La bitácora de un regatista

Los participantes de la carrera viven una semana en torno a la competencia. Cambias sus hábitos, sus horarios y un yate de apoyo pasa a convertirse en su hogar.


La jornada parte temprano. Hay que planificar el día y dejar lista la embarcación para competir. No duermen en tierra, las duchas son cortas, los horarios varían, los vientos y los paisajes también. Es que competir en la regata significa dejar la rutina del trabajo y vivir algo radicalmente distinto por una semana. Esto es lo que sucede con los aproximadamente 700 navegantes que participan de la Regata de Chiloé 2018.

Los días que toca navegar son largos y duran entre cuatro a seis horas, el viento tiene la última palabra. Según relatan los navegantes, el esfuerzo desplegado en competencia es bastante, entonces los descansos son algo crucial y anhelado. Para esto lo más común es que cada embarcación contrate yates de apoyo, estas embarcaciones  los siguen durante la competencia y recalan en el final de cada etapa. Ahí los navegantes hacen el deseado abordaje, luego de una extenuante jornada, llegan a lo que es será su casa por la semana que dura la regata.

“La mayoría de las embarcaciones tiene yate de apoyo. Es lo ideal. Esto hace más fácil la logística, permite el descanso y  no tener que llevar para todos lados los bolsos. Nuestra vida es a bordo de este barco”, explica Lionel Kaufmann, navegante del Utopía que compite en la categoría crucero.

Los yates que integran la Escuela Naval y la Escuela de Grumetes tienen su embarcación de apoyo también, estos son los buques de la marina que los alojan y les entregan comodidades a los competidores. Aquí viven con el régimen tradicional que están acostumbrados, sin embargo, al estar compitiendo cambia la rutina y con esto también la rigidez.

El HDI Sailing Team es el único que posee una tripulación 100% femenina. Son ocho mujeres de distintas edades que también tienen su embarcación de apoyo. “Para nosotras es súper cómodo. Como buenas mujeres trajimos hartas cosas, entonces esta embarcación nos ayuda mucho”, cuenta Sofía Middleton del yate HDI que compite en la categoría J105.

La mayoría de los participantes de la clase Soto40 tienen una embarcación de lujo como yate de apoyo. Se trata del Skorpios II, yate perteneciente a la conocida flota de cruceros lujosos (Skorpios) que tienen diversos recorridos por la zona austral del país. “El Skorpio sirve para relajarnos, tomar algo, comer, ducharnos y compartir. En definitiva cumple esta misión de hotel flotante”, explica Dag Von Appen, armador y timonel del yate Itaú.

Los días parten alrededor de las 8:00 horas. El desayuno es importantísimo para un día de navegación, tanto para recargar energías como para planificar la jornada. “Depende lo que tengamos”, dice Lionel Kaufmann sobre la variedad del desayuno. Se convierte en una instancia de compartir con el equipo y crear una estrategia para cada día de navegación que se avecina. “Los desayunos son claves. Es el momento en el cual se puede conversar con tranquilidad junto al resto del equipo. Acá revisamos la ruta, los posibles vientos y la planificación de nuestra estrategia. Es el momento para analizar lo que se viene”, cuenta Patricio López quien está a bordo del yate Pepe Pato que compite en la categoría IRC.

¿Qué llevar para un día de competencia? Lo primero de todo es un buen equipo. Por lo general los navegantes ocupan ropa especial para navegar: jardineras impermeables, primeras capas y zapatillas técnicas y a la vez, cómodas. ¿Para comer? Casi todos preparan sándwiches, ya que son fáciles de comer mientras están en competencia. Esto se complementa con barras de cereal y chocolates, entre otros snacks. “Lo que no puede faltar es agua, por lo menos, un litro cada uno. Es fácil deshidratarse navegando”, cuenta Fernando García, navegante del Utopía que compite en la clase IRC.

Durante la navegación hay una concentración absoluta. Cada integrante tiene una misión específica y se enfoca en eso. “Cuando estás arriba vas en otra, mentalizado netamente en la navegación”, dice Fernando García. El baño es un tema cuando están compitiendo, tratan de hacer todo antes y la alimentación va en pro de eso. “Para fuera nomas. Te paras en la popa y ahí te las arreglas”, dice Lionel Kaufmann mientras ríe.

Cada etapa de la Regata de Chiloé recala en una localidad distinta. Castro, Dalcahue, Isla de Mechuque, Calbuco y Puerto Montt son parte del recorrido de este año. “Nosotros siempre tratamos de integrar a la gente pueblos por donde pasa la regata de la manera la manera menos invasiva. No nos interesa irrumpir en el lugar. Como organización intentamos tenderles la mano para que ellos aprovechen la oportunidad y le saquen provecho al turismo. Hay un trabajo en conjunto con la comunidad”, explica Ana María Salinero, gerente general del Club Náutico Oceánico, organizadores de la regata.

Es justamente esta mixtura de paisajes y lugares lo que atrae a muchos competidores. Cuando terminan las etapas arriban a estas localidades. Acá los que desembarcan aprovechan para comprar provisiones e interactuar con la comunidad. “La regata de Chiloé tiene la magia que no consiste solo en la competencia. Nosotros tratamos de desembarcar cada vez que llegamos a algún lugar, compartir con la gente de estos pueblos y conocer el entorno. Esto es muy bonito”, cuenta Lionel Kaufmann.

Algunos navegantes bailan al ritmo de David Guetta. Otros prefieren conversar tranquilos con una copa de vino en una mesa. Es que no todo es competencia, también hay momentos para divertirse. Los organizadores coordinan diferentes eventos para los navegantes. Fiestas de inicio, intermedio y al final. Un espacio de recreación y disfrute que distiende el ambiente de competencia. También existen otras fiestas en yates de apoyo. Acá no entran todos, quienes pueden ir lo deciden los organizadores.

 

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