El relato de una goleadora deportada

Macarena Ramos, figura de las Marcianitas y del Benfica, fue retenida durante 48 horas en Frankfurt y luego deportada a Chile por un supuesto problema con su visa. Horas traumáticas y de angustia en las que no la dejaban ni ir al baño. Con 20 años, su sueño es seguir creciendo y consolidar su carrera en el primer mundo del hockey.

Macarena Ramos fue la gran figura de las Marcianitas en los World Roller Games en China, donde la selección chilena se quedó con el cuarto lugar, siendo eliminada en penales por España, las campeonas mundiales. Ganadora de ocho títulos con el Benfica portugués, la jugadora, sin perder la sonrisa, se toma el tiempo para repasar su vida y el que, seguramente, es uno los episodios más traumáticos que le ha tocado sufrir.

Ocurrió hace poco. Justo después de defender al país en la cita oriental. En el regreso a Lisboa, Ramos se encontró con un problema inesperado. Un malentendido con sus documentos, que terminó de la peor forma: “Yo ya debería estar en Portugal, pero tuve un problema con la visa. Me deportaron en Alemania y no tenían que hacerlo; tengo mis papeles en regla y ahí dice que no necesito visa, porque tengo la residencia y todo. Los alemanes me dejaron dos días sin agua, sin comida. Sin nada. Fue el 3 ó 4 de este mes. Yo de China me iba a Portugal, llegué a Alemania y no me dejaron pasar. No me dejaban ir al baño, no me dejaban tomar agua, me la botaban. No podía ir a comprarme comida”.

La descripción de la marcianita es dura. Difícil de imaginar. “Me dejaron en el aeropuerto, pero no podía ir a cualquier parte. Pregunté si podía dormir en un hotel, que yo mismo me lo pagaba. O tener acceso a mi maleta para cambiarme de ropa, pero me dijeron que no. Tenía que ir a firmar, igual que una presa, cada cierta cantidad de tiempo. Durante todo un día comí chocolate y gomas. Fue demasiado complicado”, relata Macarena, quien entrega más detalles de su amarga experiencia con la policía germana.

“Cuando llegué, llegué a las 7 de la tarde a Frankfurt, después de un vuelo de 12 horas. Tenía que ir al baño, porque los baños de los aviones me dan asco. Pregunté si podía ir y me dijeron que no y recién después de cinco horas me lo permitieron”, cierra la figura del combinado chileno. Y lo cierra literalmente, porque hoy ya prefiere dar vuelta la página y apuntar sólo a seguir ganando coronas en una de las competencias más importantes del hockey patín.

Ramos llegó a este deporte gracias a su hermano. Por copiarle a él, de hecho, tras verlo entrenar regularmente. “Empecé haciendo patinaje artístico en el Liceo Manuel de Salas y cuando terminaba de entrenar, mi hermano se ponía a entrenar hockey. Un día le dije a mi papá que quería ser como mi hermano. Me dijeron que bueno, aunque me miraron con cara de mmm… Tendría unos cuatro o cinco años. Después pasé a la (Universidad de) Chile.

Al poco tiempo comenzó a destacar en las competencias nacionales. Y no tardó mucho en que los ojos de Europa se posaran sobre ella. Ya está dicho, hoy es pieza clave del Benfica. “Antes de irme a Portugal, jugaba en un club que se llamaba Vilanova y había un entrenador portugués. Él, por mail, le mandó videos míos al Benfica y después ellos me hicieron la propuesta para irme para allá. Me pagan la comida, los gastos de la casa -comparto departamento con unas compañeras de equipo- y este año me van a empezar a pagar la universidad. Además, me dan un poco de plata”, relata. La liga de Portugal no es tan fuerte como la española, pero la diferencia es poca.

“Igual es competitiva y exigente y estamos siempre en la Liga de los Campeones, que es la Champions del hockey patín. De hecho, desde que estoy en el club, llegamos a cuartos y a semifinales”, indica la jugadora nacional, quien a su corta edad tomó la decisión de alejarse de sus afectos, de su hogar, para cumplir el sueño de transformarse en una de las mejores patinadoras del hockey chileno. Obviamente, esa distancia con su familia ha sido lo más difícil de aguantar al otro lado del Atlántico: “Mi papá me fue a dejar. Se quedó conmigo los primeros 10 días y después se devolvió. Igual es complicado, porque acá en Chile soy súper mamona. Entonces, cuando me enfermaba tenía que ir a la farmacia o ir al doctor sola y eso igual es difícil”.

Lo bueno para Macarena es que conoció a un fanático del equipo e inició una relación amorosa. No revela su nombre, pero sí explica que él la acompaña mucho, incluso a los partidos del Benfica fuera de Portugal, por la Champions. A propósito de fanatismo, Ramos es hincha de la U. Le gusta el fútbol y cada vez que puede va al estadio para seguir al conjunto azul. Lo hace desde pequeña. “Me gusta (David) Pizarro, porque lo encuentro bastante completo. Se preocupa de hacer su pega, que no es algo que muchos jugadores hacen. Veo los partidos por internet, cada vez que puedo; siempre hay un link que salva. Si no, los sigo por Twitter”, explica.

Es parte de lo que hace en su tiempo libre, que no es mucho en todo caso. Lo que quiere Macarena Ramos es consolidarse en Portugal y, además, terminar su carrera de educación física en la Universidad Lusófona, lugar donde su club ubica a sus figuras más jóvenes para que estudien: “El año pasado me hablaron de España, pero mi idea es quedarme hasta terminar mi carrera”.

La medio defensa todavía no se olvida de la gran campaña de las Marcianitas en los Roller Games. Ahí fue figura y autora de goles decisivos. “Nunca en la vida he sido goleadora”, sentencia. Faltó poco para bajar a España, campeona del mundo de la especialidad, en semifinales. “Lo tuvimos ahí, pero todavía nos falta trabajar mucho”, señala Ramos. Y claro, su análisis está lejos del conformismo. “Si uno no se autocritica, nadie te va a criticar lo suficiente. Yo siento que uno siempre puede seguir subiendo su nivel como persona y como deportista. Pero no tanta gente, como uno esperaría, piensa así”, dice con resignación.

Sobre Rodolfo Viola, el nuevo entrenador del conjunto nacional, la patinadora chilena reconoce más de una virtud. Aunque para ella, la más importante tiene que ver con su estilo a la hora de dirigir al grupo. “Es un entrenador que te escucha. Intenta buscar soluciones en conjunto, es súper exigente y cuando nos mandamos una embarrada, los gritos se escuchan a un kilómetro. Es muy paciente y nos une mucho como equipo. No es tan cuadrado como Quintanilla”, explica.

¿Por qué habla así del técnico histórico de las Marcianitas? Tuvieron sus diferencias y eso le costó no ser parte de una Copa del Mundo. “Yo igual separo las cuestiones. Él confió en llamarme a la selección en 2010, yo era súper chica. Lo veo positivo por ese lado. Sin embargo, mirándolo hoy en día, intento buscar lo positivo siempre, pero es complicado”. El conflicto se desató el año pasado: “Arrastraba una lesión desde 2010 y el año pasado me complicaba tanto la espalda que ya ni siquiera podía bañarme sola. Terminé la temporada apenas. Después llegué acá, empecé a hacer tratamiento. Cuando llego a la Selección, me dicen que viaje a Argentina con ellos, pero yo les dije que no, porque no iba a tirar a la basura todo el trabajo que había hecho; que prefería entrenar esa semana en Chile y cuando volvieran, evaluaran si estaba en el nivel para estar. Pero me dijeron que no; que si no iba a Argentina, no iba al Mundial”.

Si bien logró reintegrarse a la Roja, Macarena lamenta que sus compañeras piensen que ella no quiso ir al Mundial. “En China les conté que la verdad no es esa; la verdad es que yo sí estaba en condiciones, pero me mandaron para la casa”, complementa.

Macarena está tranquila, consciente de que todas las experiencias son para mejor. Aunque sean tan desagradables como las que pasó en Alemania, en un aeropuerto, bajo un trato que no olvida. El hockey patín es la vida de esta talentosa jugadora, quien a su corta edad ya les dice a todos que la renovación de las Marcianitas va por buen camino.

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