Días atrás, el dibujante Hervi publicó en esta sección una viñeta en la que una exasperada ama de casa golpeaba el piso con su escoba gritando "¡¡Bastaaaa!!". Así graficó fielmente el estado de ánimo de los chilenos, que estamos hasta la coronilla de esta tierra que parece solazarse en seguir temblando, sin respetar siquiera la solemnidad del traspaso de mando presidencial. En suma, que nos tiene con los nervios de punta.
Pero como si los humores del subsuelo no fueran suficiente preocupación, ahora también el sistema de transmisión eléctrica nos jugó una mala pasada, dejando a oscuras a prácticamente todo el país por culpa de un solo transformador, en la localidad de Charrúa (que ahora todos sabemos se encuentra en la región del Biobío). Y decir "a oscuras" no es exageración: el país se fue a negro en 11 regiones.
¿Y cómo reaccionaron los chilenos? ¿Asustados? ¿Indignados? En realidad, más bien hastiados, y con la actitud de los que ya tienen la piel curtida por los sucesos de las últimas semanas. Esperaron pacientemente para tomar las micros que desafiaron el apagón, otros condujeron sus autos alertas ante los semáforos apagados o apuraron el paso mientras escrutaban las tinieblas, y los que estaban en su casa se quedaron tranquilos esperando que volviera la luz. Sin escándalo, sin escenas de pánico, como corresponde.
Y la luz volvió, como todos confiábamos que ocurriría. Lo que no obsta para querer gritar, a todo pulmón, "¡¡Ya bastaaa!!". (MOJ)