La invasión de los Urroz

Francisco y Manuela Urroz, seleccionados nacionales de rugby y hockey.

Manuela (26) es goleadora de las Diablas. Francisco (24) es puntal de los Cóndores, el equipo de Rugby Seven que busca desde hoy en Viña una plaza para el Mundial.


Santiaguinos de toda la vida, amantes del deporte desde que tienen memoria y provenientes de una familia de deportistas (su abuelo, Francisco Urroz, jugó la Copa del Mundo de fútbol en 1950, y su tía, Silvana Urroz, fue un destacada tenista nacional en la década de los setenta), los hermanos Francisco y Manuela Urroz Richter conversan y se ríen en el jardín de su edificio. Es miércoles, y el sol pega fuerte en la capital, y entre entrenamiento y entrenamiento, se juntan los hermanos.

“Nunca tuvimos Play Station ni Game Boy”, dice Francisco. Manuela agrega: “Una vez estábamos jugando fútbol, Pancho era arquero, y yo le pegué”. Y su hermano la interrumpe con voz fuerte: “Yo la atajé y la Manu fue a pegar a la pelota, ¡¡y me pateó la ceja!!”. Y Manuela discrepa: “Pero si era un achique, obvio que tenía que ir”… Y ambos se ríen, mientras Francisco muestra la cicatriz de la anécdota.

Entre entrenamientos y viajes han crecido los Urroz, intentando compatibilizar sus vidas con el deporte. Manu hace un año rindió su examen de grado de derecho. Francisco terminó quinto de medicina y decidió congelar un año por el rugby. Ambos concuerdan que el deporte es la pasión de sus vidas. Crecieron con él y no se imaginan sin practicarlo. Y eso que no todo han sido alegrías, por eso de tener que dejar de lado a la familia y las carreras. Hoy, Manu Urroz está totalmente enfocada en el hockey; ya va por su tercera temporada en el Royal Antwerp en Bélgica.

Ambos practican deportes de tradición en Chile, pero no de tirón masivo. “El gran problema es que falta difusión, que lo pasen en canales abiertos, que haya más clubes en la periferia. Estos deportes generalmente se relacionan con la elite y las clases sociales altas. Esto es lo que merma que llegue a toda la población. La gente no sabe, no conoce otros deportes que no sean el fútbol”, comenta Francisco.

Manuela concuerda: “En Chile falta promover el deporte en general y cambiar la mentalidad. En Argentina el hockey es el deporte principal en las mujeres, una potencia mundial. Ahí te das cuentas de que lo único que falta es un poco más de ganas”.

Pese al éxito de la selección chilena de rugby siete, que puede lograr este fin de semana en Viña su clasificación al Mundial de San Francisco, Pancho es crítico: “Yo pienso que nos hemos estancado en los últimos años. En el ranking hemos ido variando, han llegado nuevos dirigentes que han hecho cosas buenas, pero falta. Falta para avanzar ese peldaño y cambiar toda la estructura, para ser profesionales”.

Con tan sólo dos años de diferencia, los hermanos Urroz Richter crecieron entre pelotazos y estadios, y hoy, son el apoyo y el cable a tierra del otro. Además de hermanos, son amigos, y eso se percibe en el aire.

“Siempre sigo a Pancho en sus torneos. Y él también está súper preocupado de los míos. Nos comentamos, hacemos análisis cruzados”, comenta Manuela. “Ella no entiende nada de rugby”, discrepa Francisco. “Él es el que no entiende nada de hockey”, responde la chica. “Na que ver”, alega el chico. Ella cierra: “Admite que mi comentario del fin de semana estuvo muy bueno. Se hace el bacán ahora, pero he ido mejorando, no es fácil el rugby. Eso es entretenido también, tenemos visiones desde otro lado, nos comentamos siempre. Cuando nos hemos lesionado, estamos ahí alentándonos”.

A pesar de practicar dos deportes completamente distintos, los hermanos comparten el número 10 en sus camisetas, y también una forma de juego: “Con la Manola tenemos posiciones parecidas: El rol de ella en su equipo es ser la distinta, la 10, la que toma la bocha y hace una jugada, habilita. Los dos tenemos una visión de juego, de ver el espacio”.

Manuela define a su hermano como “completo, integral y buena persona”. Pancho dice que su hermana “es intensa; se dedica por completo a todo lo que hace y todo lo hace perfecto”.

Cae la tarde, y Manu tiene que volver al entrenamiento en el Club Manquehue, mientras que Pancho en la noche tiene la última práctica antes del campeonato en Viña del Mar. Antes de partir, la última pregunta. ¿Cómo se ven de aquí a diez años? Cae un silencio que Manuela quiebra: “Ya tengo 26… Me gustaría tener familia. En ese momento creo que el hockey va a pasar a otro plano. Sé que voy a estar relacionada de alguna u otra forma, pero va a ser de una manera distinta”.

Pancho mira pensativo: “En diez años más… A los 34 no sé si esté jugando rugby. Voy a ser doctor. Me gustaría estar ligado al deporte como sea. Esta relación que he tenido con el deporte toda mi vida no podría pasarla a llevar por nada del mundo”.

Y los hermanos 10 se despiden.

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