Católica está enferma


Si hay algo que no se le puede discutir a Mario Salas es su constante intención de salir adelante de los problemas. Prueba esquemas, pone y saca a jugadores, los ubica en un puesto, en otro, al tiempo que mantiene su discurso positivo.

Otra cosa muy distinta es que eso produzca el efecto deseado, que se consigan resultados y que el equipo exhiba signos de mejoría. Lo que no ocurre. La irregularidad y la falta de claridad ha perseguido a los cruzados en los últimos dos torneos, más allá de que en el último acabaran cuartos.
Todo lo bueno que los llevó a conseguir dos títulos consecutivos -inéditos en la historia del club- se ha desvanecido. Hoy la UC es una escuadra desdibujada, que deambula intentando reconstruir su ADN. Posee escaso vuelo individual y colectivo, además de muy pocas variantes para creer que puede sortear, en el corto plazo, su actual momento.

La solución que buscó al ubicar a Diego Buonanotte como referencia de área luce más contras que pros. El argentino sigue como el elemento diferenciador de su conjunto, pero metido entre los centrales rivales pierde protagonismo y, sobre todo, quien lo abastezca. Entonces, lo poco que recibe el volante devenido en atacante lo obliga a retroceder a su posición habitual y los cruzados se quedan sin un hombre que trate de definir.

Con todo eso, la Católica pierde en el armado y llegar al arco contrario se transforma en una empresa doblemente complicada, porque Carlos Espinosa suele verse superado cuando, en circunstancias como las actuales de su equipo, debe asumir el peso del armado. El remedio termina siendo tan malo como la enfermedad, en definitiva.

Las redes sociales se inundan de comentarios que piden la cabeza de Mario Salas. Un triunfo en siete fechas y su ubicación en la parte baja de la tabla, son el justificativo de los fanáticos. Olvidan los recientes éxitos del técnico y que maneja un presupuesto más bien escuálido para su condición de equipo “grande”.

Pero es cierto que en el fútbol la memoria es frágil, a lo que ayuda un fútbol que este año ha entregado más frustraciones que festejos.

Y eso es como las alergias en primavera: molestas, desagradables y para las que se busca incesantemente el remedio que acabe pronto con ellas. El domingo, frente a Colo Colo, los cruzados tienen la opción de encontrar el paliativo a su larga enfermedad, aunque no se trate de la cura. De lo contrario, sostener el status quo en San Carlos se volverá imposible.

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