Ernesto Ottone, ministro de Cultura: “Es muy importante hacer un traspaso que permita la continuidad”

Autor: Evelyn Erlij

El 11 de marzo, Ernesto Ottone dejará el nuevo Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, una meta que le prometió cumplir a la presidenta Michelle Bachelet. Aquí habla sobre logros y deudas, y opina sobre las políticas culturales que deja entrever Sebastián Piñera.

A Ernesto Ottone le quedan exactamente cinco días hábiles de trabajo, y desde que se promulgó la creación del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, el 27 de febrero pasado, se convirtió en el primer Ministro de Cultura de la historia de Chile. “Es un puro título, he sido ministro por tres años, pero estamos un poco sorprendidos porque no se esperaba que esto pasara todavía. Estábamos haciendo el traspaso del Consejo Nacional de las Artes (CNCA) a lo que será el próximo gobierno y planteando la implementación del ministerio, pero todo el proceso se adelantó”, cuenta en su oficina de Santiago.

En esta semana que le queda, además, inaugurará el Teatro Regional del Bio-Bio y la Biblioteca Regional Gabriela Mistral en La Serena, las últimas obras que dejará esta cartera bajo el gobierno de Michelle Bachelet.

Cuando llegó al CNCA para reemplazar a Claudia Barattini, en mayo de 2015, cercanos suyos dijeron en la prensa que no se iría del cargo sin la investidura de ministro. “Soy superobstinado, cuando me propongo algo trato de sacarlo adelante, y fue un compromiso que adquirí con la presidenta: no sólo íbamos a formular el proyecto, sino que lo íbamos a concretar. Era importante, además, que la nueva ministra, Alejandra Pérez, pudiese empezar con la estructura nueva. De lo contrario iba a estar dos o tres meses funcionando con la lógica de la institucionalidad anterior”, explica Ottone, quien se reunió con su sucesora el jueves pasado.

La fecha de término de implementación de este nuevo ministerio es en ocho años, período en el que las estructuras del CNCA, la Dibam y el Consejo Nacional de Monumentos deberán unirse.

“El asunto toma tiempo porque en gran parte son procesos administrativos, y todo lo relacionado a nuevas incorporaciones de personal se hace por concurso público. El CNCA contaba hasta ayer (jueves) con 37 funcionarios de planta y ahora pasaremos a 601. Lo esencial es que los equipos técnicos tengan estabilidad laboral, de manera de asegurar continuidad, ya que estamos hablando de una política de Estado”, puntualiza. El jueves pasado, de hecho, se reunió con Pérez para afinar detalles de estos procesos y transmitirle el trabajo hecho hasta ahora. “Es muy importante hacer un traspaso no sólo simbólico, sino también uno que permita una continuidad, en un momento complejo en el que hay un cambio de gobierno y también un cambio institucional”.

La futura ministra dijo que no estaba muy convencida de que el ministerio esté en Valparaíso, ya que la mayoría de las reuniones son en Santiago.

Estoy convencido de que debe seguir ahí. Cuando estaba en entredicho si Valparaíso tendría todavía el título de Patrimonio de la Humanidad, fui a la Unesco y nuestra apuesta fue defender que el Ministerio iba a estar ahí. Por primera vez en la historia de América Latina, un país tiene un ministerio fuera de la capital nacional.

Alejandra Pérez anunció que sus focos serán el acceso a la cultura, la reformulación de los fondos concursables, la descentralización y la modificación de la Ley de monumentos nacionales. ¿Qué le parecen esas propuestas?

El presidente Piñera, en 2013, hizo una reforma a la Ley de Donaciones Culturales que ha funcionado perfectamente bien. Ahí hay un mérito, por lo tanto les pediría que revisaran lo que hemos hecho, porque está dando resultados. Lo segundo, en cuanto a los fondos, es importante que primero vean todo lo que hemos logrado, porque creo que hay un poquito de desconocimiento, pero se lo transmití a Alejandra: llevamos dos años sin que el sistema se caiga y los fondos se han modernizado. Me parece bien que evalúen si el mejoramiento que hicimos es el que corresponde o si hay que hacer otro. Por último, ellos plantean una reforma de la Ley de Monumentos nacionales. Nosotros planteamos hacer una Ley de Patrimonio, porque la de Monumentos nacionales tiene un problema: el patrimonio inmaterial no existe como concepto.

¿Cuáles son los principales logros de su gestión?

La creación del Ministerio de las Culturas y las Artes, haber logrado sacar las 24 políticas públicas que definirán el campo cultural en los próximos cinco años (centrados en los temas de género, pueblos indígenas y migrantes). El plan de lectura de Chile hoy está siendo replicado en siete países del continente. Creamos el Departamento de Pueblos Originarios. Me ha tocado inaugurar 11 centros culturales. Ahora el desafío será crear espacios en las 117 comunas de menos de 50 mil habitantes donde no hay ni teatros ni centros culturales.

¿Cuáles son las deudas que deja este gobierno en materia cultural? Una de las promesas no cumplidas fue duplicar el presupuesto de cultura.

Efectivamente, en el programa de gobierno estaba la duplicación del presupuesto, pero tenemos que asumir que pasamos tres años en condiciones económicas que no eran las que se habían cifrado para poder hacer ese cálculo. Cultura no tuvo recortes jamás. Cuando la presidenta Bachelet tomó el gobierno, el presupuesto del CNCA eran 80 mil millones de pesos. Hoy son 125 mil millones. La demanda que se ha producido en torno a lo social en estos 4 años ha hecho crecer el presupuesto de manera considerable, pero hay que tener mucho cuidado porque para llegar al 1%, habría que tener un presupuesto de 240 mil millones sólo para el CNCA.

¿Cómo ha funcionado el Centro Nacional de Artes de Cerrillos, uno de sus proyectos principales? Se decía que era un elefante blanco o una competencia para el MAC

Los que dijeron eso fueron unos pocos. Yo veo artistas, curadores y críticos que están consolidando un espacio en torno a la investigación, sin colección permanente, y centrado en la formación de audiencias. El desafío fue pensar, como lo han hecho otros países, en descentralizar los polos de desarrollo cultural. Hicimos una apuesta por Cerrillos que no fue al lote: había un diseño pensado con respecto al Metro, a lo que se construirá en torno a ese parque, al tema habitacional. Me tocó vivirlo en la Villete, en París, hoy un polo de desarrollo cultural y económico. Esperemos y veamos cómo esas personas responderán cuando esto cumpla su objetivo.

Se están creando espacios, como la nueva sala del GAM, pero ¿hay público suficiente para llenarlos?

Le tengo menos temor a esa pregunta, sobre todo en vistas de la Encuesta Nacional de Participación Cultural que entregaremos el martes. Ahí se dará a conocer que más del 60% de las actividades a las que la gente accede en Chile son gratuitas. Según las encuestas anteriores, la primera razón por la que la gente no iba a un centro cultural o un museo era monetaria. La segunda era la distancia, la tercera el tiempo, y la cuarta era “porque me aburro”, frase terrible. Ese desafío lo tienen todas las salas y tiene que ver con la línea curatorial. Los museos de la exDibam pasaron a ser gratuitos, por lo tanto se han ido quitando trabas. Con la infraestructura cultural repartida en el territorio, la distancia no es excusa. Logramos atraer a 35 mil personas en Valparaíso con el Rockódromo y 50 mil en Recoleta con el festival Womad, los dos gratuitos

¿Se iría a trabajar al sector privado después del 11 de marzo?

Después de ese día pensaré en el futuro, pero no me cierro a nada. Aunque siempre en el campo de la cultura, eso lo doy firmado.

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