Muchas veces, cuando existe la necesidad de convocar a la población a una tarea de cierta magnitud, qué mejor que hacerlo con rostros que la gente identifique y que resulten inspiradores para ellos. Quizás por eso, cada vez que, por ejemplo, se necesita recaudar fondos para una buena causa -como para las campañas de reconstrucción de Chile y Haití-, los organizadores reclutan a estrellas de la televisión, del cine o de la música para que colaboren con la misión. Una estrategia que observamos no sólo aquí, sino que en todo el mundo.
A menudo la ayuda es más simbólica que concreta, pero no por eso menos valiosa. Con todo, hay celebridades que no se quedan en los gestos y van un poco más allá.
Por ejemplo, ahí está Sean Penn en Haití, distribuyendo medicina y alimentos a la población como un voluntario más. Más que un gesto.
Y ahora el actor norteamericano Paul Walker, famoso por su participación en Rápido y furioso, hizo un trabajo alejado de las cámaras y las luces a las que está acostumbrado en Hollywood. Desde el sábado y hasta hoy estuvo en nuestro país junto a especialistas de una ONG de ayuda humanitaria que él mismo fundó, dando asistencia médica en las zonas más afectadas por el terremoto.
El hombre tiene su fama y, sin duda, no poca fortuna, pero está dispuesto a abandonar la comodidad de su hogar y a no explotar su estatus de celebridad para venir a meter, literalmente, los pies en el barro en ayuda de gente que no conoce. En tiempos de cinismo al por mayor, bien por el señor Walker. (PGA)