Tom Wolfe: el señor de los excesos

Desde la década del 60, Tom Wolfe residía en la ciudad de Nueva York, EEUU.

Conocido como el padre del Nuevo Periodismo, el autor estadounidense falleció el lunes a los 87 años, en Nueva York. Polemista, referente cultural y retratista de sueños y miserias de una sociedad en crisis, debutó en la novela a los 57 años, con La hoguera de las vanidades.

Desde la crónica de un carrusel, la gira en bus de una banda de drogadictos, hasta los detalles de una manifestación contra los ataques de la guerra de Vietnam. Cualquier historia tenía méritos para ser contada y leída por todos: el valor estaba en su narración. Es lo que creía Tom Wolfe, quien hizo una selección de artículos de no ficción y con un ensayo inicial publicó el libro El nuevo periodismo, en 1973. Por entonces llevaba una década como uno de los pioneros en el uso de técnicas literarias para los trabajos periodísticos y vistiéndose con trajes blancos en Nueva York.

“La Novela parecía el último de uno de aquellos fenomenales golpes de suerte, como encontrar oro o extraer petróleo, gracias a los cuales un norteamericano, de la noche a la mañana, en un abrir y cerrar de ojos, podía transformar completamente su destino”, apuntó Tom Wolfe con ironía al inicio de ese volumen, en su afrenta contra los escritores norteamericanos. El título incluyó una selección de texto, entre otros, de Gay Talese, Joan Didion y Hunter S. Thompson.

Crítico, ácido, exagerado, el periodista y escritor Tom Wolfe falleció el lunes, a los 87 años, debido a una neumonía, en Nueva York. El señor de los excesos introdujo en el periodismo técnicas de la novela, que se convirtió en una corriente de gran influencia dentro del oficio, mientras disparaba contra narradores como John Updike, Norman Mailer y John Irving.

Uno de los referentes culturales de las últimas décadas, que llevó al papel las miserias y convenciones de la sociedad estadounidense, recordó hace cinco años su propio debut en la novela con La hoguera de las vanidades, en 1987. Publicada inicialmente como una serie en la revista Rolling Stone: “La gente acusa a los escritores de no ficción de no atreverse a cruzar la gran meta, que es la de la novela… Tenía 57 años y nunca antes había pensado en una novela, pero tuvo un éxito tan inesperado y gané tanto dinero que me dije: ‘¡Dios, tengo que volver a hacer esto otra vez!’”.

La historia que narra la caída de Sherman McCoy, un exitoso corredor de la bolsa de Nueva York, padre de familia, quien mantiene una relación paralela con una mujer casada con quien se pierde en las calles del Bronx y atropella a un chico negro, fue adaptada al cine por Brian De Palma en 1990, con las actuaciones de Tom Hanks, Bruce Willis, Melanie Griffith y Morgan Freeman.

Mundo en ruinas

Nacido en 1931, fue criado en Richmond, Virginia. Hijo de un agrónomo y una diseñadora, Tom Wolfe estudió Literatura en Washington y se doctoró en Filosofía, en 1957. Entonces con 26 años ya escribía artículos de prensa y al poco tiempo fue contratado por The Washington Post. Pero vendría el salto mayor y el inicio de la leyenda con su llegada a Nueva York, a comienzo de los 60, para trabajar en medios como Esquire y The New York Herald Tribune.

El retrato de una humanidad subterránea, que arrastraba miedos, racismo, adicciones, era descrita por la pluma de Tom Wolfe. Así fueron apareciendo reportajes sobre escándalos en Las Vegas; consumidores de LSD que veían en su líder el rostro de Cristo; cómo se desarrollaba la cultura automovilística en California; el lado menos conocido del compositor y director de orquesta Leonard Bernstein, quien celebraba fiestas con los Panteras Negras, o la rutina de un gigante como Muhammad Ali.

El estilo de Wolfe, marcado por los excesos verbales, la puesta en escena de muchos diálogos y modismos, derivó en acuñar frases que se hicieron famosas, como las emblemáticas “The Me Decade”, o “Radical chic”, para referirse a los liberales pretenciosos. “Como campeón de la extravagancia, no tiene comparación en el mundo occidental”, apuntó Joseph Epstein en The New Republic.

“No tengo ni idea de quién concibió la etiqueta de ‘El Nuevo Periodismo’ ni de cuándo fue concebida”, escribe Wolfe al comienzo de El nuevo periodismo. “Seymour Krim me dijo que la oyó por primera vez en 1965, cuando era redactor-jefe de Nuggel y Peter Hamill le llamó para encargarle un artículo titulado ‘El Nuevo Periodismo’ sobre gente como Jimmy Breslin y Gay Talese”, agregó.

La libertad que ofrecía el Nuevo Periodismo derivó también en vicios; así lo dijo Wolfe al diario El País en 2014: “El abuso de la primera persona del singular. Un fallo que yo mismo he cometido. Pero a menos que seas una parte de la trama, creo que es un error escribir en primera persona”.

El escritor mantenía 36 trajes blancos en su closet. Indumentaria a la que sumó con los años un sombrero y un bastón. Hace una década, en 2008, asistió a la Feria del Libro de Buenos Aires, en Argentina. Ante mil personas habló de la sociedad estadounidense, en un discurso que involucraba a Paris Hilton, Monica Lewinsky, Tocqueville y Nietzsche.

“En mi opinión, hay algo tonto en un hombre que viste un traje blanco todo el tiempo, especialmente en Nueva York”, dijo a fines de los 80 Norman Mailer, con quien Wolfe mantuvo siempre rivalidad. Era la pugna entre el artista y el reportero.
Conflicto que surgió otra vez en 1998, cuando Wolfe publicó su segunda novela, Todo un hombre, protagonizada por un millonario del rubro inmobiliario de Atlanta que enfrenta la bancarrota.

“Sigue siendo entretenimiento, no literatura, incluso literatura en una modesta forma de un aspirante”, dijo entonces John Updike. Mientras que Mailer comparó la lectura con hacer el amor con una mujer de 300 libras: “Una vez que llega a la cima, todo termina…”.

Hace cuatro años, cuando Wolfe fue consultado por Mailer, fallecido en 2007, dijo: “No fui lo bastante mezquino con él. Hice todo lo que pude para serlo más, pero creo que no fue suficiente”.
Sin duda, material de esa disputa debe haber entre sus papeles distribuidos en 190 cajas. Hace tres años su archivo fue adquirido en US$ 2 millones por la Biblioteca Pública de Nueva York.

En ficción, Wolfe publicó dos novelas más: Soy Charlotte Simmons (2004) y Bloody Miami, en 2012. Esta última es una radiografía de la ciudad donde abundan los latinos. Un lugar “en el que todo el mundo odia a todo el mundo”, aseguró su autor. Pero en honor a su oficio, su libro final fue The kingdom of speech (2016), una feroz crítica a las teorías evolutivas y sociales de Charles Darwin y Noam Chomsky.

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