Durante dos años los investigadores de la Universidad Adolfo Ibáñez, Lucía Santa Cruz y Eugenio Guzmán (hoy académico de la UDD), analizaron y entrevistaron a los hombres y mujeres que componen el selecto grupo de chilenos responsable de las decisiones importantes. Son 541 miembros que se desempeñan como directores o gerentes de las principales empresas del país, ministros, ex presidentes, rectores y decanos de universidades, parlamentarios, entre otros.
La más reveladora conclusión del estudio es que esta clase dirigente está formada por un grupo tradicional (27%), una elite de primera generación (44%) y una elite emergente (29%). Ellos fueron categorizados en base a los colegios en que habían estudiado: Los "tradicionales" estudiaron en un colegio de elite, al igual que sus padres; los de primera generación asistieron a esos mismos establecimientos, pero sólo uno de sus progenitores lo hizo; y los emergentes, quienes no fueron ni ellos ni sus padres a un colegio exclusivo.
Una de cada tres personas que hoy componen la clase dirigente son los primeros en su familia en llegar a la elite. Y como explican los especialistas, ello significa que en el país hay más movilidad y meritocracia de la que se cree. Según Lucía Santa Cruz esto se debe a dos grandes factores:.
1. El acceso a la educación, que amplía el universo de personas que pueden entrar a la elite.
2. Una economía liberal. "En este sistema se valora a quienes contribuyen al mercado y, por otra parte, la globalización y las multinacionales tienen mecanismos de selección universales donde los apellidos tradicionales no importan, sino ejecutivos de la mejor calidad", dice.
Estas son las características de este nuevo grupo emergente:
1. El 72% de la elite emergente fue a colegios públicos:
La gran mayoría de los emergentes asistió a colegios públicos y sólo el 38% de ellos fue a establecimientos particulares que no integran la lista de los colegios exclusivos. Sin embargo, dentro de los colegios públicos el peso del Instituto Nacional es imbatible: si se excluyen los alumnos de ese establecimiento, el 72% cae a un 23%. Según los investigadores, ello habla del enorme rol que ha tenido el Instituto Nacional y de la escasa capacidad de los otros colegios públicos de potenciar la movilidad de los sectores medios.
2. Pero sus hijos van a privados:
Hoy la totalidad de ellos tienen a sus hijos en colegios particulares, al igual que sucede con toda la elite chilena. Incluso, un 47% de este grupo emergente puso a sus niños en alguno de los colegios exclusivos determinados por los investigadores.
3. La mitad de ellos son primera generación de universitarios de la familia:
Si bien el ciento por ciento de quienes componen la elite chilena es profesional, sus padres no necesariamente los fueron. Y ahí radica una de las principales diferencias entre tradicionales y emergentes: mientras el 85% de los primeros son hijos de universitarios, entre los segundos el 47% representa la primera generación de su familia que llegó a la universidad.
4. Ingenieros civiles, sobre todo:
Si el camino de la elite tradicional es mayoritariamente Derecho o Ingeniería Comercial en la UC, los emergentes transitaron por la ruta de Ingeniería Civil: un tercio de ellos estudió esta carrera. En cuanto a universidades, entre los tradicionales reina la UC y los emergentes son mayoritariamente de la U. de Chile, donde estudió el 45% de ellos. Cuando se analiza la senda profesional de sus mujeres, se repite la misma tendencia.
5. Tienen más doctorados:
Como la preparación es la clave, la elite emergente es la que más tiempo ha pasado en la universidad. El 15% de ellos tiene un doctorado, mientras entre los tradicionales el 11% tiene ese grado académico.
6. Trabajan más:
La elite supera en horas laborales al promedio nacional: según la Encuesta Casen 2006, los chilenos trabajan ocho horas diarias en promedio, pero la elite lo hace 10 horas. Eso sí, los emergentes son los que más horas pasan en la oficina (10,2) mientras que la tradicional ocupa 9,7.
7. Son menos religiosos:
Aunque el 93% de los miembros de la elite declara profesar la religión católica (20 puntos más que el promedio nacional), los emergentes son menos devotos: el 42% asiste a la iglesia semanalmente, cifra que entre los tradicionales lo hacen siete de cada 10.
8. Se separan menos:
Las separaciones entre la elite tradicional (12%) dobla a las que registra la elite emergente (6%). Y, particularmente, resalta lo que sucede con las mujeres que forman parte de estos sectores. El 43% de las mujeres que son parte de la elite tradicional está separada, mientras que sólo el 22% de las mujeres de los emergentes se encuentra en esta situación.