La Tercera

Curicó de Primera

Los de la Séptima Región vencieron a O'Higgins por la cuenta mínima y permanecerán en la división de honor del fútbol nacional.

Era la última oportunidad. La alegría o la frustración. Curicó recibía a O’Higgins para cerrar el Transición con una meta clara: sumar tres puntos para no depender de nadie más para mantenerse en Primera División.

Y se notó desde el principio. Los de Luis Marcoleta no especularon y buscaron de entrada el desequilibrio. Con la habilidad e inteligencia de Ábalos, que se recostó sobre el sector izquierdo del mediocampo, más los chispazos de José Luis Silva y Martín Cortés, los de la Séptima Región se instalaron en campo contrario y acorralaron a un cuadro rancagüino timorato, que perdió demasiado sin el suspendido Alejandro Márquez, y que no tuvo ni peso ni claridad en ofensiva.

La ventaja llegó rápido. Una desinteligencia en las coberturas de la zaga visitante propició el espacio para que Silva habilitara de cabeza a Ábalos que, con un sutil toque de derecha al segundo palo, rompió la paridad y le dio aire a una angustiada parcialidad local.

Tras la apertura del marcador, siguieron dominando las acciones y justificaron la ventaja con una amplia superioridad en el juego.

En el complemento, el amor propio de los de la Sexta Región les levantó la moral y, a base de fuerza y empuje, lograron forzar el retroceso local que, a pesar de todo, no dejó de batallar y se esforzó al máximo para cuidar la ventaja que los mantenía en la máxima categoría.

No duraría mucho el ímpetu celeste tampoco, ya que la ausencia de ideas terminó devolviéndole el dominio a los albirrojos, que sobre el final encontraron de contragolpe las mejores ocasiones de gol.

A medida que se acercaba el final del partido, la efervescencia de la hinchada aumentaba, pero en la cancha los nervios crecían. Los pases que al principio salían bien, ahora se iban largos. Lo mismo con los remates al arco. A esas alturas el juego importaba poco. No había tiempo para líricos ni complicaciones innecesarias. Había que aguantar y lo hicieron bien. Siguieron tocando, quemando el tiempo y aferrándose a la permanencia.

Así, hasta el término. Respirando aliviados tras cada instante transcurrido. Esperando el pitazo final bajo el ritmo de “el Curi es de primera” entonado con fuerza en la tribuna. Curicó cumplió y se quedó en el fútbol grande.