La doble vida de un viejo héroe azul

Francisco Castro (27), flamente refuerzo de La Calera, concentra su día a día en recuperar su carrera y guiar su nuevo proyecto social. En Peñaflor, su comuna, da charlas y auspicia a 40 jóvenes que sueñan con ser profesionales.

Suena el silbato y Francisco Castro (27 años) corre a toda velocidad persiguiendo el balón. Su pique le saca ventaja a sus perseguidores. Recuerda a sus rápidos trayectos con la camiseta de la U, en donde se consagró campeón de la Copa Sudamericana, en 2011. Hoy, ese sprint no lo realiza en el Centro Deportivo Azul, ni menos en el Nacional. Tampoco luce la camiseta azul. Con una indumentaria roja, en la práctica de Unión La Calera, el Toby busca relanzar su carrera.

La actitud del atacante es diferente a la que se le conoció durante su paso por la U. El jugador formado en la cantera de Cobreloa está más abierto a hablar con la prensa. Se le ve más preparado, incluso hasta con más vocabulario. Quizás, las desilusiones en algunos tramos de sus 27 años lo han hecho madurar. A tal punto, que se enfoca más en conversar sobre su labor social que en su propia carrera. Ya no todo gira en torno a su persona, como sí quizás le sucedía cuando los flashes no lo dejaban en paz en 2011. Junto a Eduardo Vargas y Gustavo Canales comandó la ofensiva que consiguió el único título continental de la U.

La vida del atacante tuvo un giro impensado. De ganador de la Sudamericana pasó a ser un educador. Hace casi cuatro meses, en Peñaflor, su comuna natal, el delantero comanda un proyecto social que reúne a niños de 15 a 19 años. La idea es que tengan la posibilidad de enfrentar a series menores de clubes profesionales, para que sean vistos y reclutados. Ya ha organizado amistosos frente a O’Higgins y la U, entre otros: “Es un proyecto que nace con la idea de que los muchachos tengan la posibilidad de mostrarse ante equipos profesionales. Hay mucho talento que no quiero que se pierda”, dice el futbolista.

Todos los días de la semana, cerca de 40 jóvenes entrenan bajo las órdenes de dos profesores en las canchas del estadio de Talagante. Castro compró todos los implementos, camisetas y balones, aunque reconoce que necesitan renovarlos. Pide ayuda. Se hace el tiempo para compartir su experiencia como futbolista profesional: “Hago charlas para compartir mi experiencia. Voy generalmente todas las semanas y también entreno con ellos. Quiero que crezcan en el fútbol, que tengan la misma posibilidad que tuve yo”.

Es que en la cabeza de Francisco Castro sigue dando vuelta la opción que tuvo de partir a Europa luego de conseguir la Sudamericana. Una serie de malas decisiones, y mala suerte según su versión, truncaron una carrera que aún pretende recuperar. “Nunca me nublé, eso te lo puedo asegurar. Siento que igual tuve mala suerte. Fui a Unión Española y salí campeón. Después volví con Darío Franco a la U y no le gustaba mucho, ahí perdí mucha regularidad. Fui a Iquique, hice una buena campaña, y al volver a la U, con Lasarte, tampoco tuve la regularidad que necesitaba. Me fui perdiendo un poco en el camino, pero asumo que todo pasa por mi culpa”, revela.

Al viajar al pasado, es innegable que Toby se llegue a emocionar. Recuerda los éxitos vestido de azul: “Es obvio que sigo recordando todo lo que conseguimos en la Sudamericana. Las palabras de Sampaoli me siguen dando vuelta. Es un técnico que te hacía convencer de que eras el mejor, te hacía sentir que corría contigo en la cancha. Pero estoy tranquilo. Siento que estoy a tiempo de poder recuperar todo eso, que puedo lograr muchas cosas. Esos recuerdos me dan fuerza para seguir en el fútbol. Pensé que después de conseguir la Sudamericana me iba a Europa, y te puedo comentar que sí hubo ofertas. Pero renové con la U y ahí se complicó todo”.

En La Calera, Francisco Castro está feliz. Siente que está teniendo una resurrección en el fútbol, luego de su paso por Barnechea el semestre pasado: “En Barnechea me volví a reencantar con el fútbol. Ahí volví a ser feliz. Hice una gran campaña y por eso mismo me buscaron diferentes clubes”.

El atacante está con la ilusión intacta de volver a hacerse un nombre en el fútbol chileno. En La Calera siente que le están dando todas las herramientas. “Había conversado con el profe Rivero sobre la opción de venir. Yo había dado mi palabra, y venía si el club ascendía o no, pese a que tenía opciones en otros clubes de Primera. Mi palabra vale más que cualquier oferta”, dice.
“Antes de firmar estuve averiguando sobre el club y me llegaron muy buenas referencias. Se está trabajando muy bien y uno se da cuenta de eso. Los dirigentes están encima de todo y tenemos todas las condiciones para poder pelear un cupo en un torneo internacional. Ése es nuestro objetivo. Ése es mi objetivo. No vengo a pasear”, cierra.

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