Chile tiene pocos número uno: el del "Chino" Ríos cuando llegó a la cabeza de la ATP o el oro de Nicolás Massú en Atenas 2004. A esta corta lista habrá que agregar el primer lugar que obtuvo el Clos Apalta 2005 de Viña Lapostolle entre los 100 mejores vinos del mundo que cada año elige la prestigiosa revista especializada Wine Spectator. En 20 ediciones anteriores los seleccionados fueron de EEUU (7), Francia (6), Italia (3), Portugal (2) y Australia (1). Ninguno de Latinoamérica. Por eso para la industria es como una de esas hazañas deportivas, aunque pocas personas lo lleguen a dimensionar.
"Esto tiene un impacto mundial, hemos recibido felicitaciones de todas partes", celebra Alexandra Marnier-Lapostolle, la heredera del grupo Grand Marnier que en 1994 impulsó uno de los primeros proyectos de vinos premium de Chile.
A "madame" Marnier-Lapostolle la noticia la sorprendió el viernes 22 en Ginebra, cuando salió el último número de la Wine Spectator. Viajó de inmediato a Chile con su marido Cyrill de Bournet (encargado de las finanzas de Grand Marnier) y el galo Michel Rolland, un top one de la enología mundial que asesora el proyecto desde su nacimiento. Se juntó con su hijo Charles, que vive en el país hace dos años, y organizó una cena con 150 invitados la noche del jueves.
Para la empresaria es un reconocimiento a toda la industria local. "Wine Spectator dice que hay una evolución positiva en todos los vinos chilenos". Pero ella, su familia y colaboradores señalan que no es para dormirse en los laureles. Que a Chile le queda mucho por hacer.
Y da su fórmula.
RECETA CON SABOR FRANCES
¿Que haría madame Marnier-Lapostolle? La campaña Chile, All Ways Surprising le parece positiva, pero insuficiente. "Podemos tener algo con más personalidad", señala. Cree que la respuesta es convertir a Chile en un paraíso de productos ambientalmente amigables.
"Ahí hay algo que se podría trabajar más, en agricultura, pesca, vinos, turismo, todo". Lapostolle misma se reconvirtió a una producción 100% orgánica y a su juicio es una iniciativa que podrían hacer las viñas en bloque para diferenciarse como industria frente a la competencia.
Considera al vino un embajador. "Es imagen país a través del vino". La calidad, agrega, es un acicate para desarrollar otras industrias, el turismo de lujo, por ejemplo. Argumenta que se debe partir por la punta de la pirámide: atraer visitantes que traigan glamour, porque después vendrán los demás. "Siempre es así, y esa gente luego va a difundir a Chile por su gastronomía y sus vinos", añade.
Su hijo, Charles de Bournet, cree que el país carece de una infraestructura sofisticada para ello. "Si una persona probó un vino chileno afuera, le encantó, y quiere venir a hacer turismo vinícola, hay pocos lugares de alto nivel. O si alguien quiere esquiar, ¿cuáles hoteles son de muy alto nivel? Ninguno es de cinco estrellas".
Dicen que Chile incluso debiese explotar el que hayan invertido aquí los Marnier-Lapostolle, el conde Marone Cinzano (primo del Rey Juan Carlos de España); el barón Eric de Rothschild (dueño de la Viña Los Vascos) o el principal accionista de la multinacional Vivendi, el noruego Alexander Vik. "El gobierno debería decir 'mira, hay gente de alto nivel que viene porque tiene fe en el país' y usar más eso", dice Alexandra. "Estamos felices de apoyar al país... Pero a mí no me llaman", agrega Charles.
Y, afirma Alexandra, la diversidad de terroirs de Chile se debería expresar mejor ampliando las denominaciones de origen vigentes. "Son muy generales, sería bueno ir al detalle. Apalta, por ejemplo, no es una denominación de origen".
OPORTUNIDAD EN CRISIS
Aunque suene raro, los De Bournet-Marnier-Lapostolle también consideran que la crisis financiera, a diferencia de los otros sectores económicos, puede ser positiva para el vino chileno. Y no porque haya subido el dólar.
"Es una oportunidad si se trabaja bien", dice Alexandra. Y continúa: "Una persona que compraba vino a US$400 ahora seguirá buscando vinos de alta calidad, pero va a gastar menos y comprará vinos de US$100. Aquí estamos, ofreciendo el Clos Apalta, por ejemplo, y los otros top wines de Chile. Una persona que antes compraba vinos a US$60, hoy día puede ser que para no gastar tanto vaya por los vinos entre US$20 y US$25. En el otro rango de precios, el que pagaba US$20 o US$30, buscará vinos de US$15. Al final, son todos los vinos de Chile los que se pueden beneficiar, pero tenemos que comunicar bien que ofrecemos la calidad que corresponde".
“La norma de denominación de origen en Chile data de 1994, cuando recién nacía la viticultura de calidad, y no se ha actualizado al ritmo al que la industria ha evolucionado", dice Patricio Eguiguren, gerente general Viña Lapostolle.