Feña se sube al caballo

La nueva pasión del ex tenista Fernando González es la hípica. Compró caballos y los mima. Apuesta en las carreras y lo disfruta. Y uno de sus animales, Leitone, lo tiene enamorado.


Junto a una mesa del piso de accionistas del Hipódromo Chile aparecen sentados Fernando González, su madre y una amiga. Sus ojos no se despegan de las pantallas que transmiten las carreras de caballos. Pasan unos minutos y el ex tenista chileno se dirige a la caja de apuestas. Pone sus fichas al 8 y al 10. No tiene suerte, pero igual lo disfruta. Y se para, ríe, conversa. Disfruta. Se siente tan cómodo como si fuera una cancha de tenis. La pasión por la hípica le ha conquistado.

Ese amor por el que hoy es su principal pasatiempo le llegó de niño: “Me acuerdo que vine con mis papás. Tenía seis años. Me llamó la atención el ambiente. Luego, de adolescente, me daba una que otra vuelta mirando el Teletrak. Cuando jugaba tenis, me alejé. No podía venir. Pero cuando me retiré, pasaron dos años y me metí en este mundo. Hasta que empecé a preguntar por el precio de los caballos. Al principio fue uno, luego otro y otro…”.

González respira hípica donde quiera que esté. Cuando no está en Santiago, se pone en contacto con los encargados de sus caballos para saber de ellos. Mano de Piedra es dueño de 15, en compañía de sus socios Roberto San Miguel y Ariel Gómez. “Me gusta estar al tanto de cómo están o cuándo van a correr. Tienen a sus preparadores que hacen bien su trabajo. Como los entrenadores en el tenis. Entonces, evito meterme más de la cuenta”, asegura.

Los gritos predominan. La adrenalina se siente. Cuando la carrera se acerca a la meta, los apostadores agitan excitados el programa del día. Otros golpean sus dedos moviendo fuerte la mano, el clásico gesto de los fanáticos. Así alientan a sus caballos, que cabalgan su inversión. Se escucha de todo. Desde garabatos, hasta frases encomendándose a Dios. Mientras, González desciende en un ascensor y se dirige a los corrales. En eso, llega un hombre gritando desaforadamente: “Vamos weón, ganamos mierda. Se acabaron los problemas”. Acababa de ganar cuatro millones de pesos.

Esa atmósfera, más propia de un casino que de un deporte, cautivó a González. “Es un hobby, una pasión, se pasa muy bien. No sólo con la carrera misma, sino con el ambiente que lo rodea. De repente uno tiene un potrillo y viene en las mañanas a verlo al corral. Le haces cariño y te sientes cada vez más comprometido. Me ha pasado que las carreras partieron a las dos de la tarde, y siendo las 10 de la noche, sigo sentado compartiendo”, agrega.

“Es muy distinto. Cuando jugaba tenis, yo era el caballo. El tenis sigue siendo mi vida, mi pasión, de lo que más sé, pero es mi trabajo también. De esto tengo poca información, pero lo disfruto muchísimo”, afirma el ex top 5 del ranking ATP. Y añade: “Yo quiero aprender a pasarlo bien, independiente de cómo me salgan los caballos. Es un lugar para venir a disfrutar. Me veo aquí hasta viejo”.

De todos sus animales, González tiene un regalón. Se llama Leitone, y lo compró por $6 millones: “Lo agarramos en un remate y tuvieron que pasar meses para verlo correr. Es en ese proceso donde uno deposita la ilusión. Uno compra un caballo queriendo que gane, pero además yo me fui encariñando”.

Y Leitone está correspondiendo ese cariño con buenas actuaciones. Hace un mes ganó las Dos Mil Guineas (sólo corren machos), la primera parte de la primera etapa de la millonaria Triple Corona (les metió en el bolsillo $10 millones). Y el Bombardero lo disfrutó desde las tribunas: “Me pasó que me emocioné un montón cuando ganó. Ha sido la mejor sensación desde que estoy en el circuito. Jamás creí que podría llegar a ser tanto disfrute, aunque no te lo puedo comparar con un partido de cinco horas que gané siendo tenista”.

Sin embargo, este sábado, en la segunda parte de la primera etapa, ya con hembras y machos, Leitone quedó en segundo lugar y aunque ganó otros $30 millones, ya no puede aspirar al premio mayor (un bono de $380 millones). El ex tenista no estuvo presente porque se encontraba jugando un torneo de leyendas de tenis en España. Pero lo siguió por internet: “Me encerré en una pieza del club y vi la carrera. La yegua (Wow Cat) fue mejor que Leitone y para aprender a ganar hay que saber perder primero. Pero estoy contento por el caballo. Salió muy bueno y un grupo humano muy bueno”.

Los caballos y la hípica, la nueva pasión del Bombardero.

Seguir leyendo