por José Miguel Jaque | 30/11/2008 - 09:48
Luego de estacionar su porsche, una mujer que ronda los 40 años entró a la consulta del ginecobstetra Ricardo Pommer, en la Clínica Las Nieves, uno de los lugares donde las parejas sin libreta y mujeres sin pareja pueden preguntar por inseminación artificial. Ella es gerenta de una importante empresa y una tipa "muy clever", según cuenta el especialista. Y tiene una decisión tomada.
Pommer la escucha. "Quiero tener un hijo", dice ella. ¿Por qué ahora? Porque antes postergó su vida afectiva y privilegió los estudios y el trabajo. Miró al lado y vio que con su pololo actual no va a llegar muy lejos. Podría encontrar espermios en una noche de fiesta, pero no quiere riesgos sanitarios ni tampoco a un hombre con quien vincularse y que le alegue paternidad. Por eso, opta por la reproducción asistida.
Esta mujer decidió formar parte del 72,7% de las madres primerizas sin libreta que existe en el país. "Una cifra altísima, tal vez un récord mundial", dice Carmen Reyes, socióloga de la Universidad Católica que ha estudiado el tema y que pone a Chile por encima de Italia o España. No sólo es una cifra alta, sino también en explosivo aumento: 18 años antes, las mamás que tenían su primer hijo fuera del matrimonio eran sólo el 42%. Y en ese aumento llama la atención un grupo: las madres solteras de 40 años y más, que entre 1997 y 2004 subieron en más de 400%.
"A la 'single woman' no le importa criar un hijo sola. No quiere esperar para encontrar una persona ideal para ser madre, porque si lo hace, va a llegar a los 42 años y no le va a quedar otra alternativa que la adopción", explica Pommer sobre el perfil de estas mujeres. "No son lesbianas, como se pensaba antes: son mujeres con malas historias afectivas, estudios y una buena profesión".
Al parecer, eso les basta. Según cifras de 2004, dos de cada mil mujeres se casa entre los 40 y 44 años. Entre los 35 y los 39, lo hacen 4,2 de cada mil. El matrimonio pasó a un segundo plano, porque los padres piden a sus hijas ser profesionales y perfeccionarse. Pero que no haya matrimonio no impide la llegada de los hijos. Si en 1996 sólo hubo tres regiones en donde un tercio de todas las mujeres que fueron madres estaban entre los 30 y 39 años, en 2004 ocurrió en todas. En la Metropolitana, casi llegó al 40%. Así, en las mujeres mayores se explica el 72,2% de las solteras con hijos.
MADRE SIN PADRE
El cambio en la constitución familiar le ha dado mayor protagonismo a la mujer. Según la encuesta Casén familia de 2006, desde el año 1990 y de manera estable, en ocho de cada 10 familias donde está presente sólo uno de los padres, una mujer es la jefa de hogar. Las mujeres pueden ser madre y padre. Y, a veces, simplemente lo quieren así. "Es un modelo que viene de afuera y los chilenos estamos súper abiertos a probarlo todo, a inventar, a cambiar y a copiar tendencias. Eso es lo que se ve en la realidad de las familias de hoy", explica Reyes. La familia concebida como un núcleo biparental, legal (y/o religioso) e indisoluble dejó de ser un imperativo y el importante y sistemático aumento de nacimientos fuera del matrimonio en los 80 ayudó a esta apertura.
En una reciente encuesta de Corporacion Humanas, el 86% de las mujeres consultadas atribuyó el concepto de familia a "una madre que vive con sus hijos". ¿Se necesita un hombre en la casa? "Tenemos un montón de hogares con mujeres solas y hay muchos niños que funcionan harto bien. A veces con la presencia del padre a la distancia o muy presentes, pero sin estar en unión conyugal", sigue Reyes. Ese rol lo pueden cumplir tíos, abuelos o amigos de la mujer. Pero al mando de la situación sigue estando ella.
PROBAR PARA NO EQUIVOCARSE
Si bien los estudios dicen que los jóvenes aspiran a tener una pareja estable y para toda la vida, la convivencia está ganando terreno al matrimonio, como una forma de probar la vida en pareja y de sacudir el temor al compromiso, explica Carmen Reyes.
"Hoy se ve muy poco que las parejas se casen sin haber convivido", comenta Susana Ifland, sicóloga y terapeuta de parejas. "Hay veces en que su referente más cercano son sus propios padres y los jóvenes ven que su relación es poco satisfactoria y conflictiva. Y no quieren repetir esos patrones", agrega. Los jóvenes prueban la vida juntos, sigue Ifland, y en esa prueba exploran la sexualidad con la misma libertad que si estuvieran casados. De esa forma pueden llegar los hijos. Sin planificación y sin libreta.
Soledad Herrera, del Instituto de Sociología de la Universidad Católica, entrega más datos: las madres solteras cada vez se casan menos al quedar embarazadas jóvenes -esto es, antes de los 24 años-. Según el Censo de 1992, de las que tenían entre 15 y 19 años y quedaban embarazadas, un 37% se casaba; en el año 2002, esto disminuye a un 15%, aumentando las que se quedan solteras -de un 55% a un 61%- y las que conviven -de 4% a 15%-.
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