Hacia una nueva cultura de gestión

Coordinar y diseñar mejores políticas públicas es una obligación, pero una transformación profunda y modernizadora del Estado cobra sentido cuando es posible cumplir con las prioridades de las personas y asegurar una correcta implementación.

por Claudio Seebach - 29/07/2010 - 04:00
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En su discurso del 21 de mayo, el Presidente Sebastián Piñera definió un conjunto de siete ejes prioritarios para su gobierno, colocando metas ambiciosas y estableciendo plazos para su cumplimiento: aumentar el crecimiento económico, generar más y mejores empleos, mejorar la seguridad ciudadana, derrotar la pobreza, mejorar la calidad de la educación y la salud y fortalecer la calidad de nuestra democracia.

Señaló, también, que "nuestro Estado fue diseñado en el siglo XIX, parchado en el siglo XX y no responde a los desafíos y necesidades del siglo XXI", planteando que el problema no es el tamaño, sino su calidad. De esta forma, hizo un llamado a superar la vieja discusión de más o menos Estado por el nuevo desafío de construir uno mejor, más moderno, más transparente y más eficiente, al servicio de las personas.

Los ciudadanos tienen hoy aspiraciones sociales nuevas y mayores, exigiendo que los bienes y servicios públicos sean otorgados con mayor calidad y oportunidad. 

Un reciente análisis del Consorcio para la Reforma del Estado mostró que llevar a las instituciones públicas de chilenas al promedio de la Ocde, nos llevaría a un aumento del Producto Interno Bruto de los actuales US$ 15 mil a, al menos, US$ 20 mil. No modernizar nuestro Estado dificultará la aspiración al desarrollo y de otorgar más oportunidades para los chilenos.

Uno de los pilares de la gestión de este gobierno es fortalecer la gestión del entorno del Presidente (o "centro de gobierno") en tres  dimensiones: una mejor coordinación, mejor calidad y una excelente implementación para asegurar el cumplimiento de las prioridades. Así, se ha establecido un proceso de coordinación permanente entre el Ministerio de Interior, Hacienda, Secretaría General de la Presidencia, Secretaría General de Gobierno y la asesoría presidencial.

Para mejorar la calidad de las políticas se ha buscado fortalecer la capacidad técnica de los ministerios sectoriales y coordinar el análisis programático, jurídico, presupuestario y político entre los actores del centro de gobierno para una mejor asesoría al Presidente.

Para asegurar la correcta implementación de los aspectos más prioritarios del gobierno es que se ha establecido la Unidad Presidencial de Gestión Cumplimiento, con un mandato claro de apoyar a todos los ministerios responsables de los siete ejes prioritarios del Presidente y empujar un proceso sistemático de búsqueda de progreso y foco en resultados. 

Este último y novedoso aspecto de cómo modernizar el Estado se inspira en la mejor experiencia mundial en la materia: la Delivery Unit, creada por Sir Michael Barber en el gobierno  de Tony Blair, y que hoy está siendo replicada en diversos países y organizaciones públicas del mundo. 

La cultura de la gestión del cumplimiento o delivery se basa en los siguientes aspectos fundamentales: ambición para creer que es posible producir los cambios; foco en un pequeño número de prioridades; claridad para establecer y comunicar metas precisas, basadas siempre en evidencia y sabiendo lo que pasa en la primera línea; urgencia para empujar por resultados, e irreversibilidad para lograr que los cambios perduren. 

Coordinar y diseñar mejores políticas públicas es una obligación, pero una transformación profunda y modernizadora del Estado cobra sentido cuando es posible cumplir con las prioridades de las personas y asegurar una correcta implementación. Es a ello a lo que la Unidad de Gestión de Cumplimiento está abocada en todo momento.

 

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