Dada la falta de jerarquía que han demostrado los deportistas llamados a ser las grandes figuras de estos Juegos, lo de Marcel Hirscher se agradece. En ninguna de las cuatro bajadas que ha hecho el austriaco en Pyeongchang (dos por cada competencia) ha defraudado. La presión no es factor en su rendimiento y ayer lo volvió a demostrar. Se quedó con el oro en el eslalon gigante. Apabullante. Con más de un segundo de diferencia sobre el noruego Henrik Kristoffersen, quien era su principal amenaza.

Su primera bajada la hizo en el quinto turno, el primero de los favoritos en participar. Cronometró 01'08"27, sobrepasando los 100 kilómetros por hora en todos los controles y casi acostándose en la nieve en las curvas. Pareció que no tenía control sobre su pasada y que terminaría cayéndose o saliéndose de la pista. Pero era todo lo contrario: una técnica inmejorable y una velocidad premeditada. A falta de 105 participantes, ya era seguro que tendría la mejor marca en el recorrido inaugural. Kristoffersen no estuvo ni cerca: terminó décimo a más de un segundo (01'09"58).

La verdad es que el noruego nunca tuvo chance alguna frente a la perfección del austriaco. Lo que lo hizo creer lo contrario fue que la segunda bajada la hizo en el turno 21, nueve antes que Hirscher. Y durante ese lapso fue líder. Celebraba tras cada participante que hacía su última pasada y no lograba superarlo. Es que en esa decena, entre el 20 y el 30, estaban todos los favoritos. El italiano Riccardo Tonetti, por ejemplo, quien no se negaba a quedar fuera del podio. Tomó los mismos riesgos que Hirscher, pero no con la calidad del campeón olímpico. Terminó saliéndose de pista y , por lo tanto, descalificado.

La celebración más eufórica de Kristoffersen fue cuando pasó el francés Alex Pintarault en el turno 29, pues aseguraba al menos la plata, ya que el galo (bronce) quedó cuatro centésimas por encima. La siguiente pasada era la de Hirscher.

A diferencia del resto, que gritaba y se movía antes de partir, él estaba tranquilo. Repitió la técnica y aumentó la velocidad. Al borde de los límites en un par de curvas, cerró su segunda bajada con 01'09"77. En la sumatoria de ambos recorridos, quedó 01'27" por debajo del tiempo de Kristoffersen, quien recibió a su verdugo con un abrazo al final de la bajada.

Así, el europeo consiguió su segundo oro en los Juegos. Ya se había quedado con el combinado en la tercera jornada.

Y pueden ser tres, pues aún le queda competir en el eslalon, el próximo martes, competencia en la que ya fue medallista de plata en Sochi. Y adivine: es el máximo favorito. Condición que, por lo visto, no le pesa en absoluto.

Después de los favoritos, participaban aquellos con objetivos más tímidos, como Kai Horwitz. El chileno quería estar entre los mejores 50. Completó su primera bajada en la posición 47, pero en la segunda fue víctima del Dragon Roll, la parte más difícil del camino, que consiste en dos curvas muy cerradas que están a diez metros de distancia una de la otra. Ahí se salió de pista y terminó descalificado, en un resultado que, lamentablemente, ya no es novedad entre los esquiadores alpinos nacionales que están compitiendo en Pyeongchang.