició el pánico: personas dentro del túnel que intentaban salir y una multitud que pujaba por entrar. Muchos trataban de escapar por pequeñas escaleras laterales, para huir del asfixiante trance. Quienes se desmayaban no podían ser recogidos y eran pisoteados por los demás. Una tragedia que dejó, además, 500 heridos y la determinación de no volver a realizar otra celebración de esta naturaleza.
Pero ¿cómo se explica que personas que buscan pasar un buen momento terminedn fuera de control, actuando irracionalmente?
INSTINTO PRIMITIVO
El miedo es una emoción básica para la sobrevida animal. Es el que pone a nuestro cuerpo en alerta máxima, listo para huir o pelear. Acciones no esperables en un concierto pacífico. Pero la masividad del evento, donde las personas casi no podían moverse bajo un fuerte sol, llevó a que el temor por su vida de unos cuantos escalara en segundos y se transformara en pánico colectivo.
Un estudio publicado en la revista Science, en 2007, demostró que en esta situación, la sangre que llega al cerebro se dirige casi por completo a una zona más primitiva conocida como cerebro medio, donde se concentran los mecanismos de sobrevivencia, entre ellos, los encargados del movimiento muscular. De esta manera, queda de lado la corteza prefrontal, lo que indica que no es el momento de reflexionar o planificar, sino de actuar.
Es el instante en que se aceleran los latidos del corazón, se hace difícil respirar, el cuerpo tiembla, hay sudoración y mareo. Las personas tienen una sensación de catástrofe inminente, la que se cumplió a cabalidad en el caso de Duisburg.
CONTAGIO MASIVO
A esto se suma un efecto de masa, en que el pánico se transmite con facilidad. Este contagio instantáneo es el que facilita los fenómenos como las estampidas, que a menudo causan más muertes que el riesgo inicial existente. En un análisis de las estampidas humanas en los 30 últimos años, publicado en 2009 por el doctor Edbert Hsu, de los Institutos Médicos de Johns Hopkins, se vio que -por lejos- las situaciones más mortales se asocian a celebraciones masivas religiosas, seguidas por las políticas, deportivas y, en último lugar, los eventos musicales.
El contagio masivo cae en un terreno calificado de irracional pero que, en realidad, corresponde a un fenómeno que no ha sido esclarecido hasta hoy por los investigadores, por la imposibilidad de realizar experimentos controlados.
Este contagio se puede observar ante distintas amenazas: desde un rumor de ataque bioterrorista, una infección desconocida o la sospecha de haber estado expuesto a una sustancia altamente tóxica.
Algunos especialistas creen que personalidades extravertidas y neuróticas serían más propensas a perder el control en las circunstancias adecuadas. Algo que otros rechazan, porque no habría evidencia suficiente que respalde esto.
En tanto, muchos coinciden en que los niños y los adolescentes son más proclives a estas dinámicas colectivas. Por último, la mejor prevención para estos estallidos es la educación: a mayor instrucción, las personas mantienen mejor su autocontrol.
Esto explica que este fenómeno disminuya en los países desarrollados y que en el caso de Duisburg dejará 21 víctimas fatales, habiendo un millón 400 mil asistentes.