Xavier Legrand, cineasta francés: “No existen los crímenes pasionales, sino que los asesinatos de mujeres”

Miriam (Léa Drucker) y Antoine (Dénis Menochet) son los dos padres de Custodia compartida (2017), filme de Xavier Legrand premiado en Venecia.

El ganador del premio a Mejor director en el último Festival de Venecia cuenta detalles de Custodia compartida, la recién estrenada película sobre un padre violento y sus víctimas.

Antoine Besson, un padre de familia divorciado y corpulento como un oso, se irrita con facilidad. La jueza acaba de dictaminar que tiene derecho a llevarse a su hijo a casa semana por medio, pero su esposa tiene temor a que él estalle en cualquier momento. El chico, que se llama Julien, ha heredado los rasgos más finos de la madre y también cierta terquedad que a Antoine lo supera. Aquella mañana Julien sube al auto y titubea en ponerse el cinturón de seguridad ante las palabras y luego los gritos de su padre. Miriam, la madre, lo mira por la ventana y teme lo peor. El espectador, que participa con la misma crispación, también cree que la bomba que es Antoine le explotará en la cara al pequeño Julien.

En aquella simple escena, donde todo es directo y sin música añadida, se resume la urgencia de Custodia compartida, película ganadora del León de Plata a Mejor director en el último Festival de Venecia. El largometraje del realizador francés Xavier Legrand (1979), que se acaba de estrenar este jueves en las salas chilenas, es un heredero del cine de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne (El niño), pero además es un correlato vigoroso de la violencia doméstica en los hogares de Francia y, por extensión, del mundo.

Con las actuaciones de Léa Drucker como la madre Miriam, Thomas Gioria en el rol del hijo Julien y Denis Ménochet como el padre Antoine, Custodia compartida indaga en la angustia y hasta el horror que puede provocar la violencia de un tipo fuera de sus cabales. El debutante Xavier Legrand, que tiene una trayectoria previa como actor, no anda con rodeos y toma partido por las mujeres y los niños, que son casi siempre las víctimas del desquicio masculino.

En esta película en particular, el celoso incorregible Antoine hostiga a su propio hijo de 10 años para saber en qué anda su ex esposa. No soporta que eventualmente tenga otra pareja.

La película fue toda una revelación en el Festival de Venecia 2017, donde La forma del agua de Guillermo del Toro se llevó el León de Oro y Tres anuncios por un crimen de Martin McDonagh, el premio a Mejor Guión. En compañía de aquellos nombres , Legrand fue el gran hallazgo. Desde París, responde a La Tercera acerca de un filme que ha provocado debates y discusiones en su país.

Ud. ha dicho que en Francia, una mujer muere asesinada cada dos días y medio. Es una cifra similar a la de Alemania, ¿por qué sucede esto en un país desarrollado?

Porque nuestra cultura fue fundada en el vínculo de la sangre. La sangre vertida por los hombres en la guerra siempre fue considerada pura. En cambio, la sangre que ha perdido la mujer es impura. La relación de hombres y mujeres está construida sobre aquel principio. Luego está el hecho de que la mujer es quien da a luz a los hijos y así como sabemos que la sangre de ambos es la misma, no tenemos claridad si la del padre lo es. Para asegurarse de una eventual infidelidad, el hombre ha creado códigos a su medida: el matrimonio, la normativa que impone el apellido del esposo a la mujer, la noción de que él es el jefe de la familia. Quiero decir que a partir de estos conceptos el hombre se ha formado la idea de que la mujer le pertenece.

¿Y cómo se relaciona aquello con los crímenes conyugales?

Estos crímenes están permeados por todos estos símbolos, valores y significados del modelo patriarcal de familia. Es muy revelador que en la prensa francesa los periodistas utilicen aún la jerga asociada a la locura y los celos cuando describen estos delitos. Aquellos artículos aún tienen un sabor indigesto y amargo que nos habla de “crímenes de pasión”, como si hubiera un sentimiento de amor por medio. Yo digo que no existen crímenes pasionales, sino que asesinatos de mujeres. Lo que sienten estos tipos es muy simple: “Si me abandonas, te mato”. No tengo la menor idea dónde puede haber amor.

¿Por qué eligió empezar la película como un drama y cambiar de género y pasar casi al terror?

Quise ir desde el drama social hasta prácticamente el horror, utilizando el thriller. Algunas decisiones judiciales pueden llevar a las familias a situaciones terroríficas, como pasa en la película. La pregunta era entonces, ¿cómo pasar de la primera imagen de la película, que es una corte, hasta la última, en una tina de baño? Mientras investigaba para el guión, algunas mujeres me contaron historias que eran auténticas películas de suspenso. El miedo está en el corazón de la violencia familiar y doméstica. Pero para introducir el thriller en el drama hay que ser cuidadoso, no puede parecer falso. Traté de reinventar el género y crear un “thriller doméstico”, con sonidos de la realidad y sin caer en la tentación de usar música para atrapar al espectador. La tensión proviene del tiempo que pasa, de los silencios, del clima anímico y no de un montaje acelerado con banda sonora.

En algún momento, la abogada de Antoine dice que “un mal esposo no necesariamente es un mal padre”, ¿qué opina?

Tiene que ver con el poder de las palabras y de cómo estas influyen en la realidad. En Francia se habla de “violencia conyugal” en vez de “violencia doméstica”, como si estos actos estuvieran estrictamente dirigidos hacia la pareja y no tuvieran nada que ver con la paternidad. La pregunta es entonces: ¿puede un esposo abusador ser un buen padre? Yo creo que si alguien elige la violencia para tratar a otra persona ya está descalificado para ser un buen padre. Sin embargo, nuestros jueces siguen creyendo en lo contrario. En la medida que nuestra sociedad siga pensando así, no podremos avanzar en la protección de los niños.

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