Hace 20 años un sondeo internacional preguntó cuántos amigos cercanos tenía cada persona. La respuesta más frecuente fue tres. En 2004 se volvió a repetir la consulta y la cifra más votada fue cero.
Hoy los investigadores estiman que dos de cada 10 personas se sienten solas todo el tiempo. Un sentimiento que todos han experimentado alguna vez, pero que cuando se extiende indefinidamente, como una forma de vida, tiene consecuencias insospechadas. El libro Loneliness, recientemente publicado en Estados Unidos, aborda desde una sorprendente perspectiva los coletazos que ocasiona la soledad.
Su autor John Cacioppo, sicólogo y académico de la universidad de Chicago, demuestra que la soledad tiene efectos directos en el cerebro, en la salud física y mental de las personas. Para comprobarlo, detalla una serie de experimentos realizados con escáneress cerebrales e indicadores médicos. "El aislamiento social tiene un impacto en la salud comparable con los que provoca la presión alta, la obesidad o el tabaquismo", ha dicho el autor.
Las conclusiones de Cacioppo no difieren mucho de las del filósofo griego Aristóteles. "Las personas son, por naturaleza, animales sociales", sostuvo este pensador, afirmando que quien busca vivir en soledad no es humano. El sicólogo estadounidense desarrolla la tesis que la soledad daña, porque nuestro cerebro está formateado desde hace miles de años -por un factor de sobrevivencia- para vivir cerca de otras personas.
LAS PRUEBAS
Uno de sus hallazgos es que los solitarios tienen la presión más alta y una mayor presencia en su organismo de la hormona del estrés respecto de las personas que cuentan con lazos afectivos. Un experimento demostró que, enfrentados a una situación difícil, los que viven solos reaccionan con mayor estrés, y que también en una situación normal sienten más tensión que los otros. También, sostiene el libro, la soledad destruye la calidad y eficiencia del sueño (se duerme, pero no se descansa), tiene directa relación con el Alzheimer y, estadísticamente, los solitarios tienen mayores posibilidades de morir prematuramente.
EL PLACER DE LOS SOLITARIOS
Las revelaciones más interesantes de Loneliness son las que indagan en la mente de la gente sola. Un estudio citado en el libro revela que ellos tienen mayor dificultad para interpretar el significado emocional de los gestos y el rostro humano. Otro experimento, que realizó el autor con escáners cerebrales, mostró que los solitarios respondían con mayor placer a las imágenes de objetos bellos que a las de personas placenteras. Sólo cuando se les mostraba objetos feos ponían atención en las personas.
Sicológicamente, la soledad socava la voluntad del individuo, sostiene el libro. Hay investigaciones que consignan que si a una persona se le dice que su futuro será solitario, obtiene peores resultados en los test de inteligencia y abandona las metas propuestas.
Quizás por el demoledor diagnóstico sicológico y físico que hace, el autor sostiene que hoy existe un silencioso "síndrome de la soledad crónica" en la sociedad moderna y que es necesario enfrentarlo. Convencido de que la soledad es reversible, alerta que así como en el último siglo la mayoría de los cambios sociales han sido para vivir más y mejor, "hay que poner atención en la soledad, que nos está llevando a la infelicidad y a serios problemas de salud".