La relación amor-odio de los cientos de miles de alumnos que hoy retornan a las aulas con el primer día de clases es de larga data.
Aunque no es nada de cool admitirlo, es innegable que muchos niños aguardan este día con ganas. Las vacaciones han quedado atrás y el aburrimiento hace presa de los pobres infantes, que esperan con ansias el reencuentro con los compañeros de curso, las pichangas en los recreos y las bromas a profesores y amigos.
Esta vez, los niños seguramente intercambiarán impresiones respecto de cómo y dónde pasaron el terremoto, a la vez que recordarán el duelo de las víctimas y el país entero a través de actos y, quienes asistan a colegios religiosos, oraciones.
Como todo primer día, muchos padres irán a dejar a sus hijos al colegio. Esta tradición resultará especialmente emotiva para quienes llevan a los niños que entran por primera vez al colegio. Más de alguna lágrima correrá por ahí.
Las calles, al igual que las micros y el metro, se inundarán de "pingüinos".
La alegría del ingreso a clases esconde, eso sí, otras externalidades para los esforzados alumnos. Se acabaron las trasnochadas y se limita la televisión y los videojuegos, tiempo que ahora es destinado a estudiar y hacer tareas. Pasarán un par de semanas e incluso los que hoy se ven más entusiastas por el retorno a clases empezarán a extrañar las vacaciones. Animo: faltan cuatro meses para el receso de invierno. (IIS)