La decisión se tomó el viernes en Corea del Sur, bajo los auspicios del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Sin embargo, debe ser refrendada en septiembre por la Asamblea General de la ONU, en Nueva York.
El inventario, llamado IPBES (Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas), será equivalente al IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) de la ONU, encargado de asesorar a las autoridades sobre el calentamiento global.
A pesar de tener una aprobación mayoritaria a nivel mundial, Estados Unidos ha sido reacio a incluir temas de biodiversidad y ecosistemas en su agenda, por temor a someterse a políticas medioambientales o a abandonar parte de su soberanía sobre el patrimonio nacional.
Brasil, en tanto, encabezó las manifestaciones adversas de los países en vías de desarrollo. Según Lucien Chabasson, subdirector del IDDRI (Instituto para el Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales, con sede en París), temen "un proceso científico dominado por el Norte".
Sin embargo, la reticencia de Brasil es exclusivamente con las presiones que podrían poner las grandes potencias, y no contra la creación del inventario. El país incluso es candidato para acoger la sede de la futura organización. Según Chantal Jouanno, secretaria de Estado francesa de Ecología, que Brasil fuera sede sería "una buena manera de poner fin a las reticencias de los países del Sur, que exigen cada vez más que se les ayude a desarrollar sus propias capacidades en cuanto a conocimientos e investigación".
Para el director ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner, "la IPBES es una innovación clave en la respuesta mundial a la pérdida de los organismos vivos y de los bosques, ríos, arrecifes de coral y otros ecosistemas".
Según la ONU, "el ritmo actual de pérdida de especies debido a actividades humanas es más de 100 veces superior a la extinción natural".
"Debemos por fin tener conciencia de que la desaparición de la biodiversidad es crucial para el desarrollo. Sus efectos para el futuro de la humanidad, la seguridad y el desarrollo son tan importantes" como en el caso del cambio climático, indica Jouanno. La IPBES "nos permitirá medir nuestra dependencia con respecto a la biodiversidad y nos dará los medios para actuar", considera.
La necesidad de crear este grupo de expertos surgió de una doble constatación: la pluralidad de estudios internacionales y su débil convergencia. Así, en 2002, los países involucrados se habían fijado como objetivo "detener" la erosión de la biodiversidad de aquí a 2010, sin contar con indicadores ni base científica, lo que hizo que dicha ambición fracasara.
"La IPBES debe llenar este vacío", señala Chabasson, que considera el empeño "más complejo" que el del IPCC. "Hay mucha menos homogeneidad sobre la biodiversidad que sobre el clima, y los sistemas para vigilar están mucho menos avanzados. Y las actividades humanas que impactan en los ecosistemas son más difíciles de medir que las emisiones de gases con efecto invernadero", explica.
Queda también por hallar una denominación menos tosca para la nueva organización, cuyo nombre actual no satisface a nadie.