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La damita del florete dorado

Katina Proestakis, de 15 años, fue la mayor medallista de Chile en los Juegos Suramericanos de la Juventud, en Santiago. Con tres oros, la tiradora de florete ganó en todas sus pruebas. Aquí la historia de la protagonista de un año notable.


Entre fuertes suspiros, una espectadora en las gradas exclama: “¡Qué atroz!”. Mientras tanto, en la pista de esgrima del Centro de Alto Rendimiento (CAR), el florete de la chilena Katina Proestakis se rompió en el combate final ante la venezolana Anabella Acurero, que una y otra vez le llevó la ventaja en el marcador. Y entre choques de armas y gritos a cada punto, el marcador apuntó 14-14. Sólo faltaba un toque para definir a la ganadora y, en el segundo final, ambas se tocaron.

Sin embargo, y por milésimas, la esgrimista nacional fue la más rápida en la final del florete femenino de los Juegos Suramericanos de la Juventud, en Santiago. Y gritó por una victoria que fue la primera de muchas en la cita.

“Siempre que estuve abajo pensé, ‘esto no se acaba hasta los 15 puntos’. Y cuando gané el primer oro, tiré la careta y grité mucho. Fue una tremenda satisfacción”, recuerda casi un mes después Proestakis, y cómo fue abrazada por familiares en lágrimas, tomada por un sinfín de brazos y arrojada al aire. El 29 de septiembre, fue ella la encargada de llevar la bandera nacional en la ceremonia de apertura de la cita y la protagonista de un momento profético, porque conquistó tres oros en total y fue la integrante con más laureles en la delegación chilena.

“Cuando me lo djieron estaba en shock, no lo vi venir. Pero en el momento de la ceremonia pasé de la sorpresa a la felicidad, porque ese momento fue un gran orgullo”, dice la tiradora, que se llevó el oro en todas las pruebas que disputó. Además del florete individual, se subió al escalón mayor del podio en la estafeta combinada y en los equipos mixtos.

Curiosamente, esa dura primera final en el CAR contrastó con la elegancia que vio en su primer acercamiento a la esgrima, a los siete años, en una academia del colegio Antofagasta British School. “Fue amor a primera vista”, recuerda Proestakis, sin saber aún que las armas la llevarían incluso a vivir a otro país, en 2014, por un encaje preciso entre floretes y perforadoras.

Ella vive con su núcleo familiar desde entonces en Houston, Estados Unidos, motivada por su crecimiento en la pista. Su padre es gerente de Drillers Supply S.A., empresa de perforación minera de Antofagasta que suministró herramientas para el denominado ‘Plan B’, la perforación en la mina San José para rescatar a los 33 mineros en 2010. Mijali Proestakis es uno de los dueños y tiene un socio norteamericano, una coyuntura que ayudó al deporte de su hija.

En un viaje a la ciudad más poblada de Texas, Katina descubrió el club Salle Mauro Fencing Academy, donde entrenan otros jóvenes destacados. Y ante la perspectiva de desarrollarse más como tiradora, el trabajo de su padre y su deporte encajaron.

“Al final nos fuimos por la esgrima y por la posibilidad de que mi papá trabajara desde Estados Unidos. Por su labor, mi papá pasa la mitad del tiempo en Estados Unidos y la otra en Antofagasta”, cuenta la joven, quien considera que vive una vida “tranquila, pero difícil” por esa situación. Eso sí, no ha tenido inconvenientes por ser extranjera y vivir en un país donde el tema de la inmigración ha causado tensiones desde el acceso de Donald Trump a la Presidencia.

De hecho, en ese recinto que le llamó la atención, Proestakis entrena seis días a la semana y coincide con dos jóvenes que compitieron en los Juegos Olímpicos de Río: el egipcio Mohamed Hamza y la estadounidense Isabelle Elizondo, con la cual ha tenido algunos combates.

“A veces las disputas son peleadas, en otras ocasiones me ha ganado por mucho y yo gané un par de veces. Es genial, porque te aconsejan en qué puedes hacer antes de competir para evitar el nerviosismo y te corrigen cosas cuando te enfrentas a ellos”, dice la chilena, quien en su trayectoria también ha cosechado medallas en torneos específicos de la disciplina. Este año ganó, por ejemplo, un oro panamericano, tres oros y un bronce en un sudamericano y un 16º lugar en un Mundial de cadetes y juveniles.

Y a pesar de todo, el tiempo de distancia respecto a su tierra ha reforzado su chilenidad. “Extraño a mi familia en Antofagasta y Santiago y a la cultura del país, porque somos amistosos, muy fuertes, tenemos mucha energía. Somos revoltosos”, expresa.

Pero la distancia compensa. “Competir por Chile es una gran felicidad y es muy bonito cuando te ven como representante de tu país, cuando me toca llevar la bandera y cuando subo al podio. Cada victoria es una ocasión para agradecer a mi familia, que se sacrifica por mí”, sostiene.

A diferencia de los momentos en que anota toques, con fuertes exclamaciones de descargo, la nortina exhibe cierta timidez fuera de la pista. En ella se transforma en una guerrera, mientras que afuera prefiere no considerarse como la protagonista de la camada que lideró el medallero de la especialidad en la cita de Santiago. El equipo de esgrimistas nacionales fue el mejor, pues sumó tres oros, tres platas y dos bronces.

“Eso muestra un buen grupo para el futuro, pero no me considero la referente”, plantea Proestakis. El victorioso conjunto, además, ganó en septiembre el Sudamericano de Pre-Cadetes, Cadetes y Juveniles con 10 oros, ocho platas y 10 bronces. En ese torneo, Proestakis obtuvo tres oros y un bronce.

Tras la gloria, anhela llegar a los JJ. OO. de la Juventud del próximo año y se mantiene modesta entre sus logros. Pero fue profético su rol de abanderada en los Suramericanos de la Juventud, porque en ellos fue la dama de oro.

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