A corazón abierto

Chile visita a Brasil con la obligación de sumar un punto para aspirar a Rusia 2018. Pizzi se la juega por Aránguiz. Ayer lo hizo entrenar con los titulares.


¿Por qué Chile llega al cierre de las Eliminatorias sufriendo? ¿Cómo una Selección alabada por todo el mundo se juega su pase al próximo Mundial en el sitio más difícil, la casa de Brasil? A esta altura ya da un poco lo mismo cuando se está en la antesala del partido más importante de la década para esta denominada Generación Dorada. Donde no sólo está en juego el orgullo deportivo, sino que además algo a lo que muchos de estos jugadores no están acostumbrados: el fracaso.

Ahora este grupo debe salir con vida del Allianz Parque y escribir un último capítulo heroico. Eso significa rescatar al menos un punto para no depender de nadie y asegurar al menos el repechaje. Con un poco de suerte, incluso, un empate podría darle a Chile la clasificación directa. Ni hablar de una victoria. Eso prácticamente lleva a la Selección en vuelo directo a la Copa.

Es cierto, todos tienen derecho a soñar, viendo los antecedentes de la Roja. Ahora, la realidad también indica que Brasil jamás perdió un partido de Eliminatorias en su historia como local. Que de la mano de su actual técnico, en 11 partidos en su camino a Rusia, sólo igualó uno, ante Bolivia la semana pasada. Que ante la Selección sólo sabe de triunfos por Eliminatorias jugando en casa. Pero quizás si el antecedente más importante para sopesar el desafío que tiene Chile es que hoy por hoy, la escuadra verdeamarelha es posiblemente la mejor selección del mundo. Y a la luz de lo que han dicho sus jugadores, no van a regalar nada.

En ese particular escenario numérico y futbolístico, Chile además presenta problemas que proyectan una tarea compleja. El equipo no tiene la frescura ni la sincronización que mostró, sin ir más lejos, en la Copa Confederaciones. Fue como si aquel partido con Alemania hoy fuese imposible. No sólo por el presente de la Selección, sino también porque no están los intérpretes más importantes. Por distintas razones Pizzi no cuenta del todo con los tres motores principales del mediocampo, como Díaz, Vidal y Aránguiz.

Aunque Pizzi todavía espera al Príncipe, quien quiere jugar como sea (ver página 34). Ayer de hecho, Charles fue probado con los titulares en la última práctica previa al trascedental compromiso. La incertidumbre se mantiene: físicamente Aránguiz está muy lejos del 100%, pero el cuerpo técnico tomará la decisión final esta tarde. En caso de que no llegue, Silva, Hernández y Gutiérrez formarán un trío detrás de Valdivia.

Si Gutiérrez juega, intentará cumplir la misma función de Vidal, aunque recostado por la izquierda, moviendo al Tucu a la derecha, para dejar a Valdivia como el volante más libre, siempre cerca de los dos delanteros. La idea del 4-3-1-2, con jugadores en el mediocampo más de posesión, es intentar tener la pelota la mayor cantidad de tiempo. Aunque vale aclarar que enfrente estarán posiblemente dos de los mejores volantes de la actualidad: Casemiro y Paulinho.

Pero Pizzi no quiere renunciar a su idea. Nunca fue amigo de las revoluciones tácticas ni de improvisar. Por eso se la está jugando con Aránguiz, quien toma ventaja para estar entre los titulares. La definición será hoy. Lo que está claro es que ayer el volante aguantó bien la exigencia.

¿Hay esperanza? Siempre. Sobre todo mirando lo que ha conseguido buena parte de este grupo. La idea de agrandar la leyenda de este grupo es más grande que cualquier obstáculo que se presenta, creen los jugadores. ¿Cuál será la versión de Chile que se verá en el Allianz Parque? Ojalá no sea ninguna de los últimos tres partidos en las Eliminatorias porque ahí las chances futbolísticas se reducen al mínimo.

¿Cuándo salió la calculadora del baúl de los recuerdos? Da lo mismo. Escarbar en el pasado reciente no soluciona todos los problemas futbolísticos que arrastra Chile en el tramo final de las Eliminatorias. Todo queda resumido a 90 minutos. La posibilidad de escribir un último capítulo dorado en esta década inolvidable depende de este grupo de jugadores. Aún cuando la historia esté contra ellos. Siempre hay una primera vez. Y la Roja quiere demostrarlo.

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