Sebastián Piñera Echenique jurará hoy como el 51° Presidente de la República de Chile, liderando una coalición política que llega a La Moneda luego de 20 años de mandatarios de la Concertación.
Se trata del cambio político más importante desde el retorno de la democracia en 1990, y representa un gran desafío para el nuevo gobierno, en términos de las expectativas que tienen los ciudadanos. Estos esperan que se mantengan los avances en distintos ámbitos -por ejemplo, en materia de protección social- pero, al mismo tiempo, que se aborden en profundidad los problemas pendientes en áreas como la delincuencia, la educación, la pérdida de impulso de la economía y el desempleo.
En el inicio del mandato presidencial tendrán mucha incidencia las tareas de reconstrucción del país luego del terremoto. Estas concentrarán una parte significativa de los esfuerzos del Ejecutivo, para restablecer rápidamente la normalidad en las zonas afectadas y luego asumir las soluciones más permanentes en vivienda e infraestructura pública. Es indispensable para ello que los respectivos equipos sean reforzados, en aras de no descuidar el cumplimiento de las metas planteadas durante la campaña.
El eje central con el que la nueva Presidencia ha buscado marcar su mandato es un cambio sustancial en la eficiencia y efectividad del gobierno en sus distintos frentes -probablemente el principal parámetro que utilice la ciudadanía para su evaluación-, orientado a garantizar a los chilenos una verdadera igualdad de oportunidades y la posibilidad de contar con servicios de calidad de parte del Estado. De esta manera, se pretende dar énfasis a los logros que cada persona puede lograr gracias a su propio esfuerzo, por encima de la protección que le puede dar el Estado.
La búsqueda de eficiencia se manifestó en la selección de quienes conformarán su círculo más cercano de colaboradores, y ha sido confirmada en los nombramientos posteriores, que han recaído en profesionales con antecedentes destacados en el ámbito privado. Esta característica, que en un primer momento fue calificada como una debilidad, ha devenido en fortaleza de cara a los requerimientos que representan las tareas derivadas del sismo.
El terremoto dará, además, a la nueva administración un período de cierta tranquilidad política, por el unánime deseo del país de que se superen las diferencias -el denominado "gobierno de unidad nacional"- para hacer más eficaz la tarea gubernativa.
Este cambio de gobierno demuestra también la consolidación de nuestra democracia, toda vez que se ha materializado de manera ejemplar la alternancia en el poder en el marco de una institucionalidad política, económica y social que es respaldada en lo sustancial por todos los sectores.
Así como a la nueva administración le corresponderá profundizar los pilares de nuestra democracia -donde la transparencia en el ejercicio de la función pública y el fortalecimiento de los derechos de las personas aparecen como fundamentales- la oposición deberá ajustarse a su nueva condición y asumir la fiscalización de los actos del gobierno y demostrar una actitud constructiva frente a las propuestas que se hagan en beneficio del país.
De igual forma, las demás instituciones deberán cumplir el rol que les corresponde en una democracia, en beneficio del desarrollo del país.
En el caso de la prensa, a ella le toca mantener una posición independiente, analizando en su mérito las medidas y proyectos que se propongan, y entregando a los ciudadanos información que les permita formarse opinión sobre dichos proyectos y la manera en que son ejecutados. Asimismo, debe servir de canal a las opiniones de los más variados sectores que, como la oposición política, expresan la diversidad de nuestra sociedad y permiten el control efectivo del ejercicio del poder.