A la conquista de las 7 cumbres

Tras cinco años escalando, Hernán Leal busca anotar su nombre en la lista de los chilenos que han subido al techo de todos los continentes. Dejó atrás la gerencia de la empresa que él mismo fundó para dedicarse al montañismo.


Hernán Leal, a sus 51 años, se apronta a escalar el Macizo Vinson en la Antártica, la última cima que le falta de las 7 Cumbres, definición que recibe la conquista de las montañas más altas de cada continente (se separan Norte y Sudamérica) . Ingeniero de profesión, se encantó con la naturaleza en Osorno, su ciudad natal. Los veranos en el frío mar de Maicolpué y la lluvia le dieron armas que aprovecha en sus expediciones. La altura, el viento, hielo y las rocas son hoy su sendero.

En 2012 dejó la empresa que fundó hace 17 años desmotivado por la falta de desafíos. Viajó a Nepal a estudiar la cultura oriental. Cuenta que haciendo trekking tuvo su primer acercamiento a la montaña. “Partimos a las cuatro de la mañana y cuando amaneció se veían el Dhaulagiri y el Annapurna. Eran gigantes, fue como una invitación a escalar”, dice Leal.

Su encuentro con dos de las 14 cumbres en el mundo que superan los 8 mil metros de altura le hicieron plantear su primer objetivo: subir el Kilimanjaro. En la cima, el guía que lo acompañó, oriundo de Tanzania, le hizo la pregunta clave: “¿Estás pensando subir las 7 Cumbres?”. Hernán no lo sabía, pero había escalado la montaña más grande de África y, en la cumbre, se planteó subir al techo de los otros continentes.

Sus condiciones se notaron de inmediato. El Nevado Ojos del Salado (6.891 metros), volcán más alto del mundo ubicado en el norte del país, lo subió en sólo tres días, siendo que la ruta es recomendable hacerla en una semana.

Eso sí, tuvo que sobreponerse a la parálisis de su cuerda vocal derecha, por lo que se puso una prótesis que lo dejó con el 85% de su capacidad respiratoria. En la montaña se comunica con los guías mediante señas y un silbato, ya que el frío congela su garganta y se hace imposible escuchar su voz.

Hernán llega mañana a la Antártica a conquistar la última cima que le falta, donde podría encontrarse con temperaturas de 40° bajo cero o vientos de 100 km/hr. Además, en esta época del año hay luz las 24 horas del día, lo que dificulta el descanso.

Pese a lo anterior, su experiencia lo tiene confiado. Cuenta que cuando subió el monte Denali tuvo su primera sensación de peligro. Una tormenta de viento blanco lo agarró cruzando una quebrada y no veía más allá de dos metros.

“Me paralicé, fue como caminar en jabón, los zapatos no se adherían a la roca”. Tras esto incluyó ayuda psicológica a su entrenamiento.

También comenta que el día que subió el monte Everest solamente cuatro personas alcanzaron la cumbre: dos sherpas, un polaco y él. “La ventaja es que la ruta va sola y no hay tacos en los pasos complicados, donde esperas cerca de una hora y corres el riesgo de congelarte. Lo malo es que si te pasa algo, nadie te ve”.

El ascenso al Vinson se estima entre 10 y 14 días, pero por las condiciones climáticas le pidieron que lleve equipo para un mes. Los aviones a veces no despegan por lo que no puede pronosticar con exactitud cuándo estará de regreso en su casa en Santiago.

La Ruta de los Sueños
Para marzo, Leal tiene programado dar charlas motivacionales en colegios aislados. Comenzará en Puerto Toro, al extremo austral de Chile. Su intención es “transmitir un mensaje de optimismo y mi receta, qué hay que hacer para conseguir los sueños”.

Aún faltan lugares por agendar, las postulaciones de colegios que quieran recibir su mensaje están abiertas a través de su sitio web.

Ahora está enfocado en el Vinson, pero en abril volverá a subir el monte Everest para luego ir a la conquista de los ochomiles, las 14 montañas más altas del mundo.

Aunque Hernán Leal puede ser considerado un experto escalador, le queda un desafío pendiente que no tiene apuro en completar. Si bien el osornino ha recorrido las montañas más altas del planeta, aún no conoce la cima del Volcán Osorno, pero tiene el deseo romántico de que cuando muera, sus hijos esparzan sus cenizas en la cima: “Quiero quedarme ahí, mirando los lagos desde la cumbre”.

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