Cada cierto tiempo sufrimos el impacto mortal de una tragedia sísmica. Estamos medianamente preparados para enfrentar estos dolorosos episodios. Importante en estos casos, más que el diseño mismo de las medidas paliativas, es la oportunidad de su aplicación.
Me parece interesante poder transmitir experiencias y dar algunas ideas que podrían ser útiles para el proceso de recuperación y reconstrucción, en lo que compete principalmente al sector vivienda, respecto del terremoto de 1985, en que me cupo ser ministro de Vivienda, más algunos aportes que estimo útiles en este campo.
Lo primero en esta área fue socorrer a los damnificados, cuantificando el problema, habilitando albergues transitorios y proporcionando ayuda de provisiones y abrigo. Este proceso se ha hecho en esta emergencia, pero pareciera que hubo falta de oportunidad, por los reclamos de damnificados.
Respecto de la seguridad pública, en 1985 no hubo problemas de vandalismo, saqueo y pillaje; las Fuerzas Armadas estuvieron desde el primer momento en tareas de control e incorporadas a superar las múltiples emergencias. Esto es vital para la gente, que además de la indigencia, teme sufrir la delincuencia. Hay que dar a la gente confianza, seguridad y protección a todo evento.
Luego es necesario catastrar los daños, tanto públicos y privados, para tomar decisiones rápidas, con apoyo de profesionales capacitados. Dentro de las soluciones transitorias, pero efectivas, estuvo la habilitación, en espacios libres, de viviendas de emergencia, mediaguas -todas las que fueron necesarias-, lo que fue complejo, por la presión de los precios de los insumos y la capacidad de ejecución y armado.
Al respecto, se efectuó un plan conjunto con la Cámara Chilena de la Construcción y proveedores, a fin de afrontar esta tarea, la que fue oportuna y eficaz. Ahora podría hacerse, entre otros, con Un Techo para Chile, proveyendo los insumos. Esto debe estar monitoreado a efecto que esta ayuda se asigne a los más desprotegidos.
Me parece indispensable, también, replantear la asignación de subsidios y establecer otros para la reconstrucción, debidamente diseñados e implementados para que lleguen a los más necesitados y a los casos más graves. Respecto de las viviendas sociales, es indispensable que se conozca la magnitud del daño y abocarse desde ya a las reparaciones, reconstrucciones y asignaciones de nuevas viviendas, dependiendo del caso.
El BancoEstado implementó, y debiese implementar ahora, líneas de créditos de bajo costo, en ayuda a quienes lo necesiten, en especial para reparación de daños. En este sentido, cabe destacar el esfuerzo de la banca privada en ofrecer especiales condiciones crediticias.
Las empresas necesitan plantear ayuda a sus trabajadores damnificados, sea a través de un bono, préstamos u otro, lo que sensibiliza la relación laboral más allá de un vínculo netamente productivo. En el campo privado, está toda la responsabilidad que tienen los inmobiliarios, según la regulación sobre calidad en la construcción.
Recursos para esto no pueden faltar. La urgencia es enorme. Debe trabajarse con reasignaciones presupuestarias, como se ha hecho. Pero hay que aumentar presupuestos sectoriales y recurrir al 2% constitucional, como se efectuó en 1985.
Este episodio debe ser la plataforma que impulse el proceso de reconstrucción nacional que corresponderá liderar al próximo gobierno, con la convicción de que el esfuerzo mancomunado de los chilenos será capaz nuevamente de levantarnos del dolor.