Los jefes de las tres grandes automotrices estadounidenses admitieron hoy, durante una audiencia en el Congreso, haber cometido errores en la gestión de sus compañías, pidieron disculpas, pero volvieron a reclamar un paquete de asistencia de unos US$34.000 millones para sobrevivir a la debacle financiera.
Los administradores delegados de General Motors (Rick Wagoner), Ford (Alan Mullaly) y Chrysler (Bob Nardelli), presentaron hoy sus respectivos planes de reestructuración ante un escéptico comité Bancario del Senado.
Aunque la Casa Blanca del presidente saliente, George W. Bush, se declaró disponible a impulsar el rescate de las automotrices en base a sus nuevos planes de austeridad y recomposición, la audiencia de hoy puso de relieve las divisiones en el Senado.
Por un lado, el senador demócrata Christopher Dodd se declaró expresamente en favor del salvataje. "El gobierno salvó a Fannie Mae, Freddie Mac, AIG y al Citigroup -recordó el senador por Connecticut-. ¨Por qué no debería hacer lo mismo con las casas automotrices, que piden un cifra irrisoria respecto de los US$306.000 millones desembolsados para el Citigroup", se preguntó.
Enfrente, el senador republicano Richard Shelby, de Alabama, reiteró su negativa frente a los planes de reestructuración de los gigantes de Detroit, los cuales -afirmó- son demasiado "optimistas" sobre la viabilidad de las compañías.
Durante su intervención, Wagoner pidió "disculpas" por tener que salir a rogar al gobierno por US$18.000 millones para la General Motors. Pero los fondos, prometió, asegurarán la supervivencia de una empresa que brinda empleo a miles de estadounidenses.
La General Motors advirtió que necesita US$4.000 millones de inmediato y otros US$4.000 millones antes del 4 de noviembre para seguir a flote en medio de la crisis, que ya vio a las automotrices sufrir grandes caídas en sus ventas y el cierre de cientos de concesionarias.
"No es un secreto que General Motors, al igual que las otras firmas estadounidenses, sufrieron la creciente competencia extranjera, basada también en salarios más bajos", dijo Wagoner.
En ese sentido, los tres gigantes estadounidenses de los automóviles ya recibieron la luz verde de los sindicatos para revisar los contratos colectivos.
El presidente de la United Auto Workers (UAW), Ron Gettelfinger, reiteró hoy ante el Senado la voluntad del sindicato de los trabajadores de las automotrices de ayudar a las tres empresas en problemas.
Si no aparece el salvataje, afirmó Gettelfinger, "en un mes corremos el riesgo de perder a la General Motors".
Un colapso de la industria automotriz, en base a los datos ofrecidos por Mullaly, se traduciría en la pérdida de unos 4,5 millones de puestos de trabajo. El negocio de los automóviles está presente en todos los estados del país, ocupando un promedio de 43.000 trabajadores, comenzando por Michigan, donde se encuentran los cuarteles generales de los tres colosos del sector y 241.000 familias viven de esos salarios.
Los planes presentados por las automotrices, que prevén -entre otras medidas- recortes en los salarios de los ejecutivos, la concentración en marcas líderes y el desarrollo de automóviles eléctricos, "no son perfecto, pero en general representan un compromiso en favor de la reforma necesaria", estimó el senador Dodd.
CASA BLANCA
Pero mientras el proceso avanza en el Congreso, la Casa Blanca mantuvo su cauta posición frente a un rescate al sector.
"Creo que es muy temprano para calificar los planes" de reestructuración de las automotrices, dijo la portavoz de la Casa Blanca Dana Perino.
El Gobierno ha apoyado redireccionar US$25.000 millones para ayudar a las fábricas de Detroit para que produzcan vehículos con una mayor eficiencia en el gasto de combustible, y Perino aseguró que la Casa Blanca está abierta a añadir más dinero a ese programa.