Como Jorge por su casa

El Mago volverá al Allianz Parque después de poco más de dos años. El estadio que albergará el duelo ante Brasil lo acogió en su último tramo en Sao Paulo. No hay rastro del volante por el lugar.


El 17 de agosto de 2015, casi cuarenta días después de consagrarse campeón con Chile en la Copa América bajo la conducción de Jorge Sampaoli, Jorge Valdivia selló su adiós definitivo de Palmeiras. Su segunda etapa, sin la misma trascendencia de la primera, con disputas públicas con el presidente y el departamento médico, acababa con un mensaje del futbolista, mezcla de agradecimiento y autocrítica: “Gracias y lo siento”.

A esa altura de su carrera, como confesó el padre del futbolista en plena Copa América, Valdivia quería bajar un cambio y comenzar a disfrutar del fútbol. Las lesiones le habían quitado brillo a su regreso al Verdao, donde no pudo repetir los éxitos personales y colectivos de su primera etapa. Por ello aquella confesión del propio Mago antes de regresar a Medio Oriente: “El mensaje es darles las gracias por todo este tiempo y la paciencia. Y también lo siento por las veces que me equivoqué. Pero valió la pena todo el sufrimiento que pasamos jugando en la Serie B, y el año pasado cuando casi se desciende de nuevo”.

Desde aquella partida, casi en silencio, sin mayores manifestaciones de cariño de los hinchas, ya pasaron casi dos años. Y Valdivia nunca había regresado a Sao Paulo. Hasta mañana, con la Selección. El destino quiso que su vuelta fuese precisamente en el Allianz Parque, la nueva casa de Palmeiras, su ex club. Alcanzó a jugar nueve meses en el recinto que reemplazó al antiguo Palestra Italia.

“Acá hubo mucha expectación el año pasado con una posible vuelta al club. Pero los torcedores estaban divididos, porque en su segunda etapa estuvo muy lesionado. Fue la última chance de tenerlo de vuelta”, recuerda Casio, que trabaja en la tienda del club en la Rua Augusta. Allí en el local, curiosamente, no hay ninguna fotografía del Mago. Sólo aparecen viejas glorias del Verdao. “Quizás debió estar. Pero eso ya lo decide el club”, agrega el vendedor.

En julio de 2006, Valdivia aterrizó por primera vez en Sao Paulo. Después de varias semanas aguardando la visa de trabajo, pudo hacer su debut oficial un mes después. Y de inmediato se ganó el cariño de los torcedores. No sólo llevó al club a ganar el torneo Paulista, sino que además sus actuaciones le permitieron integrar el Equipo Ideal de América. Todo iba de maravilla en la vida del Mago y su familia en Brasil, que ocupaba un cómodo departamento en el séptimo piso de un moderno edificio, ubicado muy próximo al estadio de Palmeiras.

La imagen de Valdivia en Brasil estaba por las nubes, pese a que algunas de sus actitudes dentro de la cancha le hacían ganarse la animosidad de los torcedores rivales. “De algún modo era un poco provocador. Sus hinchas lo amaban, pero el resto no lo soportaba. Incluso se decía que los rivales lo buscaban para lesionarlo”, cuenta Ana Thais, periodista de radio Globo y quien sigue de cerca a Palmeiras. La reportera enseguida agrega: “Seguramente el martes habrá muchos aplausos para Jorge en el estadio. Más allá de que su segunda parte en el club no fue la mejor, la gente todavía lo recuerda con cariño”. También Gabriel Jesús, hoy rival, que dice que aprendió del chileno como futbolista y como persona cuando compartieron camarín en Palmeiras.

Su salida en 2008 a Emiratos Árabes no mermó el romance entre el jugador y el club. Dos años después, el club pagaría casi US$ 10 millones para repatriarlo. La idea era repetir los éxitos de la primera etapa. Sin embargo, todo empezó a salir mal de inmediato. Dentro y fuera de la cancha. El aura comenzó a desaparecer. El club perdió la categoría en 2012, con Valdivia además con poca participación por las lesiones que empezaban a acompañarlo. Aunque un año después conseguiría el ascenso, sus músculos seguían pasándole la cuenta. Al punto que decidió contratar a Amador, el ex fisioterapeuta de Sampaoli, para mejorar su estado físico de cara al Mundial de Brasil. Entonces, la algarabía del comienzo empezó a dar paso a los primeros reproches. Por primera vez perdía la unanimidad de su afición.

Pero lo peor no pasaría en torno al fútbol. En junio de 2012, el Mago y su señora sufrieron un secuestro express. Aunque el tema no pasó a mayores, las horas que estuvieron retenidos sin duda que marcó un antes y un después en la vida de la familia Valdivia-Aránguiz. “Ahí Jorge comenzó a pensar seriamente en irse. Pero la verdad es que ya traía muchos problemas. De hecho, estaba instalado en Brasil que simulaba lesiones para no jugar. Igualmente, desde ese momento, ya nunca fue lo mismo”, cuenta Eduardo Graque, periodista del diario Folha do Sao Paulo.

A diferencia de 2014, cuando Valdivia vino con Chile al Mundial, ahora su presencia pasa casi desapercibida para los torcedores. Su arribo al hotel fue en silencio. Quizás si eso es un factor en favor de la Roja, que necesita a todos concentrados en el partido. Y para Valdivia, un aliciente para demostrar que sigue vigente justo en la casa que lo cobijó por siete años de su carrera.

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