Alan “Ace” Greenberg, el ex responsable ejecutivo de Bear Stearns Cos. que se acerca a su sexagésimo primer año en Wall Street, dijo que el modelo de banca de inversión que él ayudó a forjar está muerto.
“Se acabó Wall Street”, dijo Greenberg, de 81 años, en una entrevista en el programa de Bloomberg Televisión “Money & Politics”. “Ese modelo simplemente no funciona porque está a merced de rumores”.
Greenberg optó por quedarse cuando JPMorgan Chase & Co., el mayor banco de Estados Unidos, compró Bear Stearns en marzo en una venta obligada. La compra siguió a una estampida de clientes y prestamistas que dejaron Bear Stearns, con sede en Nueva York, al borde de la quiebra. La especulación en el mercado contribuyó a que los clientes retiraran su dinero de Bear Stearns y de Lehman Brothers Holdings Inc., e hizo bajar las cotizaciones, dijo.
Toda la estructura de Wall Street ha cambiado “para siempre”, dijo Greenberg. Este año ha visto el fin de Bear Stearns y Lehman, la compra de Merrill Lynch & Co. por Bank of America Corp. y la conversión de Morgan Stanley y Goldman Sachs Group Inc. en bancos comerciales.
“Los rumores pueden empezar y acabar convirtiéndose en una profecía autocumplida”, dijo Greenberg durante la entrevista, en Washington. Dijo que él “nunca había visto nada parecido” a la actual crisis económica y a la tormenta en los mercados financieros.
Las firmas financieras de todo el mundo han sufrido US$980.000 millones en reducciones valorativas, pérdidas y provisiones desde el principio de la crisis, según datos compilados por Bloomberg. Más de 201.000 empleos han sido suprimidos en el sector y el índice de referencia estadounidense Standard & Poor’s 500 ha caído un 38% este año, la peor caída anual desde 1937.
SUPERVIVIENTES
Las firmas especializadas en asesoría sobre fusiones y compras “seguirán haciendo negocios” debido a que la demanda de opiniones independientes va en aumento, dijo Greenberg.
JPMorgan, con sede en Nueva York, que conservó el nombre de Bear Stearns para los brókers, ofreció a Greenberg una remuneración igual al 40% de los ingresos por comisiones que genere y el nombramiento de vicepresidente emérito. Se convirtió en responsable ejecutivo de Bear Stearns en 1978 y dirigió la entidad hasta que James “Jimmy” Cayne asumió la responsabilidad en 1993.
Instituciones benéficas, que batallan para conseguir dinero, tendrán que sustituir entre los US$65 y los US$80 millones en donativos de empleados Bear Stearns, según Greenberg. A todos los directores generales sénior y niveles superiores se les exigía dar el 4% de sus ingresos a las