El Ministerio de Energía ha presentado recientemente los resultados de una encuesta tomada en 2009 para conocer la opinión de la ciudadanía sobre la conveniencia de construir plantas de energía nuclear en Chile. Un 67% de los consultados se mostró contrario a la construcción de dichas plantas, siendo la razón más frecuente su supuesta peligrosidad.
Diversos argumentos, sin embargo, contribuirían a cambiar la opinión de quienes hoy se oponen a la energía nuclear. Por ejemplo, más del 50% respaldaría la construcción de plantas atómicas si se convenciera de que es más limpia que otras energías, mientras, aproximadamente, 40% la apoyaría si con ello se asegura el abastecimiento energético, si abarata la energía, permite prescindir del carbón o evita el uso de los ríos.
Parece importante que el Ministerio de Energía enfrente con fuerza y oportunidad la necesidad de superar el desconocimiento de aspectos técnicos que refleja esta encuesta.
La actual falta de información, en Chile y el mundo, sobre la realidad tecnológica, particularmente en el área energética, amenaza con conducir a costos de enorme magnitud, que afectarán el bienestar de la humanidad. Con información insuficiente, cuando no derechamente errónea, avanzan propuestas de ralentización del desarrollo económico en el mundo para ajustar las actividades productivas y los esfuerzos por mejorar las condiciones sociales a supuestos límites que derivan de consideraciones ambientales y ecológicas.
Lo preocupante es que para cuestionar los procesos productivos y sus consecuencias ambientales se hace uso de conceptos y supuestos conocimientos científicos que la comunidad especializada está muchas veces lejos de avalar. Así, en ausencia de certezas, se introducen "consensos" científico-políticos que respaldan propuestas costosas para el desarrollo global.
El fenómeno se aplica a la discusión sobre el calentamiento global. Está documentada la tendencia a temperaturas crecientes en la Tierra, así como la relación marginal entre emisiones de dióxido de carbono -que resultan de procesos productivos- y mayor temperatura. No está claro, sin embargo, si la suspensión de emisiones de gases con efecto invernadero de responsabilidad humana afectaría en forma relevante la tendencia al calentamiento global, información necesaria para una evaluación rigurosa de posibles políticas.
A pesar de la limitación en los conocimientos disponibles, han tomado fuerza propuestas para limitar una amplia gama de actividades productivas fundamentales para el progreso material de la humanidad, por dar origen a emisión de gases invernadero.
Asimismo, la misma falta de información que da espacio a propuestas de enorme costo económico a cambio de beneficios ambientales desconocidos, impide centrar la atención en soluciones al calentamiento global que han ido surgiendo, con costos ínfimos en relación con las propuestas más populares y que corresponden a soluciones con mayor aval científico.
Un cuadro similar se da en la energía nuclear. Antiguos temores acerca de su peligrosidad, dificultad para disponer de residuos radiactivos o la inconveniencia de considerar plantas de energía nuclear porque su gran escala de operación dejaría vulnerable el abastecimiento energético, mantienen pendientes definiciones que permitirían avanzar hacia la eventual incorporación de ella en Chile. El avance tecnológico en este campo, sin embargo, apunta a que la energía nuclear pueda llegar a ser crucial para el progreso sostenido del país.
Un desafío para el Ministerio de Energía es procurar el fortalecimiento de la capacidad científica y tecnológica que haga factible el desarrollo de la energía nuclear en Chile. Igualmente importante, a juzgar por la encuesta aludida, será educar a la población para hacer políticamente viable la energía nuclear cuando las capacidades técnicas del país hagan posible contar con ella en forma segura, confiable y económica.