La LNB no frena la violencia

El ancuditano Pedro Sandoval agredió al valdiviano Erik Carrasco. Otro acto de brutalidad en la temporada del básquet chileno. Y nadie fiscaliza.


La violencia otra vez aparece en el básquetbol chileno. No es la primera vez este año y es difícil augurar que será la última. Nace desde público, de los jugadores o de las bancas, pero ya se hace una insana costumbre. Y los castigos o la fiscalización son casi nulas.

Ahora la víctima fue el vibrante triunfo como visita de Valdivia ante Ancud, por el sexto juego en las semifinales de la Conferencia Sur. Una vez finalizado, cuando los jugadores de ambos equipos estaban en camarines, el ancuditano Pedro Sandoval salió corriendo hacia el vestuario visitante en busca de Erik Carrasco, quien esperaba por ser entrevistado. Un video que circula por redes sociales muestra al armador siendo separado por sus compañeros, luego de ir a encarar al base valdiviano.

“Pediremos sanciones, haremos una presentación al Tribunal de Disciplina, para que evalúen la situación y determinen penalizar o no. Aquí hay, al menos, un intento de agresión y esos detalles deben ser sancionados”, dice Guillermo Bittner, gerente deportivo de Valdivia.

La situación refleja dos problemas en la LNB: la deficiente seguridad en los gimnasios y lo poco enérgicos de los castigos. Hoy, ante una conducta como la de Sandoval, el Código de Disciplina no es tan decidor y el Tribunal debería funcionar bajo su propio criterio. El artículo 11, referido a las sanciones sobre los jugadores, explica que de ser expulsados por agredir leve o gravemente a un rival, la penalización es de apenas un partido y, en caso de reincidir, dos. Además, la multa es leve: entre $ 200 mil y $ 500 mil. No se hace referencia a una agresión post partido, por lo que el Tribunal debe actuar motivado por una denuncia, como la que presentará Valdivia.

“No es la primera vez de Sandoval. Cuando ganamos el sexto partido en las semifinales de conferencia en la Liga anterior, agredió en cancha a nuestro preparador físico. No sé qué le pudo pasar ahora para justificar lo que hizo”, explica Bittner.

En Ancud culpan a Carrasco de provocar la reacción de Sandoval, insultando a la hija del PF local. El seleccionado se defendió en Twitter: “Estaba en mi camarín, afuera de donde nos cambiamos (…) aburre que hablen weas cuando no tengo nada que ver con Sandoval. Es fácil excusarse inventando cosas que no son”.

Los episodios de violencia se repiten. Esta temporada han sido varios. Por ejemplo, Franco Morales, de Las Ánimas, fue suspendido cuatro partidos y multado por golpear a un hincha que lo increpaba en Puerto Montt. Ahí quedó en evidencia la mala seguridad del torneo, donde la gente está encima y los pocos guardias no pueden (o no quieren) enfrentar los disturbios. De la seguridad, son responsables los dueños de casa.

En la etapa regular también, Valdivia fue suspendido para jugar un partido sin público, por insultos racistas a un jugador de Universidad Católica, según consignó el juez. Según el CDV, todo fue por una provocación grosera del entrenador cruzado Miguel Ureta. Hace no mucho, de hecho, en un amistoso entre los valdivianos y Las Ánimas, el técnico Manuel Córdoba agredió a un árbitro y suspendieron el encuentro.

“Hay que educar a la gente para que alienten y no se preocupen de los rivales ni del árbitro. En la medida que se entienda, tendremos mejores comportamientos”, concluye Bittner. Por su parte, Arturo Viveros, presidente de Ancud, no quiso referirse al tema. Sandoval, Carrasco y Juan Manuel Bravo, presidente de la LNB, no contestaron las llamadas de este medio.

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