La mejor orquesta de Suiza en Santiago

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La Orquesta de la Suisse Romande, aquí en el lujoso Victoria Hall de Ginebra, donde normalmente da sus conciertos.

El 10 de mayo visita Chile la venerable Orquesta de la Suisse Romande, que tocará en CorpArtes. Su director Jonathan Nott desmenuza las característcias de la agrupación que cumple 100 años.


En Ginebra, en el oeste de Suiza, un profesor de matemáticas que empezó a conducir a los 30 años y que era amigo de Debussy, Stravinsky y Ravel, decidió fundar en 1918 su propia orquesta. Había nacido en Vevey, la misma ciudad de los productos Nestlé, pero Ginebra era el territorio más cosmopolita para tocar música francesa, rusa y suiza. Ante el avance imparable el repertorio germano, Ernest Ansermet (1883-1969) le dio al resto de los clásicos un instrumento para expresarse. Así nació la Orquesta de la Suisse Romande u Orquesta de la Suiza Francesa, como sería la traducción más cercana.

Han pasado 100 años desde que la centuria de músicos (originalmente eran 48) dio su primer concierto y las celebraciones incluyen una extensa gira mundial que tiene a Chile en el mapa por primera vez. Su director titular, el inglés Jonathan Nott (1962), será quien la conduzca el jueves 10 de mayo a las 20.00 h en el Teatro CorpArtes. "Nos sentimos orgullosos de traer por primera vez a Chile a la Orquesta de la Suisse Romande, justamente cuando cumple 100 años de existencia", dice la directora ejecutiva de CorpArtes, Francisca Florenzano. "Sumado a esta celebración, el programa incluirá Preludio a la siesta de un fauno, de Claude Debussy, quien este año también cumple un centenario de su muerte", agrega.

El concierto empieza con el citado Preludio de Debussy (1862-1918), luego viene el Concierto para chelo del checo Antonin Dvořák (1841-1904) y todo concluye con la Tercera sinfonía de Johannes Brahms (1833-1897), una de sus creaciones más populares.

"Cuando uno escucha o lee sobre la Orquesta de la Suisse Romande, a menudo se entera de que Stravinsky o Ravel estrenaron sus obras ahí", dice el director Jonathan Nott al teléfono desde su hogar de Inglaterra.

Vive en una iglesia reconvertida en casa y advierte amablemente que las gruesas paredes a veces interrumpirán la señal, lo que sucede a menudo. "En esta orquesta hay toda una tradición artística ligada a la que era la música moderna de principios de siglo XX, con mucho repertorio francés y ruso, que está en su ADN. Pero a mí también me encantan los experimentos. Tocar música de compositores franceses en orquestas alemanas y viceversa. Es un poco lo que haremos en Chile, a excepción de Debussy claro", explica Nott, que durante 16 años fue el titular la germana Orquesta Sinfónica de Bamberg, con la que ya visitó Chile en 2011.

Con una ingente discografía repartida durante más de 50 años, en los sellos Decca y Pentatone, la Orquesta de la Suisse Romande lideró durante mucho tiempo las mejores versiones de las obras de Debussy, Ravel y Stravinsky, pero también son muy apreciadas sus interpretaciones de los ballets de Tchaikovsky, auténticos tesoros del primer estéreo y del vinilo, en los años 50 y 60. Todos aquellos discos (reeditados en CD y en streaming) fueron conducidos por el legendario Ernest Ansermet. La tradición sonora francesa se irradió en el cuerpo de la orquesta y sobre aquel sonido, Nott tiene algo que decir. Para él todo parte con el idioma:

"La lengua francesa tiene diferentes capas que, a mi juicio, son muy sensibles a la música y especialmente a las sonoridades sin gravedad. Es muy sutil. Cuando hablas francés, lo sientes. Obviamente el sonido de la orquesta cambia de repertorio en repertorio y he descubierto que me gusta mucho esta sonoridad, esta manera de hacer que las notas floten en el aire" comenta. Pero además Nott, como muchos músicos de su generación, es enemigo de los patrioterismos y tradiciones vacías. Más bien cree en la ductilidad: "En esencia se trata de una orquesta de virtuosos, pero ha encontrado mundos sonoros y diferentes colores para cada repertorio en particular. Cuando uno piensa en Suiza y en esta ciudad, piensa en la Convención de Ginebra y el multiculturalismo. En este sentido la Orquesta de la Suisse Romande abraza las diferentes nacionalidades y la mezcla cultural".

Brahms, el joven

En su afán por borrar los prejuicios y alentar la libertad interpretativa, Jonathan Nott también quiere hacernos olvidar aquella solemne imagen musical de un Johannes Brahms grave y hasta irritable. En la última parte de su concierto dirigirá la Tercera sinfonía Opus 90 del músico de Hamburgo.

"Tendemos a interpretar a Brahms de una manera equivocada. Uno suele pensar en él como el viejo Brahms panzón y barbudo de las fotografías al final de su vida, pero también hay un Brahms joven, frágil y muy sensible. Nos tendemos a olvidar de ese lado del compositor y se lo suele interpretar en forma pesada, condenada, casi enfermiza: 'forte', 'più forte', 'fortissimo'. Lo que yo trato de hacer es justamente lo contrario. Es decir, volver a los orígenes, a aquel Brahms sensible de la juventud, mucho más delicado. Creo que debería ser escuchado y visto de esa manera", proclama Nott.

¿Y que hay sobre Debussy? ¿Tiene que ver con Brahms? Según Nott, sí. "Debussy es extremadamente sensual y eso nunca deja de sorprenderme. Pero además su música no me parece tan alejada del universo de Brahms. Hay una complejidad intelectual extremadamente alta y su forma es también muy complicada. Mi sueño es que en el concierto que daremos en Chile los mundos de Debussy, Dvořák y Brahms no suenen tan apartes, tan diferentes entre sí".

En el caso del Concierto para chelo de Dvořák, que contará en Chile con el solista francés Xavier Phillips, el director nacido en Solihull aplica los mismos principios que con Brahms: "Se lo interpreta comúnmente en forma pesada y pomposa, pero lo que a mí siempre me ha llamado la atención de la música checa (Dvořák era bohemio) es su carácter primitivo y natural. No podemos olvidar que se trata de obras 'cantabile', es decir que casi se pueden cantar, con mucha melodía. Eso pasa con toda la creación de Dvořák, pero también con la de Brahms".

Hombre de gran carisma y motivador por naturaleza, Nott también es director de la Junge Deutsche Philharmonie, la orquesta juvenil alemana, con la que se presentará el 8 de septiembre en el Teatro del Lago. Tocarán la Cuarta sinfonía de Brahms y la Primera de Mahler, nada menos: "Tocar con la Orquesta Sinfónica de Bamberg en Frutillar en el año 2011 fue una de las mejores experiencias de mi vida. Ver a todos esos chicos que nos miraban mientras interpretábamos la Sinfonía "Eroica" de Beethoven me impulsó a decirle al manager de la Junge Deutsche Philharmonie que fuéramos al Teatro del Lago. Es la orquesta ideal para presentarnos allá. Así es que de esta manera estaré dos veces en Chile en el mismo año ".

Con experiencia de sobra como director en orquestas del calibre de la Filarmónica de Berlín y la Sinfónica de Chicago, entre otras, Nott expresa su credo musical con claridad: "¿Qué es lo que hace un director de orquesta? En realidad, con el nivel de los músicos que hay ahora, pueden tocar hasta sin conductor. Por eso parte de mi labor es llevarlos más allá, tomar riesgos, estar en un lugar donde sientan que normalmente no están, hacerlos saltar del avión. Para eso se necesita mucha inspiración y, sobre todo, motivación. De alguna manera todo esto es muy desgastante y uno se quema como un volcán cuando dirige, pero es la única manera en la que concibo el oficio de la dirección de orquesta", asegura.

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