Señor director:
Por mi trabajo he visitado Rancagua, Curicó, Talca, Chillán, Concepción y Los Angeles entre el 9 y el 11 de marzo. Lo que pudimos ver en este recorrido es muy impresionante, aunque seguramente no estuvimos en los lugares más afectados por el terremoto y tsunami. Es impactante ver casas en el suelo, edificios destruidos: gente que lo ha perdido todo.
Es sobrecogedor estar frente a un grupo de personas que ha sufrido los embates de la naturaleza, sedientas de apoyo. Emociona recibir el abrazo del colaborador, ver cómo se abrazan compañeros de trabajo que no se veían desde el viernes 26 de febrero.
Es motivo de orgullo saber que fueron muchos -desde el rector de una de nuestras sedes hasta el guardia de seguridad- los que llegaron a nuestros edificios el mismo 27, a horas de ocurrido el terremoto. Un guardia me decía que estaba bien, que su familia estaba ilesa y que había perdido su casa, pero que esto último no era lo importante. El estuvo a las 6.00 de la mañana el sábado 27 de febrero en nuestra sede de Concepción.
Es motivo de orgullo saber que muchos colaboradores nuestros cumplieron sus responsabilidades como padres o madres, como funcionarios, y ayudando al más necesitado. Casos como Ricardo Neira, bombero rescatista que trabajó en el edificio colapsado de Concepción, sin descuidar a su familia ni su trabajo, se deben multiplicar. Por último, da gusto ver la capacidad de todos estos golpeados compatriotas para ponerse de pie. Me dio una gran alegría verlos trabajando, reiniciando su vida, volviendo a levantar sus hogares, sus negocios, sus vidas. En fin, fue un viaje inolvidable.
Jaime Vatter
Rector Nacional Santo Tomás