Marcela Said, directora de cine chilena: “Los hombres aún creen que son propietarios del cuerpo de las mujeres”

Foto: Reinaldo Ubilla

Desde París, la realizadora de Los perros repasa un episodio de acoso que sufrió a los 18 años, mientras estudiaba en la U. de Chile y un profesor de filosofía, Cristóbal Holzapfel, se le “tiró encima como un energúmeno”, escribió en Facebook. Hoy señala: “El caso de (Herval) Abreu es muy parecido a lo que me pasó a mí: se llama abuso de poder”.


Le subió el volumen a la radio: en París hablaban de las marchas y tomas feministas en universidades y colegios chilenos. “No saben lo que me alegra, qué ganas de estar ahí tomándome el Instituto Nacional”, escribió el martes en su cuenta de Facebook la cineasta local Marcela Said (1972). “Todavía recuerdo al imbécil del Instituto que me agarró el poto y por supuesto era la primera vez que me violentaban y me puse a llorar. Yo estudiaba en el Liceo 1. Caminar por las calles sola, tomar el metro era una osadía, sabía que algún tipo algo me iba a decir. Tenía incorporada la costumbre de cambiarme de vereda si veía un hombre caminar en mi dirección, no saben lo desagradable que puede llegar a ser, no eran piropos, eran vulgaridades que uno estaba obligada a soportar. Más tarde fueron efectivamente los profesores, y sí, algunos abusadores que recuerdo con nombre y apellido”, añadió.

Fueron casi 30 años de silencio, dice hoy, “fantaseando con aparecerme en su sala de clases”, cuenta Said al teléfono desde la capital francesa, donde la directora de Los perros (2017) se fue a vivir en 1996 y se casó con el cineasta y guionista Jean de Certeau, con quien dirigió su premiado documental El mocito (2011).

“El caballero en cuestión está lleno de títulos y doctorados, es Don CRISTÓBAL HOLZAPFEL OSSA (sic), filósofo, profesor de la Universidad de Chile, el mismo que nos obligó a llevarle una tarea a su casa, un departamento en una torre, creo que eran las torres de Tajamar y que se me tiró encima como un energúmeno”, se lee en el mismo comentario en su Facebook que, desde su publicación, ha sido compartido por más de 600 usuarios. “Le dije que me dejara tranquila, que a mí me gustaban las mujeres (para salvarme), entonces empezó a insultarme”, agregó.

Tenía solo 18 años, recuerda la realizadora, quien para la Feria Ch.ACO de este año mostrará, junto a Irene Abujatum, la instalación Eva, con testimonios reales de mujeres abusadas. “Yo estaba en la Facultad de Artes de la U. de Chile, estudiando Música. Tocaba y estudiaba piano en la Escuela Moderna, y pensaba que iba a ser profesora”, cuenta. “Era el primer año también que incorporaban otras cátedras a la carrera y llegó este profesor con su curso de Filosofía, que la verdad era bastante interesante y me gustaba mucho, pero luego nos dio una tarea y pidió a todos ir a dejársela a su casa. Es exactamente lo mismo que conté en Facebook, y de alguna manera creo que el caso de (Herval) Abreu es muy parecido a lo que me pasó a mí: se llama abuso de poder”, señala.

Marcela Said dice que a la mañana siguiente reunió a sus compañeros de curso: “Eramos pocos, unos 15 no más y muy pocas mujeres”, recuerda. “Les conté lo que había ocurrido y en un intento de liberarme y protegerme les dije que no iba a volver más a esas clases. Y no lo hice, y hasta creo que el profesor en cuestión se dio cuenta de lo que sucedía. Me pasó con un 4 de promedio y nunca más lo vi, ni siquiera sabía que seguía haciendo clases”.

¿Puso alguna denuncia en la universidad o la justicia?

No, no lo enfrenté ni fui a rectoría. Era la palabra de una niñita de 18 años contra la de un profesor reputado, ¿no? Además, yo peso 50 kilos, o sea, de verdad es fácil dejarme inmovilizada. Si alguien se me tira encima probablemente tenga que acceder por miedo a salir más dañada, pero no significa que esté consintiéndolo. Y ahora, pensándolo hacia atrás en el tiempo, si esto pasara en 2018 seguramente pediría a mis compañeros que fuesen solidarios y abandonaran el aula. Los hombres son muy importantes en esto, y quienes lo entiendan tienen el deber de contarles y hacerles saber a los otros cómo comportarse. Pienso mucho en el caso de la alumna de Derecho de la U. de Chile (Sofía Brito) que denunció a su profesor (el expresidente del Tribunal Constitucional Carlos Carmona, suspendido por tres meses de su cargo), y no sé si sus compañeros se rieron o si tuvo que salir o si la defendieron. No sé lo que ocurrió ahí, pero me gustaría.

¿Por qué decidió sacar a la luz este episodio entonces?

La noche en que escribí mi testimonio no fue por “venganza” ni para que lo lincharan, porque ya no siento ni un ápice de odio ni rabia. Lo hice como una forma de testimoniar sobre los abusos que ocurren gratuitamente al interior de las universidades y el abuso de poder que ejercen profesores hacia sus alumnas. Es bueno dar testimonio de estos casos, porque permite a otras personas decir ‘a mí también me pasó’. Es una manera de legitimar también las tomas, que vienen incubándose hace mucho en Chile y algún día iban a explotar.

¿La contactaron de la U. de Chile ahora que contó lo sucedido?

No, solo me escribieron dos alumnas de Filosofía de la misma universidad, contándome que al parecer hay más denuncias en contra de este sujeto y que las están investigando por sus medios. Una me agradeció por haber declarado, pero nosotras en este tiempo, me dice, somos más fuertes que lo que tú fuiste. Y lo entiendo, porque el silencio termina protegiendo a los abusadores.

Usted vive en Francia hace varios años, ¿cómo ha repercutido allá el movimiento feminista chileno?

Lo que antes se hablaba aquí de la Revolución Pingüina, hoy se habla del movimiento feminista chileno. La noticia ya apareció en Le Monde, El País y va a seguir apareciendo, porque a Europa le llama mucho la atención la fuerza de la lucha feminista en Chile. En Francia se está discutiendo la ley para que la violación pase de ser un delito a crimen, a partir del caso de una niñita de 13 años que fue violada por un mayor de edad, y el tribunal solo le dio una pena menor. En Chile es distinto, porque la lucha no es solo por los acosos ni por los protocolos en universidades, es una lucha mucho más grande y que tiene que ver con el comportamiento en general de la sociedad respecto de la mujer. Allá los hombres aún creen que son propietarios del cuerpo de la mujer y, lo que es peor, hay mujeres que creen que sus maridos son propietarios de sus cuerpos. El cuerpo es suyo, y si quieren mostrar las tetas es asunto suyo. Pero hacer entender a esas mujeres que fueron educadas de otra manera es complicado, por eso es que esto está siendo violento y pronostico que lo que pueda venir lo sea aún más.

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