por latercera.com | 06/01/2009 - 09:10
Cuando Pedro llega a la casa y se encuentra con su mujer, Mónica, se miran a los ojos y se sonríen coquetamente. Cenan juntos, abren un vino, ponen sus discos favoritos y luego se ríen a carcajadas de las anécdotas que vivieron en el día. Pedro y Mónica no están recién casados: llevan 30 años. Tienen dos hijas, una de 26 que es independiente y vive sola, y otra de 20 que lleva un año en una universidad de otra ciudad. Y, precisamente, hace casi un año que esta pareja está sintiendo ese antiguo placer de estar juntos.
Lo que le sucede a la pareja de Pedro y Mónica es lo contrario al mítico síndrome del nido vacío que produce tristeza porque los hijos se van de la casa, dejando un espacio (ver recuadro). De hecho, un estudio de la Universidad de California, Berkeley, revela que este síndrome no necesariamente se da, sino al contrario: la partida de los hijos mejora la relación matrimonial.
La investigación, publicada en la revista Psychological Science, realizó un seguimiento a 123 mujeres norteamericanas que nacieron en la década de 1930. El seguimiento, que duró 18 años, incluyó cuestionarios en tres etapas de su vida que aludían a la satisfacción que sentían con su matrimonio: a la edad 43 años, cuando había niños en el hogar; a los 52, cuando los niños estaban empezando a salir de casa, y a los 61, cuando prácticamente todas las mujeres tenían los nidos vacíos. En general, el estudio encontró que las participantes mejoraban la calidad del tiempo que pasaban con sus cónyuges cuando los hijos se habían ido de casa.
"El mensaje que da este resultado es decirles a las parejas que tienen hijos, que aguanten ahí, porque pueden venir tiempos mucho mejores", señala la sicóloga de la U. de California Sara Gorchoff, en el estudio.
VOLVER A SER PAREJA
"Uno de los aspectos que se resiente con la llegada de los hijos es la vida de pareja. Se estimula y se refuerza la vida familiar, pero muchas veces en perjuicio de la relación de pareja", comenta Marta Soto, sicóloga y docente de la Uniacc. Por eso, sigue, la partida de los hijos podría permitir un reencuentro, que se da fundamentalmente porque hay más tiempo para dedicarle a la pareja.
Como explica la sicóloga, hay estrategias que se recuperan: "Suele pasar que la pareja, mientras están los hijos, tienen una relación de hermandad. Y luego se da que hay que recuperar los espacios perdidos, sobre todo, volver a conocerse, porque uno a esas alturas ha cambiado mucho".
Lo que sucede en la pareja es que los hechos comunes u ordinarios se vuelven extraordinarios. Una cena, por ejemplo, que antes era compartida, hoy es sólo de dos y esa intimidad nueva obliga de algún modo a tener que relacionarse de manera distinta.
Como explica la sicóloga Fernanda González, del Instituto Chileno de Terapia Familiar, "en esta etapa las tareas están centradas en la pareja y en las necesidades de cada uno, ya no como padres. Cuando los hijos ya no están, la relación se basa más en la conexión espiritual entre ellos, un proceso de conocerse nuevamente y disfrutar lo que les gusta".
EL SÍNDROME DEL NIDO VACÍO
Es conocida por ser una etapa de la vida familiar que afecta a los padres y que ocurre cuando el o los hijos de la pareja dejan el hogar para independizarse. En ese momento, los padres se miran de frente y se dan cuenta que lo único que los mantenía unidos era trabajar en conjunto para criar a los hijos.
El joven que se va debe vivir esta fase, ya que les permitirá comenzar su propia vida. Sin embargo, la ida del hijo suele angustiar a los padres, debido al fuerte sentimiento de pérdida y de inutilidad que recae sobre ellos. Según los especialistas, esa pérdida la vive con más intensidad la madre, quien genera un proyecto de vida en torno a sus hijos.
Todo lo que ocurre en esta etapa es considerado normal, por lo que debe enfrentarse tal como se llora una pérdida. Los padres deberán aprender a vivir bajo estas nuevas circunstancias y aprovechar el tiempo libre que se genera con el alejamiento de los jóvenes, para redescubrir la pareja y establecer nuevos proyectos personales que fueron dejados de lado con el nacimiento de sus hijos.
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