Una falla que no debió ocurrir y que no puede repetirse

El sistema para la prevención de tsunamis resulta completamente insuficiente. No se trata de un problema de equipamiento,  sino de realizar un correcto procesamiento de los datos y de establecer protocolos e infraestructura de comunicación adecuados. 

04/03/2010 - 04:00
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La evidencia acerca de que se cometió un error el sábado al comunicar a la población que no había posibilidad de que se produjera un maremoto, en circunstancias de que éste sí se registró en una larga extensión en la costa de la zona centro-sur, ha desencadenado una serie de explicaciones y polémicas.

En términos y forma inusuales, el ministro de Defensa señaló el domingo que el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (Shoa) había cometido un error al no identificar a tiempo la probabilidad de que tuviera lugar un tsunami. Mientras, la directora de la Oficina Nacional de Emergencia dijo que la información del Shoa llegó tarde y de manera "tremendamente ambigua", impidiendo de esa forma una evaluación adecuada de la situación. Por su parte, el director del Shoa afirmó que la entidad dio el alerta de tsunami unos 15 minutos después de producido el terremoto y que luego de una hora y media dicho aviso fue retirado. El martes, el comandante en jefe de la Armada complementó esta versión, sosteniendo que se avisó dos veces, vía radial y a través de un fax, a la Onemi sobre el alerta de tsunami, y reconociendo que la información entregada a la Presidenta de la República cuando ésta inquirió acerca del alerta fue "poco clara". A ello replicó la directora de la Onemi, insistiendo en que la información emanada desde el Shoa fue imprecisa y que se limitó a una sola comunicación.

De todas formas, existieron alertas desde al menos un organismo extranjero muy confiable y que habitualmente sirve de fuente de información en catástrofes, como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, la cual dio aviso de maremoto casi de inmediato. Al parecer, nadie se preocupó de consultar los informes provenientes de esa entidad, pese a que estaban fácilmente accesibles. 

Aunque no es este el momento adecuado para que se establezca una contienda de versiones entre distintas reparticiones que deben enfocarse ahora en cumplir sus respectivas funciones en medio de una emergencia como la que vive el país, sin duda que será importante definir en el futuro próximo la verdad de los hechos y las responsabilidades. 

Lo obvio es que el sistema encargado de dar la voz de alerta respecto de la ocurrencia de un maremoto falló y que eso impidió mitigar el daño causado por el maremoto. Es cierto, también, como ha dicho la directora de la Onemi (no obstante ello no se aplica a Juan Fernández, donde hubo víctimas fatales), que aunque todo hubiera funcionado de acuerdo con los protocolos establecidos, habría sido imposible dar aviso a tiempo, debido al colapso de los sistemas de comunicaciones que afectó a la zona devastada.

Más allá de la controversia, es claro que el sistema diseñado para la prevención de tsunamis resulta completamente insuficiente. No se trata de un problema de equipamiento -el Shoa dispone de 19 estaciones de medición a lo largo del litoral chileno-, sino más bien de realizar un correcto procesamiento de los datos y del establecimiento de protocolos e infraestructura de comunicación adecuados, para que las alertas lleguen de manera  oportuna a la población.

Es deber de las reparticiones encargadas mejorar el sistema de alerta de tsunamis, para que sirva al objetivo de salvar vidas para el cual fue creado. 

Naturalmente, dadas las características de las emergencias que le toca enfrentar, debe ser un sistema lo más perfecto posible. Para alcanzar dicho estándar, es necesario que sea testeado una y otra vez, con ejercicios que reproduzcan de manera realista las condiciones a las que la población se ve sometida en estos episodios. Los esfuerzos de educación masiva del público en torno a este tema necesitan ser redoblados.

Sólo una investigación acabada y transparente será capaz de establecer dónde se produjeron los errores en esta ocasión. Dicha pesquisa debe servir para mejorar los procedimientos y para fijar las responsabilidades técnicas y políticas de un episodio lamentable que no debió haber ocurrido y que no puede repetirse.

 
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