Comparto con las autoridades que el objetivo actual es enfrentar la situación, identificar a los fallecidos, aliviar el dolor de los que sufren y solucionar las carencias de una población angustiada. También, que el interés general debe primar, en toda decisión, por sobre motivaciones particulares. Por ello, la evaluación en detalle vendrá cuando corresponda. Sin embargo, me parece inadecuado negarse a identificar errores argumentando que atentaría contra la atención a los problemas urgentes.
Establecer las fallas principales contribuye a que las acciones que se están realizando se cumplan con mayor eficiencia. Precisar las debilidades exhibidas constituirá la base para la reingeniería que requiere el proceso de reconstrucción del país al que todos debemos sumarnos.
A modo de ejemplo, pretender llegar con alimentos a localidades aisladas exige una evaluación de las condiciones del terreno, de las vías de acceso, de cuánta gente hay allí, lo que requiere de datos con los cuales no se contaba. Otro caso, y tal vez el más duro, es la necesidad de establecer la falla que llevó a una cantidad errónea en la nómina de muertos que se nos había informado.
La futura reconstrucción y la solución de los problemas actuales se basan en la identificación veraz de las carencias, fallas y problemas que se han presentado. El problema tiene una dimensión de carácter nacional, exige una política de Estado y demanda organización, medios, atribuciones, protocolos y sistemas que incluyen desde el Presidente de la República hasta la cultura ciudadana. Se trata de contar con un sistema integral para enfrentar catástrofes, del que hoy se carece, lo que es absolutamente diferente a la mera reformulación de la Onemi.
Un sistema de toma de decisiones a nivel gobierno debería definir la obligación del poder político de aplicar la norma oportuna y cabalmente, sin consideraciones exógenas que terminan por retrasar el empleo de medios produciendo un grave deterioro de la seguridad pública.
Las Fuerzas Armadas tendrían que ser consideradas con roles diferentes a los que actualmente se les otorga, que incluyan tanto tareas de seguridad, como de apoyo a la emergencia. Resulta irracional e incomprensible que instituciones dotadas de medios humanos y materiales de sus características se encuentren al mismo o menor nivel que organismos de apoyo comunitario carentes de estas capacidades.
Será necesario definir un sistema de alerta temprana, una estructura de mando y control, un gabinete o comité de crisis organizado permanentemente y un puesto de mando para quien lo lidere. Sólo así será posible informarse, apreciar, resolver, comunicarse y ejercer la conducción general de la crisis en un escenario que siempre será complejo y caracterizado por la incertidumbre.
Las crisis exigen, desde un primer momento, obtener lecciones aprendidas. De ellas se desprenden mejores soluciones a los problemas actuales y sientan las bases para la reconstrucción y la definición de un nuevo sistema.
Posponer o echar tierra a aquello que no se quiere ver, lejos de ayudar a la solución de los problemas sólo provocará que éstos sigan presentado fallas que retardan la respuesta a nuestros compatriotas que requieren recibir solució. Adicionalmente, provoca desconfianzas y recriminaciones que a nada conducen y, lo más grave, podrían afectar la reconstrucción que exige reformular un sistema integral de manejo de crisis y catástrofes del cual Chile ha dado muestras de carecer.