Puede ser por esa contradicción de tener que estar feliz y sentir la presión de terminar bien el año. O, tal vez, sea por la excesiva autoexigencia que abre paso a la frustración si no se cumplieron todas las metas. Esos escenarios llevan a muchas personas a no sentirse cómodas en esta época del año. Y esa incomodidad puede derivar en la manifestación de síntomas depresivos o ansiosos mientras el resto del mundo parece estar en una fiesta interminable en la Navidad o el Año Nuevo.
No para todos estas fechas son una oportunidad para disfrutar. Para algunos, por el contrario, se convierten en nostalgia, en el recordatorio de cuán solos están o cuánto no han cumplido. Y cuando el año estuvo marcado por una pérdida importante de alguien -por muerte o separación- o de algo, entonces estas fechas pueden traer más pena que alegría.
Para que no se transformen en una tortura, los especialistas recomiendan tomarlas con el mayor relajo posible, sin dramatizar ni tampoco subestimar la nostalgia, la pena o la preocupación que se pueda sentir.
EVALUACIÓN INFLEXIBLE
Mark Frye, profesor asociado de psiquiatría de la Universidad de California en Los Angeles, elaboró una serie de recomendaciones para abatir esta tristeza o ansiedad. Lo mejor es dejar atrás el año que se va y pensar en el futuro, dejando a un lado "lo que debió haber sido" y "lo que se pudo haber hecho". El esfuerzo debe estar enfocado en las oportunidades que llegan con el nuevo año.
Pero no sólo lo que pasó puede generar estos síntomas, sino también lo que podría traer el año que viene. Una de las estrategias que plantea Raúl Carvajal, sicólogo de la Clínica Santa María, es tomar un tiempo para tranquilizarse, analizar lo ocurrido y lo que está por venir. "Parar las actividades y pensar en lo que pasó durante el año, pero rescatando lo bueno y lo malo, no sólo lo malo", aconseja. Por ejemplo, si se teme por el trabajo, pensar en cómo potenciarlo más que en qué pasaría si lo despidieran de la empresa. O, si se terminó una relación, meditar sobre qué fue lo bueno que eso dejó y cómo se enfrentará la pena.
Borja Castro, sicólogo de la consultora Enemenosuno, plantea que no hay que planificar todo lo que viene. "Las cosas se van dando y hay que entender que no todo depende de uno. Eso hace que se quite un peso de encima", dice y explica que es necesario deshacerse de presiones innecesarias de lo que puede o no puede pasar.
LAS PÉRDIDAS
Rodrigo Morales, sicólogo y docente de la Universidad Mayor, apunta que la nostalgia y la soledad que puedan derivarse de las pérdidas o de lo que no se logró, "deben, antes de cualquier otra cosa, ser vivencias legitimadas, dado que hay una historia que las hace partes de la vida". Porque negar estas emociones implicaría negar parte de la vida y, por consecuencia, negar aspectos de la propia identidad. "Cuando aceptamos la legitimidad de sentirse tristes o nostálgicos, permitimos que la persona afectada acepte su propia historia, lo cual es esencial para sentirse cómodos consigo mismos", concluye el profesional.
CONSEJOS PARA ALIVIAR LA NOSTALGIA
1. Fijarse en lo bueno de la vida y cultivar el espíritu de agradecimiento.
2. Focalizarse en lo que se tiene más que en lo que no se posee.
3. Evitar el consumo excesivo de bebidas alcohólicas, porque, mal manejadas, pueden aumentar los sentimientos depresivos.
4. Probar alguna actividad que no se haya hecho antes, pues el cerebro responde a lo novedoso.
5. Hacer ejercicio, ya que la actividad física mejora el estado de ánimo.
6. Dormir lo suficiente y tratar de mantener el horario acostumbrado de descanso lo más posible.
7. Cultivar el sentido del humor y las oportunidades para reír, ya sea con un libro, chistes o una película.