El díscolo del rugby

Autor: Nacho Leal

Bernard Charreyre, head coach de Chile, analiza el presente y futuro del deporte en el país. “Quiero enseñarlo en los barrios pobres”, asegura.

Diez y 30 de la mañana y el timbre de una llamada telefónica irrumpe en Deportes: “Buenos días, quiero hablar con ustedes algo muy importante. Es sobre lo que consiguió la selección de rugby M20 en el mundialito de Uruguay”. Al otro lado del teléfono, Bernard Charreyre (67), el excéntrico head coach de la Federación de Rugby, solicita un momento para narrar los pormenores de la última hazaña chilena, un quinto puesto en el World Trophy que se desarrolló en Montevideo y Maldonado. Pese a su marcado acento francés, después de cinco minutos de conversación nos enteramos de que se trataba del mismísimo entrenador galo abriéndose al diálogo. Una ironía en estos tiempos.

Pero el Pequeño Napoleón quiere hablar. Necesita vaciar todas las conclusiones tras un campeonato en el que Chile fue brillante. “Caímos frente a Japón porque nos falta experiencia y ante Namibia, pero sobre el final”, asegura. Los otros dos partidos, contra Canadá y Fiji, la Selección se impuso con un juego dinámico y aguerrido. “La capacidad de pasar de la fase de ataque a la de defensa, lo más rápido posible, es la clave del rugby moderno. Eso, y no tener ruptura en el movimiento”, explica el ex head coach de las selecciones menores de Francia, Rumania (a quienes llevó por primera vez a un Mundial, en 2003), Costa de Marfil, Túnez o la provincia de Tucumán, entre otras.

Foto: Marcelo Segura.

Foto: Marcelo Segura.

“Estoy maravillado con la actitud de los chicos. En Sudamérica el rugby sigue siendo un deporte aguerrido y los jugadores se matan por él. Tuvimos una concentración en Argentina, la que cada jugador se costeó por completo. Eso en Francia jamás ocurriría”, dice. Esa pasión es la que aún lo ata a Chile.

El entrenador cree que esta generación puede entregar buenos resultados futuros al país. Su libro de cabecera es El rugby de movimiento, que su compatriota René Deleplace publicó en 1979, y asegura que la única forma en que el juego chileno mejore es entender el dinamismo entre la defensa y el ataque. “La defensa es la clave del ataque en el rugby y ahí Chile estuvo muy bien”, dice sobre sus pupilos.

Además, elogia el trabajo de Marcelo Arancibia, Jorge Alvarado y Fredy Rojas, quienes se encargaron de explicar las distintas fases del juego a la selección desde principios de este año.

Charreyre llegó al país a mediados del año pasado para asumir por completo el área técnica de las selecciones de rugby quince. En aquella época, se encontró sin un proyecto claro en la Federación y hoy la historia no ha cambiado mucho. “No hay proyecto en la Federación. He presentado uno y no me han contestado. No hay nada”, asegura.

Pero con los chicos ve un futuro. El rugby en Chile es impartido en colegios y clubes, repartidos mayoritariamente entre Santiago, Viña del Mar y Concepción. “¡Pero tuve sólo a tres seleccionados de regiones, eso no puede ser!”. A su ojo, la falta de centros de entrenamiento regionales es uno de los obstáculos más grande para el desarrollo de la ovalada en el país. “En Francia, el rugby se juega en todos lados. Yo jugaba en Perpiñán en la plaza, con los chicos de mi barrio, y luego continué en mi club. Aquí no está eso, pero te aseguro que si lo hubiese, Chile sería mejor”.

Ese concepto, desde su perspectiva, no sólo tiene que ver con el aspecto deportivo. “El rugby entrega valores que no encuentras en ningún otro deporte, porque para llegar al ingoal rival no lo haces solo, si no que necesitas a tus 15 compañeros”. Y no se queda ahí: “Quiero ir a enseñar rugby a las comunas más pobres, porque estoy seguro de que ahí encontraremos talentos y, además, mejoraremos esta sociedad”.

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