Señor director:
Con preocupación he leído que el gobierno anularía los decretos que protegen los ríos Cochamó y Petrohué. En principio, se reservaron sus caudales con fines ambientales, evitándose la construcción de grandes hidroeléctricas. Cabe destacar que de las 190 cuencas que existen en Chile éstas son las únicas dos protegidas.
El director de la DGA se ha justificado aduciendo la existencia de caudal ecológico, pero, al parecer, desconoce que éste sólo se puede considerar en aquellos ríos donde aún no se han otorgado derechos de agua, es decir, uno que otro en el extremo de la Patagonia. Todos los ríos hasta la Décima Región han sido fuertemente intervenidos y su caudal otorgado por completo. Las consecuencias de un río cortado, canalizado, trasvasijado, en definitiva destruido, no son fáciles de dimensionar.
La mayor tasa de extinción de especies a nivel mundial ocurre en agua dulce. Son los ríos los ecosistemas más vulnerables y, aunque la contaminación es un problema relevante, la mayor amenaza son las modificaciones morfológicas y las alteraciones de caudal. Europa ya lo entendió y gracias a su Directiva Marco del Agua, el 2025 se espera que tenga la mayoría de sus ríos y lagos en un buen estado ecológico. Para ello han invertido muchísimo. Por eso, para nosotros sería más fácil prevenir.
Tiene menos secuelas ambientales intervenir un río que ya ha sido intervenido, que modificar uno prístino. Es decir, hagamos represas en aquellos ríos donde ya tenemos otras, pero dejemos algunos, al menos un par, para otros usos y para el disfrute de las generaciones futuras. Borrar los decretos, sin presentar algún otro instrumento efectivo de protección, es condenar a su destrucción a los ríos Cochamó y Petrohué.
Pilar Valenzuela Delpiano
Ingeniera Ambiental