La culpa de Bielsa no cuadra

La teoría fue expuesta por Aued. El volante manifestó que el estilo de juego del todos para arriba atentaba contra los equipos chilenos. La cultura del Loco y Sampaoli ha sido usada sin éxito por diversos técnicos, aunque a los más conservadores no les ha ido mejor.


El debate lo instaló Luciano Aued. El mediocampista de la UC adujo como razón a las eliminaciones de los equipos chilenos de los torneos internacionales el estilo de juego que se creó con la cultura Bielsa y Sampaoli. Forma atractiva, pero poco efectiva según el volante a la hora de jugar en Sudamérica. No por mala, sino por ser aplicada erróneamente fuera de las fronteras nacionales.

“Se sabe que cuando juegas copas y vas de visitante, o cuando juegas contra equipos importantes, esa forma de juego que se tiene en Chile termina haciendo que pierdas. A la larga los que han ganado o llegado lejos son los equipos duros, que mantienen el cero en el arco, que tratan de ir arriesgando a lo largo del partido y no desde el inicio. Eso atenta contra la forma de jugar del fútbol chileno en sí, que intenta jugar mucho y que tiene mucho de la idea de Bielsa, Sampaoli… toda esa cultura que se creó”, aseguró.

Sin ir más lejos, habló de la UC de Mario Salas, esa que siempre intentaba ir para arriba. “A la Católica le pasó en la Libertadores (2017), donde la idea de juego era bárbara, que se intentaba progresar. Yo lo veía desde afuera y decía: “qué bien que juega Católica”, pero después terminaba pagando todo lo que quería generar. Entonces, termina siendo contraproducente”. Justamente, esa Católica iba e iba, pero así como pegaba, la golpeaban de vuelta. Hizo ocho goles en seis partidos, pero le hicieron 11. En el combo a combo perdió más que ganó.

En La Tercera se hizo el ejercicio de repasar una a una las actuaciones de los equipos chilenos tanto en Copa Libertadores como en la Sudamericana desde que la U conquistó esta última el 2011, justamente de la mano de Sampaoli. Muchos vinieron para adelante. Algunos confesos seguidores de la forma, como Eduardo Berizzo y Cristián Arán en O’Higgins o Darío Franco y Sebastián Becaccece en los azules. También el propio Comandante, en Católica.

El más evidente es el del ayudante de Sampaoli en la selección argentina. Llegó al Romántico Viajero, justamente, para tratar de replicar lo hecho por el casildense y estuvo muy lejos de aquello. El reflejo de eso es la Libertadores 2016, donde quedó eliminado en primera fase ante el modesto River Plate de Uruguay.

El resultado arroja que de 48 eliminaciones que han sufrido hasta ahora los equipos nacionales desde aquél título de la U, 15 fueron con el estilo del todos para arriba, 12 con uno más conservador y 21 con una forma que intenta combinar ataque y defensa. Fuerzas relativamente parejas en torno a la forma cómo se quedó eliminado.

“Cuando en Chile se implantó la moda Bielsa los mismos periodistas, que tienen que hacer un mea culpa, criticaban cuando no se jugaba así, por eso todos lo intentaban. El fútbol no termina con el estilo Bielsa y Sampaoli. Estoy perfectamente de acuerdo con lo que está diciendo Aued. El fútbol no lo inventó Bielsa ni Sampaoli”, señala Jorge Aravena, exjugador y hoy técnico.

La última de las eliminaciones nacionales, de hecho, tiene un estilo radicalmente opuesto: el fracaso de la Unión Española de Martín Palermo en la presente Sudamericana ante Sport Huancayo de Perú. Con un juego absolutamente mezquino, los de Independencia también se quedaron fuera.

César Vaccia, extécnico de la U y la Roja Sub 20, entrega su visión: “Los equipos no atacan mal sino que defienden mal. Más que imitar, es la moda. Es bueno decir que uno es de ataque porque entrega la posibilidad de trabajo y de encantar a los hinchas, pero si no se tienen los jugadores no se puede. Lo que pretende un entrenador de ataque es buscar estar en el campo contrario, pero cuando se pasa a defender y no hay coordinación terminas corriendo hacia tu propio arco porque no estas preparando bien esa parte del juego”.

La fórmula, por ahora, nadie parece encontrarla. Y las respuestas, aunque se busquen, no dan en el clavo.

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